José Clopatofsky
José Clopatofsky

La realidad de las cifras

Ojalá ese empuje y ese apetito del sector automotor no declinen en medio de tantos derrames de crudo. En precio y en líquido.

04:52 p.m. 16 de junio del 2015

Para el sector del automóvil, las cifras de sus perspectivas anuales comienzan a tomar reales dimensiones luego de que pasaron unos meses lubricados con algunos factores que no dejaron ver de manera brusca los efectos de la enorme devaluación del peso, la pereza de la economía, la desaceleración industrial y factores que en otras áreas han marcado ya índices negativos irrefutables.

Las ventas de vehículos van en caída importante. En los dos últimos meses, la cifra de unidades vendidas bajó un 16 por ciento y la proyección muy optimista es la de un resultado final cercano a 300.000 unidades (contra 326.000 del año pasado), pero las cuentas más realistas de muchos de los actores del sector apuntan a que cerrarán con unas 285.000 ventas. No es nada mal dentro del marco de elementos que están rodeando los negocios. Pero no es agradable para quien está en el tema saber que la torta se achica y que para sostenerla comienzan a agrietarse las fuentes de ingreso al tener que recortar márgenes, facilitar el crédito, estirar las promociones y pelear contra un menor ingreso de sus clientes.

Porque ya llegó el momento en el que se acabaron las gabelas que muchos usaron para mantener los precios de los vehículos sin darles el golpe directo de la devaluación del peso que ronda en la cifra del 30 por ciento y que pega directamente en los autos, pues unos son importados directamente y otros dependen en un altísimo porcentaje de piezas extranjeras. Ambos se pagan en dólares, que ahora cuestan 800 pesos adicionales cada uno. Una “brutalidad”, como lo describía Roberto Steiner en una acertada e interesantísima exposición sobre la situación económica del país que hizo durante el exitoso seminario “Mobil 1” que se hizo hace una semana en Bogotá.

El remate del año pasado se suavizó con el empuje que dio el Salón del Automóvil, cuyos resultados de ventas estuvieron muy ayudados por las compras adelantadas que hizo mucha gente a sabiendas de que los precios deberían subir. Luego, el rezago de esos pedidos, los inventarios y el tanque financiero de muchas marcas permitieron que las matrículas caminaran decentemente en enero (+5,6 por ciento) y en marzo (+2,5 por ciento con respecto al 2014). Pero los otros meses han sido a la baja y los dos últimos ya en una tendencia muy alta, del 16 por ciento. Y junio no promete enmiendas con ese ciclo negativo vigente y tres puentes que mueven a la gente más hacia los destinos turísticos que hacia las vitrinas de los concesionarios.

Todo gira alrededor del precio del petróleo que descuadró las cuentas del país y que no parece tener una recuperación a la vista. Eso descalibra también el valor del peso y mientras no lleguen otros productos de exportación a suplir ese desfase de los crudos y la minería, pues la economía patina y no hay indicios de que el dólar baje. Que es la pregunta que todos hicimos y nadie contesta en público, pero en el corredor confirman: al país le conviene esa tasa de cambio porque genera exportaciones sustitutivas del petróleo. Pero no le sirve al bolsillo del consumidor, así la inflación de los precios internos de la canasta familiar sea muy baja con respecto a la depreciación de la moneda.

O sea, estamos ya en la realidad, y si alguien está pensando en comprar carro, pues hay que aprovechar los últimos momentos en los cuales todavía el cinturón de los precios está apretado, pero ya los vendedores no aguantarán más y las listas van a seguir subiendo. Para estar a tono con la realidad y para compensar todo el esfuerzo financiero hecho en el primer semestre.

Esta es una industria cíclica y quienes actúan en su parte financiera saben bien que los años buenos también son para hacer colchón, ya que las crisis llegan y también generan repuntes.

Se han bajado las ventas en el mundo entero, menos en Asia. Pero cuando Rusia quiebra, en muchos países europeos de reputada prosperidad los automóviles no se venden al ritmo usual, cuando hace pocos años la industria de los Estados Unidos colapsó, ahora que Brasil pasa trabajos y Chile va a la baja, es difícil aislarnos de una dinámica negativa y debemos prepararnos para un “año duro”, como lo califican quienes están en el ejercicio diario de pasarle carros a la gente.

Claro que esa frase la he oído siempre durante más de 30 años en este pupitre, y aun cuando les está yendo divinamente, siguen diciendo que la cosa “está muy complicada”, porque siempre quieren más. Ojalá ese empuje y ese apetito no declinen en un momento en el cual su persistencia e ingenio son claves para sostener al sector automotor en medio de tantos derrames de crudo. En precio y en líquido.

Noticias recomendadas

Más noticias

Zona Comercial
report_error_form_error
Reporte enviado

¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.