José Clopatofsky
José Clopatofsky

El Boxeo Vial en Colombia

El director de Revista Motor se refiere a las condiciones que viven los automovilistas en el país, tanto en mal comportamiento como en facilidades.

04:48 p.m. 17 de octubre del 2017

Para ninguno de nosotros debió ser una sorpresa leer el informe que hace tres semanas publicamos en nuestra sección de Vehículos: Bogotá es una de las peores ciudades del mundo para manejar (puesto número 8 mundial) y la segunda en agresividad cuando se tiene el timón en las manos. O los manubrios. La intolerancia y la agresividad forman parte de la conducta del automovilista en las calles. Solamente son más “salvajes” en San Petersburgo (Rusia), campeona del boxeo rutero.

En cuanto a facilidades para los automovilistas, estamos por detrás de Ho Chi Minh (Vietnam), Bangalore (India), Bombay (India), Ulán Bator (Mongolia), Lagos (Nigeria), Karachi (Pakistán) y Calcuta (India), esta última catalogada como la peor, que ya pasa a ser un infierno, al cual nos acercamos. Gracias al alcalde y antecesores.

Un gran culpable de esta actitud, que es tal vez lo más preocupante del estudio, es nuestra pírrica calificación en la calidad de las vías. Bogotá ocupó el puesto número 20 entre las 50 peores del mundo. Son pistas de rallyes internacionales Bucarest, Ulán Bator, San Petersburgo, Moscú y Sofía. Pero ya nos acercamos a ser candidatos para una etapa interna del Dakar y otra fuera de serie si se toma la salida norte de la capital. Como referencia, entre las primeras cinco mejores están Mánchester, seguida por tres ciudades francesas, Marsella, Niza, París y luego Helsinki.

Estas son algunas de las conclusiones de un sesudo estudio que hizo el sitio de Internet alemán kfzteile24, que examinó los niveles de congestión, las opciones de transporte público, el costo promedio de los parqueaderos, el precio de los combustibles, las velocidades promedio, los niveles de contaminación atmosférica, los siniestros de tránsito y sus víctimas (muertos y heridos), la calidad de las vías y la percepción de rabia o furia. No se tuvieron en cuenta los retrasos en el tráfico o la congestión causados por los trabajos de construcción de obras. En Bogotá, por ese concepto, hay pocos elementos que influyan en esto último, pues grandes obras no hay. Ni medianas. Apenas trabajos y analgésicos tapahuecos.

Para determinar el escalafón de 50 mejores y 50 peores ciudades para conducir, kfzteile24 examinó en principio las 500 ciudades del mundo con el mayor número de vehículos matriculados. Luego, con base en los datos de tráfico disponibles el listado se redujo a 100. Obviamente, ahí estamos.

En niveles de congestión (trancones), Róterdam, Holanda, es la ciudad con menos atascos, seguida por Berna (Suiza) y Calgary (Canadá). Las peores son Calcuta y Bombay, en India. Les sigue Ciudad de México. En este ítem, Bogotá está en el puesto 13 entre las 50 peores.

En accidentalidad, las primeras cinco con mayor número de víctimas de siniestros de tránsito son Bangkok, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Ciudad Ho Chi Minh y Kuala Lumpur. Bogotá está en el lugar 46. Las de menos muertes y heridos son, en su orden, tres ciudades suizas: Berna, Ginebra y Basilea, seguidas por Estocolmo y Edimburgo.

Thomas Kloubert, CMO de kfzteile24, espera que “el estudio actúe como un catalizador para que las ciudades en el extremo negativo del ranking inviertan en carreteras más seguras, limpias y eficientes y consideren cómo los métodos adoptados por las ciudades de mayor puntuación pueden ser utilizados en sus propias situaciones”.

Eso quisiéramos todos los bogotanos, pero la insensibilidad de esta administración por los vehículos con más de dos ruedas es patética y ofensiva y la planeación que debería existir como hoja de ruta de la ciudad no se conoce. Porque maquetas y ruedas de prensa son temas fáciles de soltar y formas de salir en los medios como salvadores y futurólogos de una capital cuyo atraso es penoso. Eso es lo que hay.

Sin metro, servicio que data de décadas y hasta de siglos en muchas ciudades, con un TransMilenio rebosado e inseguro, donde la agresividad peatonal es peor en las calles que al volante, el SITP hecho una colcha de retazos de buses viejos y quebrado financieramente, las mismas ciclorrutas en mal estado y peligrosas, en carriles robados sin técnica ni consideraciones con los automóviles y el servicio público, es tan normal como indeseable que la agresividad sea parte de la conducta.

No necesariamente para atacar porque sí al vecino de la vía, sino como actitud defensiva y preventiva obligatoria ante las eventuales contingencias que se van presentando en cada soltada de clutch. Y no es que los bogotanos no queramos ser mejores y portarnos de una manera más amable. La prueba es que los programas cívicos –que deberían dictarse desde las escuelas y no en las calles como último recurso– dan resultados, como ha pasado con las cebras y la invasión de cruces que, de alguna forma, ya son un pecado sobre el cual hay conciencia y que suele evitarse.

Desafortunadamente, el escenario físico de esta convivencia pasa de un momento a otro a ser un ring, porque la misma infraestructura lo dispara. El desespero en los trancones, la rabia que da al sumergir el automóvil en un hueco, el serpenteo de las motos sin ningún control porque su licencia de conducción es de categoría acrobática, los ciclistas que se lanzan a las vías de los carros como torpedos filodirigidos por un par de audífonos que los aíslan del mundo, hacen que toque manejar con visión 360 grados y a la defensiva. Condición que, muchos saben, suele jugar al revés, como pasa en el deporte donde es un axioma ganador predicar que la mejor defensa es el ataque.

Los automóviles son un accesorio importante de la vida moderna, por lo que muchos los usan para ir de A a B. Sin embargo, la mala planificación urbana o la falta de educación civil pueden conducir a la experiencia más estresante del día de alguien”, dijo Kloubert.

Yo diría que, aunque eso le cause rasquiña y alergia permanentes a este alcalde, cuya dinámica vista en otros frentes podría ser decisiva para plantear una nueva ciudad para todo tipo de vehículos, el automóvil es mucho más que un accesorio cuando las alternativas de movilidad están colapsadas y también metidas en un oscuro túnel sin mucho futuro.

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