¿Por qué la fábrica tiene la razón?

Muchos no siempre saben a quién hacerle caso sobre las cosas que pasan con el carro: al concesionario, al taller o al fabricante.

Por Redacción Motor

04:46 p. m. 23 de septiembre del 2020
Escoja bien su taller 'de confianza'

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Es recurrente la duda de muchas personas que nos escriben sobre los consejos que reciben de terceros, y aun por parte de los mismos concesionarios, acerca del mantenimiento, sistemas, componentes y accesorios para sus carros. Por ejemplo, es plural e incierta la información sobre los aceites para el motor.

En esta misma revista un lector nos pregunta a quién le hace caso en el tema de las llantas de su vehículo, si al fabricante de las ruedas o al del carro. Así, hay muchas opiniones colaterales que van haciendo curso hacia la verdad y se convierten en dogmas de la mecánica sin el debido sustento.

La norma a seguir es siempre la del fabricante del automóvil, no necesariamente del concesionario, pues muchas veces sus sugerencias provienen de compromisos comerciales que adquiere. Y en cuanto al servicio básico, esta información viene especificada en el manual del propietario, que es la voz oficial de la fábrica y alrededor de la cual se procesan todas las sugerencias de servicio y las garantías.

La razón es que quien diseña y fabrica el carro y valida sus componentes hizo exhaustivas pruebas de comportamiento antes de homologarlos, pues tiene que estar seguro de que esas provisiones se ajustan perfectamente a sus cálculos, ensayos, sostenibilidad, seguridad y nivel de calidad de su marca. Por eso, las recomendaciones externas de terceros que pueden tener experiencia de campo, pero no de laboratorio, no son en muchísimos casos el camino a seguir.

Es por esto que quienes venden elementos genéricos, como por ejemplo lubricantes o llantas, validan sus productos ante normas internacionales de ingeniería y de laboratorios que certifican su compatibilidad y funcionamiento. Tal es el caso de las medidas de las ruedas, las viscosidades o los niveles de los aceites. Pero esas condiciones implican que deben funcionar correctamente dentro de los parámetros que dicta el fabricante del vehículo. Como pasa, por ejemplo, con los medicamentos, que existen genéricos o con apellidos, pero su uso, dosis y aplicación los formula el médico y no los laboratorios que las hacen.

Por lo tanto, este texto viene a recomendarles seguir siempre lo que diga quien fabricó su carro cuando de arreglos o mantenimiento se trate, puesto que esto garantiza su desempeño correcto en todos los aspectos. Y este consejo aplica con mayor rigor a medida que el servicio va descendiendo de nivel del lugar de una marca oficial a sitios menos rigurosos y en los cuales muchas veces operarios de poco conocimiento van proponiendo arreglos y partes con modificaciones nacidas de la vox populi y no de la técnica y la ingeniería propias de su vehículo. Eso no descalifica ni sataniza a esos lugares. Ni más faltaba. Pero sí hay que tener dos oídos y calibrar el nivel de conocimiento de quienes hacen sugerencias técnicas sin fundamentos y que muchas veces solo tienen respaldo de un mejor rendimiento comercial hacia ciertos productos, tiempos de servicio, frecuencia de reparaciones, trucos y operaciones que pueden afectar el funcionamiento de un auto en el largo plazo, pues esos efectos no se ven de un día para otro y cuando se detectan, ya los males son irreversibles.

Recuerde, quien más sabe de un carro es quien lo hace.

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