José Clopatofsky
José Clopatofsky

Respetuosos y cívicos, pero no pendejos

“El ofrecido premio de la tarifa a los taxis no se puede leer sin pensar que se trata de un alza concertada y camuflada con el gremio amarillo".

12:49 p.m. 09 de agosto del 2016

La cúpula de movilidad de Bogotá que llegó con la actual administración, adornada con muchos boceles académicos -y válidos- decepciona al anunciar medidas que, francamente, no tienen sustento técnico, no generan ninguna mejora en la velocidad de las calles y van en contravía del sentido común, del buen actuar de los ciudadanos y del equilibrio entre deberes y derechos que todos debemos mantener para la correcta convivencia.

Por ejemplo, su famoso plan del cobro por congestión es una inversión de los valores al permitir que quien tenga una plata pague por hacer lo que a otras personas se les prohíbe, como el uso de las calles durante las 24 horas de los 365 días del año, por el cual les cobran el impuesto de rodamiento. En aras de la limpieza ambiental y de desatorar temporalmente las calles, para las cuales no hay ningún plan de mejoras, miles de personas respetan el pico y placa, acatando como un deber ciudadano el abstenerse de ejercer un derecho adquirido. Ahora resulta que ese deber se irrespeta al poder comprar el derecho de contaminar y congestionar, por el simple principio de lograr un recaudo de impuestos y desvirtuando la razón de ser de la restricción. ¿Es esa una política de movilidad?

Ahora, con el cuento de que pronto los usuarios debemos pagarles una prima de 500 pesos en cada recorrido a los taxistas para premiarlos porque se han portado mejor en las vías y han bajado su accidentalidad, quieren hacernos creer que aceptamos cuanta idea se les ocurre sin pensar que ese bono o responsabilidad debe ofrecerlo el Gobierno, y que también un premio por el buen comportamiento debe corresponderle a cualquier persona que no tenga incidentes ni multas para generar un equilibrio correcto de incentivos. Los puntos de las licencias, que no se han implementado, son un ejemplo de cómo funciona ese tema en esa doble vía en muchos países del mundo.

Es fácil hacer funcionar esto de otra manera: taxi blanco o amarillo o particular que al cabo del año de uso del carro no registre colisiones en las cuales sea culpable, ni multas por infracciones, deducen de su impuesto de rodamiento una suma como premio.

Porque eso que propone la ingenua Secretaría está totalmente descalzo, sin pies en el problema ni cabeza en las soluciones. Dicen que si baja un 20 por ciento la accidentalidad de los taxis cobran 500 pesos más por cada recorrido. ¿Cuál es la base estadística y comprobada de la cantidad de accidentes de tránsito con taxis involucrados? Claro, van a decir que los reportes de la policía y que por la tipología del carro son cuantificables. Pero lo clave sería que esas cuentas se hagan sobre los percances en los cuales el taxi es declarado culpable, que es la real responsabilidad que se quiere recalcar. Muchos accidentes no son culpa de ellos.

Acaba el Gobierno de hacer un blandengue acuerdo con los camioneros cuya letra menuda no se conoce bien, pero en el cual es claro que el gremio de esos transportadores cedió poco y el Gobierno ganó menos de lo que la institucionalidad reclama, precisamente agobiado por sus propias deficiencias y por ser plataforma para que se den muchos chanchullos y componendas. Mal podía el Ministerio de Transporte ir a pedir transparencia cuando muchas de sus dependencias están oxidadas por la corrupción con cupos, matrículas y los trucos aledaños de los cuales tanto se habló, pero poco se concertó más allá de los hipotéticos correctivos de siempre.

La presión y el poder de intimidación de estos gremios del transporte son muy superiores a las fuerzas del Gobierno, al cuento de la policía, que siempre dice que van a retirar los camiones que bloquean las vías cuando no tiene sino unas poquísimas grúas capaces de levantar una tractomula cargada, estacionadas a mil kilómetros de distancia. Les retienen pases y cancelan licencias de operación a conductores y empresas, cuya devolución inmediata e impune es la primera condición para el arreglo, por lo cual las sanciones por los abusos son un mal honor a la bandera.

Por lo tanto, el cuento del premio a la tarifa de los taxis no se puede leer sin pensar que se trata de un alza de precios concertada y camuflada con el gremio amarillo, que las autoridades quieren hacernos ver con una óptica que no tiene ningún derecho a imponerse. Ya sabemos que acá las cosas se manejan a punta de ‘uldaricazos’ y ‘aguilarazos’. Digan de una lo que les concedieron y no nos echen cuentos, porque los ciudadanos somos tolerantes, cívicos y respetuosos, pero no pendejos. Si la tarifa debe subir, pues que suba lo justo, pero no con estas historias.

FRASE
“El ofrecido premio de la tarifa a los taxis no se puede leer sin pensar que se trata de un alza de precios concertada y camuflada con el gremio amarillo, que las autoridades quieren hacernos ver con una óptica que no tiene ningún derecho a imponerse. Ya sabemos que acá las cosas se manejan a punta de ‘uldaricazos’ y ‘aguilarazos’. Digan de una lo que les concedieron y no nos echen cuentos, porque los ciudadanos somos tolerantes, respetuosos, pero no pendejos”.

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