José Clopatofsky
José Clopatofsky

´Papamóvil`, un nombre indigno

"El Papa Juan Pablo II consideró, con toda la razón y la fuerza de la palabra pontifical, “indigna” esa definición y descripción de este vehículo".

11:58 a.m. 22 de agosto del 2017

En un par de semanas, estaremos en pleno furor papal con la visita de Francisco. Es un excelente momento y un oxígeno invaluable para el repertorio de este país, cuyo capital noticioso está dolorosamente circunscrito a los destapes de la corrupción generalizada y expandida en todos los niveles donde es posible robar al Estado, o bien en la compraventa de las decisiones de la justicia desde sus cada vez más desprestigiadas cúpulas.

Curioseando alrededor de los enemil pormenores que rodean la llegada y permanencia del sumo pontífice, así como también las abundantes exageraciones que se oyen en los cálculos de algunas autoridades, como que llegarán ¡3 millones! de personas a la misa campal (6 veces Pereira), es obvio detenernos en el tema del papamóvil.

Palabra que utilizo por última vez, pues en el 2002, el Papa Juan Pablo II consideró, con toda la razón y la fuerza de la palabra pontifical, “indigna” esa definición y descripción del vehículo en el cual se desplace en cualquier lugar del mundo. Y ahora peor, pues parece el nombre de un celular o de las compañías afines.

Los vehículos papales han sido muchos y rotatorias las marcas que surten al Vaticano y también las que suplen los que se acondicionan en los países que visita.

En Colombia, los papas han usado básicamente dos marcas. Pablo VI, en 1968, se movilizó en un Lincoln que fue traído para la ocasión. Era un automóvil modificado por la firma Lehmann-Peterson, que se estrenó en la visita a Nueva York en 1965 y tuvo una segunda aparición en Bogotá.

Juan Pablo II vino en 1986 y estuvo 7 días durante los cuales hizo un largo periplo por varias ciudades. Para los movimientos en Bogotá y otras partes se le vio en una flotilla de Land Rover Santana que fueron modificados y adaptados localmente por nuestro Ejército, pero en las imágenes de su llegada a Armero se le ve en una camioneta Chevrolet.0

Francisco prefiere la modestia, aunque en la plaza de San Pedro se le ve en un Mercedes que tiene pocas restricciones, pues al Papa le gusta bajarse, saludar y hasta subir gente a su trono rodante, como sucedió cuando reconoció a un compatriota en su recorrido dominical.

La genial simpleza de Francisco se traslada al vehículo oficial en el cual se mueve en Roma. Es apenas un Ford Focus que ni siquiera tiene la placa pontificia SCV 1 (Status Civitatis Vaticanae), sino la SCV 00919, que ya es una nomenclatura genérica en la flotilla vaticana. Las ostentosas limusinas están archivadas.

Vehículos papales internacionales los ha habido de todas las marcas, tamaños y con diversos niveles de seguridad. Cada país suele suplirlos y generalmente las empresas automotrices de cada país los preparan y donan –como pasa en este momento con las tres camionetas Traverse que Colmotores está acondicionando–, aunque también han tenido que hacer colectas (Filipinas 1995) y aprobar extravagancias como el logotipo del equipo de fútbol San Lorenzo que pusieron en la pick-up DMax (segunda figuración de GM en ese país), en la cual se vio a Francisco en Guayaquil, además de dos escaleras eléctricas, aire acondicionado y hasta dispensador de bebidas.

También es citable la visita de Juan Pablo II a la fábrica de Ferrari en Maranello, Italia, en 1988, cuyas instalaciones recorrió en un Mondial convertible, quizás la nave papal más veloz y fugaz de la historia. Y la única roja.

Curiosamente, aunque el automóvil tiene mucho más de un siglo de existencia, este no hizo su ingreso a la plaza de San Pedro sino en ¡1978! y prácticamente lo estrenó Juan Pablo II luego de que Juan Pablo I, quien reinó solo durante 34 días, hiciera sus pocas salidas entre los fieles en la famosa silla gestatoria, que era cargada en los hombros de los 12 sediarios pontificios.

El primer vehículo se estrenó en 1979 y fue adaptado en Irlanda sobre un chasís Ford de la Serie D y desde entonces al “papa viajero” se le ha visto siempre sobre ruedas y en algunos momentos con mucha protección luego del atentado que sufrió Juan Pablo II en 1981.

La flota colombiana para esta oportunidad incluye todos los requisitos técnicos y de seguridad que pide el Vaticano, pero no tendrá blindajes ni protecciones exageradas. La silla gestatoria es una cómoda poltrona que gira 360 grados para que el pontífice pueda saludar sin restricciones, y seguramente pasará a los museos de la historia de la paz que nos va a predicar.

De paso, dos tareas finales. Buscarles un nombre DIGNO a estos vehículos y averiguar el destino de los Land Rover Santana.

FRASE
“El Papa Juan Pablo II consideró, con toda la razón y la fuerza de la palabra pontifical, “indigna” esa definición y descripción del vehículo en el cual se desplace en cualquier lugar del mundo. Y ahora peor, pues parece el nombre de un celular o de las compañías afines”.

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