Chevrolet lanzará en el Salón de Bogotá esta camioneta que evoca a las suburvan de 1949. Con pinta retro bien lograda, tiene una vocación familiar con su enorme baúl, full equipo y motor 2.4 litros.
Anda 31 kilómetros por galón y su precio de 53 millones que también es un gol.
Si se trata de tener un vehículo diferente y exclusivo, no hay una opción distinta a la que va a proponer Chevrolet a partir del Salón del Automóvil de Bogotá.
Hecha sobre las líneas de las minivans de los años 50 del siglo pasado, concretamente a imagen de una panel Suburban de 1949, la HHR logra una estupenda restauración de la estampa de esos aparatos y por esa evocación de tiempos idos, la clientela que tuvo
una conexión con éstos, la reclama de manera entusiasta a una rata de 100 mil unidades en Estados Unidos y sus vecindarios.
Con la HHR, Colmotores trata de despertar similares nostalgias
entre nosotros, pero con toda seguridad la curiosa figura de esta camioneta va a interesar a otra clientela vulnerable a la originalidad de sus líneas que no tienen copia en otras marcas localmente.
Solo en el mundo, la PT Cruiser de Chrysler se mueve en esta onda.
Colmotores tuvo la HHR en la pasarela bogotana de 2006, pero nunca progresó en su comercialización debido al precio, ya que en ese entonces provenía de Estados Unidos. Ahora, hecha en la planta de Ramos Arizpe, en México, se descargó de la tasa arancelaria y aterriza, no solamente con precio correcto sino, además, sumamente atractivo con relación a su tamaño, motor y equipo.
Las fotos nos evitan recorrerlos con prosa por la carrocería de la HHR que habla sola. El capot elevado sobre los guardafangos, la parte trasera en forma de cajón y stops pequeños. De no ser por los bómpers plásticos y de corte actual, la HHR pasaría perfectamente por un carro de su época retocado extensamente por un laboratorio de 'tuning' avanzado, a juzgar por el brillo agresivo de sus rines cromados.
A bordo de la camioneta, las remembranzas para quienes tuvimos la oportunidad de aprender los rudimentos del volante en carrocerías de esas épocas, son inmediatas. Los vidrios muy pequeños y altos, el parabrisas chico, la visibilidad casi nula hacia atrás si no se usan los espejos externos y limitada en las otras
esquinas, el tablero de instrumentos básico y ubicado en una visual totalmente diferente a la que ahora se estila y un timón enorme colocado de manera casi perpendicular con el puesto de mando, nos ponen en otro ambiente. De no ser porque se encienden los bombillos de airbags, de ABS, o del superfluo control de tracción que delatan la electrónica del siglo XXI, en el tablero del HHR solo falta un viejo amperímetro para sentirse en la era de los seis voltios.
El espacio interior es superior pues las formas cúbicas de la cabina tienen un dividendo muy generoso para cuatro adultos a sus anchas, esta vez sí con sus respectivas maletas sin restricciones ya que el baúl es igualmente generoso y funcional pues es un cajón simétrico de gran volumen en todas las cotas, seccionable en compartimentos.
La dotación de accesorios es bien completa: espejos con mando
eléctrico abatibles, aire de comando manual, correcto sistema de
sonido con 4 parlantes, 2 tweeters y un subwoofer, MP3, y de fácil
interpretación que evita tenerlo que usar con el manual en la mano.
Los cuatro vidrios vienen con loto que se abate 90 grados y se
convierte en mesa, son lo notable del paquete de atractivos que nos regresa al año 2009. En cuanto a seguridad, solo tiene dos airbags delanteros, aspecto en el cual queda en deuda.
Mecánicamente usa un motor 4 cilindros, con capacidad FLEX;
es decir apto para caminar hasta con el 85% de etanol sin ajustes, lo cual es una novedad en el mercado colombiano, aunque totalmente desaprovechada pues no se expenden esos combustibles. Es más un golpe de opinión, que bien se podría haber cambiado por unos cuantos airbags adicionales, más útiles y apreciados.
La máquina, de cuatro cilindros y 2.4 litros da una buena potencia de 172 caballos que se desaprovecha porque la caja automática, de configuración clásica, solo tiene 4 cambios hacia adelante.
Hace las marchas de manera rápida, hay que reconocerlo, sobre todo cuando se le pide el cambio superior.
Pero sería mucho más dinámico si se usa una transmisión de cinco marchas al menos, con un mejor escalonamiento de las relaciones.
El motor es bastante ágil pues sube a las 6.000 revoluciones y registró un consumo muy decente para el tamaño y el peso de la
HHR (1.419 kilos) de 31 kilómetros por galón. De todas maneras hay que andarle al pedal derecho si se quiere acelerar con contundencia ya que el punto de mejor torque, 167 libras, está sobre la raya de 5.000 revoluciones. Digamos que es una motorización proporcionada al perfil del vehículo, que es de todas formas una camioneta de familia camuflada en una carrocería casi conceptual.
La tracción es delantera y la camioneta tiene unas suspensiones bien americanas., es decir elásticas, silenciosas y mullidas. Tal vez excesivamente en el tren delantero, que tiende a cabecear en baches sucesivos a alta velocidad. La dirección es asistida pero el radio de viraje es sumamente extenso y el timón requiere muchos giros de tope a tope lo cual hace que haya que calcular y prevenir muy bien las maniobras de estacionamiento frontal porque necesita mucho espacio.
Tiene instalado el sistema ABS para frenos con EBD y también un
control de tracción que poco uso tiene pues la potencia del motor no está para pasarles por encima a las llantas 215 de sección 5º en aros de 17 pulgadas de aleación.
Colmotores la ofrece en una sola versión de equipo y mecánica, a 53 millones de pesos, suma que es, repito, sumamente interesante teniendo en cuenta la cantidad de accesorios y la funcionalidad del vehículo. Porque, más allá de sus formas, es una camioneta muy espaciosa, cómoda, con gran bodega, sin ser un vehículo enorme (4.4 de largo), relativamente bajo para su tamaño (1.63 mts.) y que se debe definir como dos volúmenes, debido a la diferencia clara de toda la nariz y compartimiento frontal independiente. Si tuviera un diseño tradicional monovolumen, perfectamente albergaría las siete plazas.
Como todo vehículo de líneas que se salen de lo convencional, la HHR dividirá opiniones y polarizará odios y amores paralelamente.
Única en diseño, para los clientes que la aprecien, la camioneta será una compra inevitable y ya con ese público tiene una vida comercial asegurada. Y, de paso, hay que felicitar a Colmotores por arriesgarse con algo diferente y con productos que refrescan el mercado y la tertulia inevitable que va a generar.
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