Colombia: ¿escasez de carros o de clientes?

La industria automotriz está viviendo una nueva crisis por la escasez de microprocesadores. En Colombia, el problema es de oferta y demanda.

redacción vehículos

04:43 p. m. 26 de febrero del 2021
Planta Ford, Associated Press

Planta Ford, Associated Press

Han pasado poco más de un año desde cuando el covid-19 empezó a esparcirse por el mundo desde Wuhan (China), y la industria del automóvil sigue recibiendo coletazos de la crisis causada por el virus. En Colombia, las ventas de vehículos nuevos tuvieron una caída el año pasado del 28 por ciento y, a nivel global, de un 14.2 por ciento.

Aunque se esperaba que el 2021 fuera un año de recuperación, desde hace algo más de un mes comenzaron a verse nuevos efectos de la pandemia. El cierre de las plantas tuvo una reacción en cadena que también paralizó a los proveedores de autopartes, por lo cual hoy hay una crisis en la producción mundial.

Uno de los causantes de esta nueva crisis es la falta de chips o microprocesadores, elementos esenciales en la electrónica de los carros que permiten que funcionen accesorios tan sencillos como las conexiones Bluetooth, hasta otros más complejos como el sistema de detección de colisiones, los sistemas ABS, controles de tracción y el propio motor, entre otros.

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Incluso, antes de la pandemia, los fabricantes de microprocesadores, la mayoría asiáticos, ya tenían problemas para cumplir con la alta demanda que explotó con la crisis sanitaria, que a su vez desató el auge del teletrabajo y el entretenimiento en casa, con lo cual volcaron todos sus esfuerzos para cubrir la industria de los computadores y las telecomunicaciones.

Por eso, ante la escasez de microchips, fabricantes como Ford y Toyota anunciaron la disminución de su producción, e incluso el cierre de plantas en Estados Unidos, por semanas, como ocurrió con la fábrica de Ford en Louisville, Kentucky, donde se producen los Ford Escape y el Lincoln Corsair.

“La escasez mundial de semiconductores presenta desafíos y perturbaciones para la producción para toda la industria automotriz en el mundo, incluyendo Ford”, aseguró a la agencia AFP Kelli Felker, gerente de Comunicaciones Laborales y Manufactura Global en Ford Motor Company.

La japonesa Toyota aseguró que se vio afectada la producción de pick-ups Tundra en su planta de San Antonio, Texas. En enero pasado, un vocero de la marca anticipó que para ese mes habría una reducción del 40 por ciento en la producción. Y Según The Wall Street Journal, Fiat Chrysler también disminuirá el ritmo de fabricación de Jeep de México y en una planta de Canadá por la misma razón.

La misma decisión, parar la producción de algunas fábricas, la han tomado General Motors, Mazda, Subaru, Nissan y Volkswagen. La demanda de vehículos ha crecido tras la pandemia y ha empeorado la situación, a tal punto que algunos fabricantes, según medios estadounidenses, están considerando acumular microchips para protegerse de la escasez y no frenar su producción.

Planta vehículos, Getty Images

Planta vehículos, Getty Images

A esto hay que agregar que no es solo la falta los microprocesadores. Hay otros componentes de los carros que no están llegando a las plantas porque la producción paró en fábricas de los proveedores o hay dificultades en el transporte.

Hay que recordar que un alto porcentaje de las partes de un automóvil viene de proveedores que desarrollan autopartes o sistemas, a veces exclusivas o genéricas. A estos se les conoce como proveedores OEM (Original Equipment Manufacturer), que al final son los responsables de lo que la marca, así no intervenga en su fabricación, lo considere como equipo original.

El panorama en Colombia
No es precisamente la carencia de microprocesadores lo que está ocasionando la falta de stock de algunos modelos en nuestro país. Esta situación está más atada a que Colombia no es un mercado tan atractivo para las marcas, pues no se caracteriza por altos volúmenes de ventas. Por ejemplo, no es tan rentable para una marca japonesa enviar 100 o 200 carros a Colombia como mandar una cantidad superior a otro país con más poder adquisitivo y rotación.

Basta decir que las proyecciones de ventas locales para el 2021 se sitúan en 230.000 unidades. Aquí en el mejor momento del mercado (2014) se vendieron 328.000, cuando países del vecindario como Argentina vendían más de 800.000 carros al año en su tiempo de ‘vacas gordas’, o Brasil, tres millones.

Ir al concesionario ya no es tan frecuente

Las cifras de los importados hablan por sí solas. En el 2020 se importaron 146.987 vehículos, frente 195.147 del 2019, según reportes de Andemos. En automóviles, el año pasado se importaron 57.392 y 59.783 utilitarios (SUV), que son el grueso de los vehículos que más mueven el mercado.

La caída de las ventas el año pasado fue precisamente lo que ocasionó que los importadores y distribuidores tuvieran un comportamiento más cauteloso al hacer sus pedidos, en unos casos. En otros, algunas marcas imponen un mínimo de ventas de sus modelos recientes para despacharlos y pues “aquí no está el palo para cucharas”, le dijo a EL TIEMPO un empresario.

Esto, en referencia a que no hay certeza, por lo menos hasta mediados de año, de que el mercado se estabilice. “No podíamos quedarnos con un poco de carros en las vitrinas, comprando con un dólar disparado, con el poco interés de los compradores de nuevos, más la incertidumbre laboral en algunas empresas, la cautela en los gastos de las familias y con una economía incierta. Hay un temor a endeudarse, así los bancos estén prestando la plata”, explicó.

Hasta ahora, agrega el gerente de un concesionario multimarca, “nos hemos podido defender con lo que tenemos. Sí disminuyó la producción por el covid, pero se ha podido responder de acuerdo con la demanda”.

La otra cara de la moneda está en el mercado del carro usado. Esta coyuntura disparó su precio y su demanda, primero por la disponibilidad inmediata, y segundo por la necesidad urgente de la gente de tener un medio de transporte seguro. Y, además, por la ‘sequía’ de nuevos en un momento de aumento de demanda que cogió a las marcas desprovistas de inventario, pues no esperaban este fenómeno en un momento de contracción de la economía.

En conclusión, si está pensando en comprar un carro nuevo, más si es importado, tenga en cuenta si hay disponibilidad, porque de lo contrario la espera puede ser de más de cuatro meses, tiempo que incluye el transporte y la nacionalización, eso si la marca no ha tenido problemas en su producción.

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