Mille Miglia: La carrera que partió la historia

Un accidente en 1957 despertó la ira mundial contra las carreras y prácticamente canceló estas pruebas. Enzo Ferrari afrontó cargos por asesinato.

revista motor

03:39 p. m. 29 de junio del 2021
Bugatti T35 de 1925

Bugatti T35 de 1925

Ninguna carrera de automóviles fue o es tan auténtica como las Mil Millas de Italia. Los 1.600 kilómetros de velocidad en carretera abierta o, mejor, trazada por millones de personas apostadas en las bermas y tocando los carros, para darle casi la vuelta al país yendo a Roma desde Brescia y regreso, con tramos nocturnos y en el clima que llegara, con un variopinto revuelto de carros, desde Topolinos hasta poderosos Ferrari, Mercedes y Alfa Romeo hechos especialmente para la ocasión, trazaron una historia irrepetible e incomparable en los anales del automovilismo.

La carrera empezó en 1927 motivada por cuatro personajes de Brescia, quienes se sintieron ofendidos cuando trasladaron la sede del Gran Premio de Italia a Monza. La arrancaron 77 autos, todos sedanes familiares para los cuales estaba reservada y de marcas italianas, de los cuales 51 completaron la ruta. Quien mejor hizo los 1.618 kilómetros fue Giuseppe Morandi, manejando un OM de 2 litros, en 21 horas y 5 minutos a un promedio de 78 kph.

Alfa Romeo 6C Super Sport Zagato

Alfa Romeo 6C Super Sport Zagato

De ahí en adelante, todos los registros se pulverizaron con la llegada de carros y pilotos profesionales que escribieron historias fantásticas. Por ejemplo, se sabe que, en 1930, Achille Varzi punteaba la carrera sobre Tazio Nuvolari, ambos en carros Alfa Romeo 6C de fábrica, y para sobrepasar a Varzi, este apagó las luces en plena noche para no ser advertido y lo sorprendió en las rectas finales llegando a Brescia y ganó la prueba. En 1931 llegaron los alemanes con Rudolf Caracciola en un Mercedes SSKL y por primera vez se superó el promedio de los 100 kilómetros. La carrera se suspendió durante la Guerra, aunque un accidente en el cual murieron 38 espectadores, en 1938, no afectó su continuidad en ese momento.

Las 1000 Millas volvieron en 1940 y su fama incrementó la participación internacional. Fue muy celebrada la victoria del Mercedes 300 SLR manejado por Stirling Moss, junto al periodista Dennis Jenkinson, con un nuevo récord, a un promedio de 157.65 kph con el cual superó a Juan Manuel Fangio, quien prefirió correr solo luego del mal recuerdo que le traía la muerte de su copiloto, Daniel Urrutia, años atrás, en un accidente durante la Buenos Aires-Caracas.

En 1957, llegó la catástrofe, que era inevitable. El Ferrari del español Alfonso Cabeza de Vaca, Marqués de Portago, se salió de la vía a causa de una llanta estallada, sobre cuyo estado había sido prevenido en la parada previa, y embistió a los espectadores. Él y su copiloto, Edmund Nelson, murieron, pero el auto aplastó a nueve espectadores, de los cuales cinco eran niños. En la misma carrera, también murió Joseph Göttgens, en un Triumph.

Bugatti al paso por Reggio Emilia

Bugatti al paso por Reggio Emilia

Ahí se partió la historia porque la carrera se suspendió y con este episodio las pruebas de ruta en el mundo comenzaron a ser restringidas o prohibidas como la Panamericana, la Copa Florio y similares. El escándalo mediático fue mayúsculo y de inmediato empezaron a buscar responsables. Enzo Ferrari, propietario del auto, fue acusado de asesinato, nada menos. Sus autos de Gran Turismo los confiscaron las autoridades italianas, le retiraron el pasaporte (lo cual no fue grave, pues Ferrari nunca salió de Italia, salvo en sus primeros años), hicieron manifestaciones de protesta en las puertas de la fábrica acusando a la marca de “asesina” y la prensa que lo adulaba, se alineó contra la Scuderia. Como siempre sucede.

Dos episodios desató este insuceso. Uno, la suspensión de la carrera. Otro, la situación de Enzo Ferrari, quien estuvo en los tribunales y en litigios con el llantero Englebert hasta Julio de 1961, cuatro años después, cuando fue absuelto al igual que De Portago, porque el juez consideró el accidente como algo imprevisible. Ese fue el final del duro e injusto episodio legal.

En el entretanto, Enzo Ferrari sostuvo una agria polémica con la mayoría de la prensa, pero fue famoso su enfrentamiento con la propia Iglesia, agravado por las muertes de sus corredores italianos Luigi Musso, Eugenio Castellotti, y el piloto de pruebas Fraschetti, además de la del inglés Peter Collins, quien en un gran acto de caballerosidad y en un pacto convenido en secreto previamente con Ferrari, le cedió su auto a Fangio para que ganara su cuarto mundial. “Estoy joven aún y Fangio merece ser campeón (tenía 45 años y Collins, 25)”, explicó. Sin embargo, su juventud no duró porque se mató en Nürburgring, año y medio después.

ABC Grand Sport de 1928

ABC Grand Sport de 1928

Los italianos, entristecidos por la muerte de Musso, dijeron que Ferrari estaba destruyendo a sus deportistas. En ese entonces, los pilotos eran un símbolo nacional y no comercial, como ahora.

En L’Osservatore Romano, periódico del Vaticano, la emprendieron contra Ferrari y las carreras a las cuales el alto podio de la curia calificó como una “masacre sin sentido”. Luego los jesuitas también encendieron baterías contra el deporte y Ferrari. Finalmente, la polémica se apagó y las cenizas del injusto escándalo se mojaron definitivamente cuando el Papa Juan Pablo II visitó a Maranello, en 1988. La reconciliación con la Iglesia no se pudo dar ese día entre los personajes porque Ferrari ya estaba muy enfermo en su casa y no pudo asistir. Falleció dos meses después, pero sus carros ya estaban bendecidos y tenían el visto bueno de los cielos.

Antes de todo esto, justo en las semanas después de las Mil Millas, Enzo, incrédulo y alérgico a la religión, luego de pasar semanas encerrado en su casa escampando críticas, y apabullado por la reciente muerte de su hijo Dino, acudió al Monasterio de Santa María del Monte en Cesena y pidió los consejos del párroco Alberto Clerici. Su decisión era dejar las carreras y dedicar su fábrica a producir electrodomésticos, como lo hizo durante la Guerra. Estaba demolido, pero el cura le puso de nuevo gasolina en el alma y en el tanque, lo convenció de seguir, y Enzo rezó para retomar fuerzas. Ese día se salvó Ferrari, pero el patrón nunca volvió a las carreras. Se justificó diciendo que los autos de carreras “siempre mueren, aunque ganen”.

José Clopatofsky

(Fotos: Agencia EFE).

Aston Martin Le Mans 1931

Aston Martin Le Mans 1931

Cifra
400 autos de todos los pedigrís e historias participaron en la última edición de las Mille Miglia en la modalidad de regularidad. Los organizadores los seleccionan rigurosamente de una lista de cerca de 1.200 aplicaciones y cada carro debe pagar 8.000 euros de inscripción, aunque esa cifra es caja menor en el presupuesto de un equipo y contra el valor del automóvil.

Datos
*Hoy, las Mille Miglia se hacen en cuatro etapas como una prueba de regularidad y velocidades controladas, en la cual solo pueden participar los carros hechos hasta 1957 y que hayan corrido la prueba original, o réplicas perfectamente validadas de algunos de los vehículos que estuvieron, pero no sobrevivieron.

*La competencia anual es considerada como el “museo rodante más bello del mundo”, dada la cantidad de autos de las épocas de la verdadera carrera que participan y son admirados por millones de personas en toda la ruta.

*La procesión de toda la caravana puede durar unas seis horas debido a la salida escalonada de los carros. Pero a la par con los originales va toda suerte de vehículos de apoyo y que siguen la ruta, por supuesto, en su mayoría de interés especial y también clásicos de las épocas reales, además de miles de turistas que acompañan el evento en tours especiales.

Lagonda M45 Rapide 1934

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Bentley 1928 4.5 Open Tourer

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FIAT 1100 de 1939

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BMW 328 del año 1939

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Ferrari 750 Monza

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Foto histórica: El Mercedes 300 SLR de Stirling Moss. El auto volvió este año en homenaje al famoso piloto, fallecido en abril de 2020.

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Del año 1928, un Fiat 1100 Siluro

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