José Clopatofsky
José Clopatofsky

Semáforos en amarillo

"La Secretaría de Movilidad y la Empresa de Telecomunicaciones deberían haber reanudado la licitación para comprar sistema de semáforos inteligentes"

02:00 p.m. 14 de noviembre del 2017

El pasado 31 de octubre, la Secretaría de Movilidad de Bogotá y la Empresa de Telecomunicaciones de la capital deberían haber reanudado el proceso de licitación para la compra del sistema de semáforos inteligentes, en cuya planificación, estudios y estructuración ya se pagaron, en números redondos, 5.500 millones de pesos, en el 2016. Ninguna bicoca. Este paso administrativo y económico se conoce en los documentos oficiales con el nombre de SSI, Sistema de Semáforos Inteligente.

En el curso de este año que se apaga para darles paso a las luces y los trancones de la Navidad, la Procuraduría General de este país fue informada “verbalmente” por la Secretaría de Movilidad de que un nuevo contrato repartiría las tareas en el marco de lo que llaman convenio interadministrativo, en el cual la ETB y la Universidad Distrital Francisco José de Caldas se encargan de suministrar el servicio pertinente de comunicaciones, y la Secretaría haría el desarrollo e implementación en las vías del SSI.

Todo lindo, salvo por varias cositas. Una, que el asunto lleva casi 8 años de atraso, generado desde las administraciones de Samuel Moreno y luego la de Gustavo Petro, en medio de la cual se incrustó también el fracasado proyecto de los bombillos ledes, al parecer mal comprados pero, obviamente, muy bien pagados en el momento de plena actividad de los carruseles que ordeñaron las arcas de la ciudad.

Otra, que esta licitación de los semáforos está en un proceso de selección final que se debe cerrar el próximo 17 de este mes, es decir, pasado mañana, y muy puntualmente a las 10 a. m. Sin embargo, la Procuraduría General le había advertido el 6 de octubre pasado, en comunicación estricta y escrita al secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, que ese proceso estaba viciado por una larga lista de inconsistencias, pasos saltados, falta de claridad en los términos y procesos, y preventivamente sugirió (esa es la palabra técnicamente válida en derecho, pero en la práctica es una orden) la revocatoria del proceso. Palabra que le debe sonar mucho a la presente administración de Bogotá.

La respuesta de la Secretaría fue del tono y talante que se les ha oído a tantos funcionarios, y más cuando de ejercer la ‘autofobia’ se trata. Contestó en un comunicado que seguía adelante con su cronograma y rechazó la sugerencia de revocatoria.

Por supuesto, semejante desacato duró pocas horas al aire y la misma entidad tuvo que echarse para atrás, tragarse su arrogancia y suspender temporalmente el proceso para enmendarle todas sus fallas. De momento técnicas, pues no ha habido, ni se sabe, ni se cree que, con tantas luces encima, vaya a resultar también contaminado en la parte financiera.

Larga y aburrida historia. Pero más larga y aburrida y desesperante es la demora que una ciudad como Bogotá ha tenido que asumir al estar controlada por arcaicos sistemas de vigilancia de intersecciones –son 1.387–, cuya modernización e inteligencia nos costará nada menos que ¡235.000 millones de pesos! para tener semáforos que ojalá parpadeen algún día, no se apaguen en el primer aguacero, estén interconectados con centrales de vigilancia y de planeación de la fluidez en las vías y sean de última generación. Como, por ejemplo, los que tiene Montería en sus calles, que ofrecen los servicios más modernos y coordinados para los vehículos y los peatones.

Lo que es una realidad en esa ciudad pequeña, en la monumental capital sigue siendo una carrera de obstáculos que ya ajusta años y años, anuncios y más anuncios, estudios sobre estudios, asesorías para los asesores y hasta cláusulas poco explicables. Por ejemplo, el ganador de la licitación –tal como hoy está planteada– debe comprarle a Bogotá todos los semáforos viejos y seguramente chatarrizarlos. En su gran mayoría son Siemens y probablemente la única empresa que pueda enhuesarse con esas veteranas luminarias es esta misma, pero claramente esta condición encarece el contrato, pues esa platica de la supuesta retoma en alguna parte volverá a figurar para cuadrar las cuentas.

Pobre Bogotá. Y toda la ciudad, porque este atraso que viene desde mediados del siglo pasado no solamente perjudica a los automovilistas y al transporte particular. Afecta también a los protegidos Transmilenios, a las bicicletas, que son el ¡futuro! de nuestra movilidad, sin importar el invierno, el clima hostil, la inseguridad o las enormes distancias entre los destinos. A los peatones que deben cruzar las vías. A las personas con discapacidad que no tienen ayudas auditivas para poder cambiar de andén. En fin, a todos nos perjudica.

Está la plata. Está sobrediagnosticado el tema. Están las advertencias. Ojalá salgan rápido esos correctivos y las luces de la movilidad pasen de amarillo a verde con prontitud, y la transparencia que la Procuraduría les ha exigido a los funcionarios responsables se instale para solucionar los cientos de ‘peros’ que aparecieron en los pliegos y puedan avanzar con el trabajo. Porque si siguen en este peloteo y la confrontación, inexorablemente se prenderá de nuevo el bombillo rojo para la pésima movilidad de la capital, para la cual las entidades encargadas de la fluidez de las vías son un freno de mano adicional.

FRASE
“Está la plata. Está sobrediagnosticado el tema. Están las advertencias. Ojalá salgan rápido esos correctivos y las luces de la movilidad pasen de amarillo a verde con prontitud, y la transparencia que la Procuraduría les ha exigido a los funcionarios responsables se instale para solucionar los cientos de ‘peros’ que aparecieron en los pliegos y puedan avanzar con el trabajo”.

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