¿Por qué ya no se reparan los carros?

Hoy en día es más barato y rápido simplemente cambiar las piezas por unas nuevas, al tiempo que es más seguro al no quedar dependiente de 'injertos'.

revista motor

04:16 p. m. 07 de abril del 2021
Cuando reparar no es la opción

Cuando reparar no es la opción

Efectivamente, el viejo trabajo del taller de desarmar, limpiar, reacondicionar partes y recuperarlas con ingenio y trucos agoniza o se acabó. Como también se desdibujaron la artesanía de la latonería y de acomodar partes que resucitaran los carros. Todos estos oficios surgieron y se perfeccionaron muchos años atrás cuando los autos eran tan pesados y grandes como frágiles y poco duraderos, aunque se piense lo contrario, pues muchos creen y dicen que “esas sí eran latas y los motores infalibles”.

Hoy, los automóviles tienen una enorme cantidad de piezas irreparables que se cambian por otras selladas. No hablamos de las cajas negras de la electrónica y sus derivados, que son inabordables y con las cuales conversan en los talleres a través de un enigmático escáner que arroja números y garabatos llamados códigos de falla. A veces, con el mismo buscador se corrigen porque no son errores mecánicos sino electrónicos, pero en otros casos los problemas quedan en el misterio y la única forma es ensayar un elemento de recambio para ver cuál era el enfermo. Tal como sucede con los electrodomésticos: sale más barato y rápido cambiarlos que tratar de arreglarlos.

Cuando reparar no es la opción

Cuando reparar no es la opción

Hablando de las partes de trabajo en las cuales los mecánicos metían mano y las ponían de nuevo en estado de trabajo, actualmente son elementos desechables que cumplen su vida útil y se reponen, con lo cual el trabajo del taller se reduce en un alto grado a ser ‘cambia-piezas’. Esto es bastante bueno y seguro para el usuario, pues ya no se hacen remiendos ni injertos en elementos de dirección, suspensión o frenos como antes, cuando ajustaban las rótulas y apretaban las terminales para quitarles temporalmente los juegos del desgaste.

Cuando empuñan el martillo, los toques en las láminas solo se hacen en áreas pequeñas —y eso—, porque las partes nuevas hoy existen de los orígenes más diversos y se consiguen elementos de carrocería más baratos de lo que costarían la mano de obra y el tiempo de arreglar los golpeados. Ni hablar del plástico de los bómperes y otras partes que, aunque hay sistemas serios para repararlos y pegarlos, lo usual es cambiarlos y “salen”. Las carrocerías están hechas con láminas muy delgadas, con curvas y formas que son sus refuerzos estructurales, por ejemplo, en los pisos. El martillo no les cae bien, suelen quedar con huellas y, en casos extremos —como lo llamamos en el argot— como un “bulto de papas”, lo cual descubre de inmediato las lesiones de los choques y desploman el precio del vehículo.

El cambio de piezas es el proceder actual y es tan crítico que muchos siniestros se declaran pérdida total porque los carros que antes eran el deleite de los latoneros y talleres, hoy no vale la pena arreglarlos porque sale más caro la intervención que el desguace. Y ni hablar si tiene líos de fondo en motores y cajas, muchos de los cuales no aceptan reparación, y las cajas figuran en los catálogos de repuestos con un solo número: es decir, se cambia toda la compleja unidad, que ahora puede tener hasta 10 cambios.

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