¿Por qué ya no se engrasan los carros?

Hace muchos años, era común y necesario llevar periódicamente el carro a engrasar. Las estaciones de servicio ofrecían la inyección de este lubricante

revista motor

08:12 p. m. 24 de junio del 2020
Mecánico 03

El engrase obedecía a que casi todos los componentes móviles y de articulaciones externos a los lubricados por el aceite de motor, caja y transmisión, necesitaban la inyección de la grasa con regularidad, ya que se secaban y trabajaban friccionando entre sí con el consabido desgaste. Una razón para que la grasa se esfumara era porque los componentes no tenían sellado y se contaminaban con el agua y la arena de las calles. La aplicación de la grasa a presión agravaba las cosas porque el operador consideraba su trabajo hecho cuando esta salía por el extremo opuesto de la pieza, con lo cual se forzaba y rompía cualquier mecanismo de hermeticidad que hubiera.

El deterioro de las piezas era muy acelerado y peligroso, porque en su mayoría afectaba las partes de dirección y suspensión, amén de que las grasas no eran del otro mundo. Había amarilla genérica para ‘chasís’, y la ‘fibra’ para los rodamientos. Pare de contar.
Ahora los carros se engrasan, pero lo hacen solos, porque esas piezas vienen todas prelubricadas y selladas con grasas muy avanzadas y son desechables, porque cuando sus ‘guardapolvos’ o pequeños cauchos que evitan que entre la mugre y se salga la grasa se rompen, de inmediato entran a la fase de fricción y se dañan rápidamente.

¿Cuál es el mantenimiento si son selladas? En principio, ninguno. Pero una observación rutinaria de esas piezas sí puede prevenir un desgaste acelerado si se analiza el estado de los guardapolvos, los cuales, si están rotos, se pueden reemplazar siempre y cuando sea joven el daño. Lo más crítico ahora son los guardapolvos de los ejes delanteros, que protegen las juntas homocinéticas que giran a alta velocidad y producen mucho calor. Un caucho de esos que se dañe permite que la grasa, que es muy especial, se salga rápidamente por la fuerza centrífuga y el daño llega rápido y es costoso, sin que se pueda advertir en el funcionamiento, porque cuando hay ruidos o traquidos ya el mal está hecho y no tiene reverso.

Por consiguiente, el ‘engrase’ ahora es óptico para ver si hay esas roturas. Cuando cambie piezas de ese tipo, no les quite la grasa de fábrica, pues los mecánicos tienden a desbaratarlas y coparlas, con lo cual no dejan espacio para su funcionamiento y promueven la ruptura de los sellos. Tampoco crea que es mejor, sobre todo al cambiar rodamientos, quitarles la grasa que les puso el fabricante, debidamente estudiada, por una genérica del taller.

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