¿Por qué adulteran los odómetros?

Una de las actividades más antiéticas, cuando no ilícitas y punibles, es adulterar los odómetros para hacerlos ver con un recorrido inferior al real.

revista motor

09:32 a.m. 10 de septiembre del 2020
Cuadro de instrumentos

Cuadro de instrumentos

Los antiguos odómetros que funcionan –porque hay miles de carros rodando y sumando en estos– son mecánicos. Una guaya transmite un movimiento rotatorio tomado usualmente de la caja de velocidades y lo comunica a una serie de piñones que se arrastran entre sí luego de desmultiplicar esa cantidad de giros, en una relación de 1960 a 1. Al completar una rueda su giro, que usted ve como un número en el contador, hace que caiga la siguiente y así va sumando hasta llegar usualmente a 99.999 kilómetros y vuelve a ceros, lo que popularmente se llama “pasar el chorizo”. Así, un carro puede mostrar 84.587, por ejemplo, pero no se sabe si son de la primera cuenta, de la segunda (184.587) o la tercera (284.587), etc.

Estos odómetros son fácilmente adulterables porque la persona que quiere engañar puede destapar el instrumento y colocar las fichas en la cifra que quiera, y el comprador para advertirlo tendría que desarmar todo y ver si hay huellas de manipulación, lo cual evidentemente no hará, pues parte de la buena fe del oferente. Pero sí puede hacer unas cuentas redondas calculando que se recorrían antes de las restricciones y trancones unos 18.000 kilómetros por año y ahora la suma está cerca de los 11.000. Multiplicar la edad por estos coeficientes da una idea del uso real del carro.

Actualmente, los odómetros son electrónicos en su gran mayoría. La información de giro de las ruedas, del cardán o de elementos de la caja se transmite por un sensor al instrumento o a uno de los computadores, y este la traduce en la cifra de distancia que se notifica en un ‘display’ digital con apariencia de análogo.

Estos sistemas son muchísimo más seguros y serían inviolables de no ser porque existen trucos y dispositivos para acceder a las memorias de los computadores y alterarlas, a la vez que borran las huellas de la manipulación. Pero, de todas formas, los aparatos no suelen ser legales ni mucho menos quienes los usan, a tal punto que en otros países hay leyes específicas que sancionan estas conductas inescrupulosas.

Los ‘escáneres’ oficiales de las marcas muchas veces pueden delatar estas intervenciones anómalas en las memorias y afortunadamente cada vez es más complejo que puedan hacerlas, porque esas informaciones van ligadas a los consumos de gasolina, al uso del aceite y otras variables en las cuales, cuando algún dato es inconsistente, lo delatan.

Otro truco viejo y casi desterrado es desconectar la guaya para que el odómetro no marque, o no repararla cuando se daña. Con la señal electrónica es muy complicado porque muchos motores de los carros no encienden cuando está desconectada. Otra precaución si tiene sospechas es ir al concesionario original del carro y verificar sus históricos de recorridos y tiempos de las revisiones oficiales y proyectarlas al momento de la operación para ver si hay grandes desfases.

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