Jueves de mecánica: ¿Por qué desaparecieron los instrumentos?

Los instrumentos e indicadores de los carros no han desaparecido, más bien dejaron su lugar en favor de las pantallas del entretenimiento.

revista motor

05:07 p. m. 24 de febrero del 2021
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Pues sí. Y pues no. Quien esto escribe es de la vieja guardia del automóvil, aunque totalmente permeable a todo lo de hoy y a lo del mañana en nuestros autos. Una de las cosas que extraño es que desaparecieron los ‘metros’, y cito la palabra porque desde tiempos incambiados de la mecánica, así se les dice a los instrumentos de los carros, o aviones, o lo que sean.

Son indicadores de diversos parámetros relacionados con una medida, empezando por el básico, que es el metro lineal, que nos dice distancias. Pero hay termómetro para el calor, manómetro para la presión, flujómetro para los consumos, tacómetro para las revoluciones del motor, odómetro para el recorrido, velocímetro para la rapidez, amperímetro para saber la entrega del dínamo o el alternador, voltímetro para conocer el estado de la batería, cronómetro para los tiempos y muchos más. Tantos hay que es común confundirlos, como al decirles relojes, cuando estos solo indican la hora, o darles nombres genéricos. Por ejemplo, no existe un reloj de temperatura.

Antes los tableros traían varios ‘metros’ y análogos. Presión de aceite, temperatura, velocidad, distancia, temperatura de aceite en muchos casos, amperímetro; y si vamos a camiones pesados, hay más indicadores, sobre todo de calor en las cajas y transmisiones.

Ford Mustang Mach 1 de 1969 con 1000 HP

Ahora la historia es con bombillos que suelen encender cuando el mal está hecho o los hervores del agua han pasado a mayores. No volvimos a saber la cantidad de la presión del aceite ni muchas otras variables que nos hacían sentir muy dueños del funcionamiento del carro.

En la realidad, hoy los metros de toda la vida están y hay más de los que conocimos. Lo que pasa es que ya no se muestran en los tableros, pero la información sí circula por todas las redes del carro y son, en un sistema bien puesto, mucho más astutos y oportunos que nuestro ocasional ojo, porque de manera permanente le informan al computador cómo están las cosas en las tripas del vehículo y lo surten con muchos más datos como la composición de los gases de escape, la altura sobre el nivel del mar, la temperatura del aire, el pistoneo, el flujo y la presión del combustible, y hay más sensores.

Cuando surge alguna lectura anómala, el computador reacciona por su cuenta y adopta programas de protección que llegan incluso a detener el vehículo antes de una catástrofe mecánica. No todos los carros gozan de alambrados de fallas tan sofisticados, pero existen y serán más interactivos cada vez, de tal manera que hoy los tableros son con dibujitos, numeritos y lucecitas que obligan a sacar el manual para saber de qué se trata, y son más importantes el entretenimiento y las comunicaciones. Pero por debajo, los ‘metros’ están trabajando, aunque ya no los vemos, y los tableros se volvieron pantallas a cambio de los instrumentos independientes clásicos de agujas que, para este autor, son parte del sabor de un carro.

Tanto, que lo primero que uno suele hacer cuando un vehículo le llama la atención es pegarse a la ventana para ver el puesto de mando, y si puede sentarse frente a los controles, mucho mejor el sabor.

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