José Clopatofsky
José Clopatofsky

La pesadilla del Alto de Patios

“Es claro que esa carretera no da abasto y que las vías que la desatasquen no están en la mira del IDU, salvo para declaraciones oportunistas".

03:40 p.m. 20 de febrero del 2018

La dolorosa cuota de accidentes fatales que arrojan las estadísticas de la carretera de subida a Patios es un punto que requiere acciones inmediatas y contundentes de parte de las autoridades, más allá de declaraciones y preocupaciones que son obvias en estos escenarios y que se quedan en pura carreta de prensa.

Para quienes residen fuera de Bogotá, vale explicar que esta carretera hasta el Alto de Patios nace en plena carrera Séptima, antigua troncal de la capital a la altura de la calle 85, es decir, en una zona residencial, pero conduce en primera instancia al vecino municipio de La Calera y luego hacia la región de Sopó, una zona que se ha poblado de manera intensa y genera hoy un tráfico similar al de las vías de la ciudad. Desde la zona del valle de Sopó se desprende el importante ramal hacia Guasca y es la ruta de acceso a la región del Guavio, la represa de Chingaza, Gachetá y desemboca en los llanos a la altura de Medina, a 75 kilómetros de Villavicencio. Es la verdadera alterna de la incierta carretera principal entre Bogotá y Villavicencio.

Todo ese tráfico hay que colarlo por los estrechos 6,8 kilómetros del ascenso a Patios, que –además de suplir esas necesidades arteriales citadas– es un escenario altamente concurrido por los ciclistas recreativos que cada día, y masivamente los domingos, van a calibrar piernas con este pedazo de los Andes.

La confluencia de todas estas actividades del transporte automotor particular, camiones (La Calera tiene un gran movimiento minero y cementero), taxis, motos, cantidad de busetas de diversos tamaños que hacen el transporte intermunicipal, que ya tiene sabor y necesidad urbana, pues requiere paradas cada 200 metros, y la consiguiente frenada de la lenta cadena de vehículos, subiendo y bajando, es un tapón permanente en medio del cual se desarrolla el paso de los ciclistas. Además, toda la población en cualquier número de ruedas debe sortear la concurrencia a los miradores, que más allá de ofrecer la sesión de contemplación de las luces titilantes de Bogotá, se han oficializado como lugares de rumba y de alta congestión, pues el estacionamiento se toma lo que queda de la carretera.

Todo es caótico. Pero más que eso, altamente peligroso, especialmente en el carril de regreso y de empinada bajada, porque para los ciclistas es un espacio de supuesta alta velocidad y para los automotores todo lo contrario, pues el tráfico los para cada veinte metros y los desaceleradores –que son más peligrosos para los ciclistas– generan un recalentamiento importante de los frenos de los vehículos, que pueden fallar y originar fatales atropellos como el de hace dos semanas. Una pesadilla.

Las comunidades de cada actividad piden las debidas garantías, que son difíciles de conciliar debido a los intereses de cada una. Derecho al deporte, necesidad de transporte, irrespeto de las zonas, abuso de los espacios, inexperiencia de los usuarios son algunos de los tópicos que hay que organizar de manera definitiva ante una población de usuarios creciente y de exponencial peligro.

Es claro que esa carretera no da abasto y que las vías que la desatasquen no están en la mira del IDU, salvo para declaraciones oportunistas. La idea de un túnel que supla este tapón se oye hace muchos años, pero hoy sigue siendo una utopía, pues nada se ha avanzado ni está en los planes de movilidad (?) que a esta administración ni a las precedentes les hayamos oído. Además, así haya un túnel o camino alterno, las necesidades de la subida a Patios y su continuación seguirán latentes, porque el tráfico puntual de la zona no va a bajar. Al contrario.

Probablemente, una solución extrema por ahora sería darles los domingos un par de horas estrictas a los ciclistas, como pasa en las ciclovías de Bogotá, para que puedan hacer su ejercicio y recreación. Así los automotores sabrán cómo planear su desplazamiento y los deportistas estarán en una ruta segura en un horario fijo que luego pueden complementar con la amplia red de pavimento que la capital les pone a su disposición. Además, cerrar con conos o separadores plásticos de manera permanente el carril de descenso para que tengan un regreso a velocidad moderada y una zona demarcada y controlada.

Pero estas y muchas más que deben rodar, son ideas totalmente transitorias, porque las necesidades de esa carretera requieren soluciones de fondo, que podrían surgir más aceleradamente dada la conocida devoción de esta alcaldía por el ciclismo.

Túnel, ruta alterna por El Codito (pero bien hecha y segura), ampliación, carriles bien marcados, normas de conducta estrictas y vigiladas por la policía (¿cuántos ciclistas bajan disparados sin casco, muchos en bicicletas técnicamente peligrosas e inseguras?); en fin, lo que sea viable y sensato se debe implementar ya mismo, porque esta vía no puede seguir siendo tratada como un patio secundario para la ciudad, el vecindario municipal y todos sus habitantes.

FRASE
“Es claro que esa carretera no da abasto y que las vías que la desatasquen no están en la mira del IDU, salvo para declaraciones oportunistas. La idea de un túnel que supla este tapón se oye hace muchos años, pero hoy sigue siendo una utopía, pues nada se ha avanzado ni está en los planes de movilidad (?) que a esta administración ni a las precedentes les hayamos oído”.

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