‘Taxímetros para las crisis’

La primera empresa de taxis de la capital se fundó en los años 30 cuando 20 carros, que no encontraron comprador, fueron equipados con taxímetros.

revista motor

11:00 a.m. 13 de mayo del 2020
Taxímetro

Taxímetro

No es esta la primera vez que el mundo del automóvil sufre una recesión como la que ya estamos viviendo, en diversas cuantías y dimensiones, pero de todas maneras palpable sin que aún se hayan hecho las primeras cuentas. De momento hay otras prioridades, pero es claro que entre los enfermos graves, nuestro sector automotor es una dolorosa víctima del acuartelamiento de todas sus manifestaciones.

Hace 90 años, no solo Colombia sino el mundo entero vivió unos años de contracción, de pobreza y de pánico, afortunadamente no por la acumulación de muertes por epidemias. Fueron causados por un enorme hueco financiero, derivado de un súbito desplome de la bolsa de Nueva York, cuyos títulos se devaluaron en pocos días como consecuencia de una larga cadena de errores en el manejo de esa economía, que permitió una gigantesca burbuja de rendimientos financieros de los bonos, sin respaldos y jugando al riesgo de meterse en ese negocio tan halagador como peligroso cuando se hacía en grandes volúmenes con plata prestada. El colapso de los negocios de Estados Unidos se regó por el mundo entero, como el contagio de ahora, y Colombia no fue ajena a ese coletazo que redujo el comercio exterior, mermó la liquidez, frenó a las pocas industrias del momento y, claro, afectó notoriamente el funcionamiento de nuestra mayor moneda de trueque, el café.

Taxímetro

Taxímetro

En 1916 –y todas las fechas se referirán al siglo pasado en este relato–, Gustavo Pradilla Herrera, quien había sido nuestro cónsul en Costa Rica durante 21 años, regresó al país e inició negocios agenciando los camiones Mack junto con sus cuatro hijos, Antonio María, Jorge, Gustavo y Arturo Pradilla Pinto, en una casa ubicada en la carrera sexta entre las calles 13 y 14 de Bogotá, que pronto se transformó en vitrina, según lo relata Oswaldo Duperly Angueyra en su libro Lo que se hereda no se hurta, del cual extraigo alguna parte de la esencia de esta historia. Claro, complementada con datos “oficiales” de la familia.

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G. Pradilla & Co. fue el primer concesionario también de Ford, según consta en un contrato firmado en 1917 en Detroit entre esa firma con la fábrica norteamericana, que en ese momento estaba en pleno auge de la propagación del Modelo T, automóvil que en ese entonces representaba por sí solo una cantidad superior de vehículos fabricados a la suma de todas las otras marcas del mundo. Era la “epidemia negra” que contagió a más de 15 millones de personas que los compraron a pesar de la poca variedad, pues Ford ofrecía cualquier color siempre y cuando fuera el negro.

G. Pradilla & Co. obtuvo la concesión para Cundinamarca, Tolima, Boyacá y Antioquia, con una compra mínima de 24 unidades repartidas entre agosto del 1916 y julio del 17, en cuotas. El pedido inicial fue de 12 vehículos y luego una dosis de tres mensuales hasta completar el par de docenas. Los carros se debían vender entre 305 y hasta 625 dólares, de acuerdo con las versiones –tal como hoy sucede–, que iban desde el chasís standard (camiones) hasta el sedán estándar, que era el más lujoso. Aparte del compromiso del surtido de repuestos, debían tener tres vehículos en perfecto estado para demostración.

Los Pradilla eran viajeros consuetudinarios y recorrían mundo cuando eso tomaba meses y años y de ahí su visión para traer a Colombia los últimos avances, que se vieron cristalizados en la oferta de numerosos productos, esencialmente a través de su compañía que evolucionó de nombre, pues luego se llamó Mercantil Praco y luego simplemente Praco, firma que aún existe, aunque hace unos pocos años dejó de ser propiedad de la familia. La tradición es tan consistente que Praco es el concesionario de camiones Mack más antiguo del mundo, lo cual es muy significativo más allá de la historia, pues nos demuestra el gran empeño de la familia por traer a Colombia los últimos avances de la movilidad, cuando en el mundo aún eran primarias las ofertas. Los primeros camiones Mack, de los cuales existen dos, uno de los cuales está operativo, los trajeron en 1923.

Ford T

Ford T

Atando cabos y fechas, cuando esos Ford de la primera compra estaban ya en camino hacia Bogotá, se presentó en 1926 (fecha de Duperly) un agobiante verano que secó el río Magdalena, por lo cual todos los barcos que movían la mercancía hacia el centro del país –no había otra manera de hacerlo– se quedaron varados a la espera de una creciente que los pusiera a flote. Ahí “encallaron” los 20 Ford que deberían llegar hasta La Dorada, donde los desarmaban y traían hasta Bogotá a físico lomo de mula (de ahí el apelativo de las tractomulas que las reemplazaron) por los caminos de herradura para ser ensamblados en los talleres de la firma.

Esto fue el inicio del sistema SKD (Semi Knock Down), muy parecido con cual hoy operan nuestras ensambladoras, que montan los autos a partir de componentes sueltos importados, con algún aporte de la industria local de autopartes. Los Ford venían desarmados, pero ya completos y pintados, en guacales.
La demora en el río, que fue de meses, y luego todo el proceso de subirlos a Bogotá a pulso se vino a completar cuando ya corría la crisis de 1930 y los bolsillos de los probables compradores, o estaban ya vacíos, o bien muy atemorizados y represados por lo que vendría a raíz de los informes de oídas que llegaban sobre la debacle financiera que en el mundo se vivía.

Total, los carros no se vendieron –o, mejor dicho, no los compraron– y entonces Gustavo I, démosle dinastía a la familia, en uno de sus varios viajes a Nueva York se percató de dos hechos importantes. Uno, que había carros más allá de los que Ford ofrecía, que eran todos negros, monótonos y de alguna manera obsoletos y ya databan de 1908, frente a los que otras marcas más coloridas y novedosas estaban ofreciendo, por lo cual decayó su magnetismo con los hijos mecánicos de Henry Ford, producidos en gran serie, efectos que se verían unos años más adelante.

No solamente de su viaje trajo en la mente la idea de otras marcas, como Dodge, sino que también empacó unos novedosos aditamentos que estaban ya en los carros de servicio público de Nueva York: los taxímetros. Debidamente instalados y promocionados en los “tres patadas”, como se les conocía a los “modelo T” por la forma peculiar de manejo de la caja que tenían y el pedal del acelerador en el centro, entre el freno y el embrague, los invendidos Ford fueron los primeros 20 taxis de Bogotá, con cuyo producido la firma pasó sin novedad el hueco de las ventas y creó el servicio público de transporte que fue entonces una gran novedad y avance para la ciudad.

Praco Didacol, 100 años de historia

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La otra herramienta de lubricación para contrarrestar el bajón económico del país entero no fue menos ingeniosa. Como tenían también repuestos inmóviles, en especial ejes, rines y llantas, que eran muy vulnerables y necesarios para respaldar a los automóviles que sufrían mucho por el precario estado de las calles, ni hablar de las carreteras, y también por su fragilidad mecánica, decidieron hacer las que se volverían las famosas zorras Pitt, nombre que no tenía nada de técnico, sino que hacía alusión al perro de la casa de la abuela de la actual generación de “Pradillas”, que siempre ha tenido Gustavos, desde el primero que fue Pradilla Herrera, pasando por Pradilla Pinto, luego Pradilla Camacho y ahora Pradilla García, estos dos últimos en funciones junto con los demás miembros de una extensa familia en la cual la gasolina siempre se ha agregado en buenas dosis en los biberones de los herederos.

Las zorras hicieron historia, pero no ruido, porque fue su silencio lo que le dio también otro vivir a la ciudad. La razón es que todo el transporte se hacía, y hasta no hace mucho tiempo en algunas dosis, en zorras de tracción animal, pero que tenían ruedas metálicas que se forjaban a la par con las herraduras de las bestias y hacían un escándalo infernal al girar sobre los adoquines o pavimentos, donde había. Al llegar las Pitt con sus silenciosas y suaves llantas de caucho, que también eran una buena amortiguación para la carga y los trasteos, que eran uno de sus servicios fuertes, fueron una panacea para la contaminación auditiva de las calles.

Pasada la crisis, Pradilla & Co., y en consecuencia de sus percepciones, dejó la marca Ford, por lo cual al poco tiempo la concesión para Bogotá le fue otorgada a Enrique Toro Calle, quien en 1934, con un capital de 40.000 pesos, abrió la reputada y famosa empresa Casa Toro, que es hoy uno de los grupos más fuertes del sector del automóvil en Colombia.

Así pues, guardadas proporciones, estos pioneros del automóvil en Colombia sortearon el peor bache económico del cual se tenga noticia con creatividad y confianza en un mejor mañana, que serán las herramientas esenciales para cuando este sector pueda despertar de estos días estáticos que no solamente nos están dejando cifras desoladoras, sino, lo más doloroso, compatriotas idos para siempre, un viaje cuya lista de pasajeros sigue siendo una aterradora perspectiva.

José Clopatofsky

Publicidad Leonidas Lara e Hijos, 1934

Publicidad Leonidas Lara e hijos, 1934

Publicidad de la competencia que les salió a los Ford de Pradilla & Co. en 1934 por parte de Leonidas Lara e hijos, familia posteriormente fundadora de la CCA, que puso la flota de Taxis Rojos en la capital.

Ford T

Ford T

El Ford T fue el primer fenómeno de la industria, pues se hicieron más de 15 millones de unidades en muchas versiones y, obviamente, se usaron algunas variantes para los taxis en el mundo entero.

Avisos de G. Pradilla en El Tiempo

Avisos de G. Pradilla en El Tiempo

Algunos de los avisos publicados en EL TIEMPO por G. Pradilla & Co. promocionando los diversos modelos de los Ford y también el servicio de taxis. Abajo, un Darracq francés, que fue una de las marcas más avanzadas en el servicio de transporte público en Europa.

Taxi antiguo

Taxi antiguo

Poco a poco las ciudades fueron concretando el servicio de taxis y estos se convirtieron en símbolos gráficos tanto por sus colores distintivos como por sus características mecánicas. Los desaparecidos Checker de Nueva York –los hubo en Bogotá– eran símbolo de esa urbe como lo siguen siendo los ‘London Cabs’, los más famosos y que son una institución de los ingleses.

Datos
Wilhelm Bruhn, alemán, inventó el taxímetro en 1891, y en Londres salieron a las calles los primeros taxis motorizados en 1907, aunque sobre esa aparición hay controversia, por supuesto, con los franceses que reclaman su primogenitura. La palabra taxímetro se simplificó a taxi y se volvió en poco tiempo un producto universal. Por supuesto, el servicio existía antes con los coches, pero el precio se convenía con el conductor antes de iniciar la “carrera”.

La primera crisis mundial que se sorteó con los taxis fue la Batalla del Marne, en las afueras de París, en 1914, cuando las tropas alemanas quebraron las defensas francesas e iban a tomarse la ciudad. En los 1.200 taxis Renault que ya funcionaban transportaron en una noche a 6.500 soldados hasta el río Marne en innumerables viajes y detuvieron al enemigo. De inmediato, los autos quedaron en la historia con el nombre de ‘Taxis de la Marne’.

Taxi Renault antiguo

Taxi Renault antiguo

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