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Las obras mal hechas, otra forma de corrupción

Por: JOSÉ CLOPATOFSKY DIRECTOR REVISTA MOTOR | 12:40 p.m. | 06 de Febrero del 2012

Nuevo Clopa
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Bogotá es un espejo gigante de muchas de las epidemias administrativas que aquejan a tantas ciudades y departamentos en materia de obras públicas.

Cuanto pasa en la capital, en otras escalas y en proporciones mediáticas diferentes, sucede en otras partes. Además de que se esfuman las platas en anticipos y renegociaciones en el curso de los trabajos que acaban costando millonadas adicionales -si es
que los terminan- en una abrumadora mayoría de los casos ejecutan todo a las patadas y con la peor calidad.

No de otra manera se explica que las obras duran pocos meses, cuando no quedan mal desde el primer día y se reciben con una benevolencia inexplicable por parte de los interventores. De esta forma, un trabajo se paga cíclicamente cada determinado tiempo
pues el deterioro de la obra es inmediato por sus malas especificaciones de diseño en algunos casos, por ejecución con malos materiales y mano de obra de quinta categoría o por la negligencia de los controles, todo por cuenta del contribuyente.

Hay casos que son escandalosos como el de las losas del Transmilenio de la Autopista Norte, cuyos diseñadores se inventaron el fracasado sistema del relleno fluido, y desde antes de que arrancara el servicio ya la avenida estaba dañada. Años después de este escandoloso negocio y trabajo, la ciudad sigue
pagando los remiendos y -lo que es más inexplicable- repitiendo y repitiendo los arreglos porque no hay una corrección de los problemas sino una remendadera de losas sin fin. No recuerdo ya cuánto se perdió en el también desacertado negocio del alcalde
Mockus con un consorcio mexicano al cual le entregó todas las obras de la ciudad que no se vieron y sí se evaporaron millonadas de pesos.

No hay trazos, ni siquiera en el caso de la autopista de Bogotá, que alguna vez se haya exigido una garantía y una responsabilidad al constructor y se haya enjuiciado a quien hace los diseños incorrectos de pisos, cargas y pavimentos. Por ejemplo, no hace
mucho dizque repararon la salida de la paralela de la Autopista Norte a la NQS, desde el primer día quedó mal, con desniveles, y tuvieron que repetir parte del trabajo y hoy ya está como un camino de herradura.

El puente que conecta la calle 92 con la NQS hacia el occidente, que frecuento a diario, está literalmente partido en dos. Se ve la vía inferior por la grieta que lo cruza y cada día crece. Lectores de
EL TIEMPO y MOTOR lo han denunciado sin que semejante peligro amerite siquiera una respuesta del IDU, el fallido instituto en cuya burocracia y desgreño se ha evaporado el mantenimiento de la ciudad, amén de la plata que por chorros y en alegres carruseles
se han feriado los contratistas y sus cómplices del gobierno.

¿No será el momento de que en cada obra se publique en vallas visibles el nombre del constructor, la garantía de su tarea -si es que está obligado a darla como suena elemental- para que se les puedan exigir cumpliento y duración a los trabajos. Porque ahora,
en muchos contratos, pasan una máquina, pintan de negro la vía y hasta luego.

¿Qué tal los huecos de la carrera Séptima en la zona de Usaquén que se reprodujeron de manera escandalosa en pocos días exactamente en los sitios donde habían hecho un burdo reparcheo? Ya es hora de que alguien responda por todos esos
contratos mal ejecutados porque pagando la misma obra cada dos años nunca vamos a llegar a una ciudad y un país decentes y justos en materia vial.

Al IDU se le debe exigir que cumpla su misión con ética y calidad y deje de ser un banco de favores y contratos; y ahora que su directora es una periodista, que al menos hable y le ponga la cara
al resto de la destruida ciudad, que es mucho más que los vergonzosos corredores del Transmilenio, tema al cual están dedicados con melancólicos resultados como si en el resto de calles no vivieran también los bogotanos.

FRASE:

EL IDU está dedicado al tema de Transmilenio y sus fallidos
corredores como si en el resto de las destruidas calles no vivieran
también los bogotanos.

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