Columna del Director

¡175.582.000.000.000!

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre el enigma que es Elon Musk, tanto por sus decisiones empresariales como personales que lo han llevado a ser el hombre más rico del mundo.

Por José Clopatofsky

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

Le preguntaron a Mario Andretti, campeón de la F1 en 1978 y de los IndyCars en 1984, si la serie de los monoplazas norteamericanos –en la cual corre ahora Tatiana Calderón y que Juan Pablo Montoya ganó en 1999– se popularizaría y crecería si hicieran una serie documental para televisión similar a Drive to Survive, que se ha rodado en los últimos 4 años alrededor de la F1. 

Los dueños de la F1, Liberty Media, consideran que esa serie de TV –cuya última entrega no ha sido tan atractiva– le ha dado un enorme seguimiento a la F1 y con el refuerzo de tres carreras en Estados Unidos en Miami, Las Vegas y Austin la pondrán en otro nivel de sintonía en ese país. 

Andretti contestó: “Eso no se hace con películas, sino con plata. Hay que meterle plata al mercadeo de la IndyCar si la quieren hacer más atractiva”. Remató con una manida sentencia de Titus Maccius Plautus: “Money makes money” que, traducida a nuestro argot, es “plata llama plata”. 

Cuando vemos que Elon Musk –por capricho, porque no se sabe bien qué va a hacer con eso– compra la plataforma de Twitter por 44.000 millones de dólares y el cheque es apenas un 14,6 por ciento de su fortuna y la suma supera el PIB de muchos países y no está lejos del colombiano, que es ahora el hombre más rico del mundo, a pesar de que navega en proyectos tan extraños como planear una urbanización terrícola en Marte, que hace cohetes y aparatos para ofrecer vuelos al espacio, es dueño de PayPal, lanza contra viento y marea los carros eléctricos de Tesla, pierde millonadas que luego recupera, que estuvo a punto de que lo botaran de su propia empresa, ha sido sancionado por crear pánicos financieros alrededor de varias de sus firmas y negocios, esa frase que recordó Andretti algo explica. Pero ponerla en marcha no es fácil cuando sabemos que Musk empezó vendiendo el código de un juego de video por 500 dólares en Suráfrica cuando apenas tenía 12 años, y 38 después los convirtió en la fortuna más grande el mundo, tasada en más de 330.000 millones de dólares, que administra desde una casa prefabricada de 50.000 dólares y apenas 36 metros cuadrados, en la zona de lanzamiento de sus SpaceX. Sus únicos lujos son dos aviones para moverse, un Jaguar XKE del 67; compró el Lotus Esprit submarino que se hizo para una de las películas de James Bond para copiar su diseño y sacar algún producto loco, destruyó un McLaren F1 haciendo trompos en una avenida, cuando viaja duerme en casa de amigos, no tiene yate, no toma vacaciones, va en tres matrimonios y es un adicto al trabajo. 

Escarbando en sentencias similares a la que recicló Andretti –que ahora abundan con solo poner una palabra en Google– encontré varias interesantes que traigo para reflexión, de las cuales probablemente Musk sacó alguna pista. Por ejemplo: 

“No hagas plata, haz la diferencia”: Grant Cardone. 

“La mejor manera de hacer dinero en los negocios es no pensar mucho en ello”: Henry Ford.  

“No te quedes en la cama, salvo si en ella puedes hacer plata”: George Burns.  

“Si no puedes hacer plata mientras duermes, vas a trabajar toda la vida”. “Nunca dependas de una sola entrada”. “No gastes en cosas que no necesitas porque pronto acabarás vendiendo las que necesitas”. “Nunca midas la profundidad del río con ambos pies”: Warren Buffett. 

 “Ahorrar es una gran cosa, sobre todo si tus padres lo hicieron para ti”: Winston Churchill. 

“Si los corredores de bolsa son tan expertos en manejar la plata, ¿por qué no compran ellos acciones en vez de vender asesorías?”: Norman R. Augustine.   

“La mejor manera de duplicar su plata es doblar el billete y guardarlo en el bolsillo”: Will Rogers. 

“El tiempo es más valioso que el dinero. Siempre puedes tener más plata, pero nunca conseguir más tiempo”: Jim Rohn. 

“Nunca gastes el dinero antes de haberlo ganado”: Thomas Jefferson.  

Leído esto, entiende uno de alguna manera cómo Musk logró comprar Twitter jugando con sus platas y los bancos acolitándole sus ideas y es hoy el hombre más rico del mundo, cuyo capital se infló con la fabricación de los carros eléctricos, de los cuales es el pionero más arriesgado. 

Musk es un genio ambulante que está convencido de que la humanidad solo sobrevivirá si logra una vida interplanetaria, y para reforzar su proyecto tiene un auto real Tesla orbitando alrededor de la Tierra en uno de sus aparatos. 

Le caben todas las definiciones terrenales posibles, hasta las enigmáticas, como los nombres de los dos últimos de sus ocho hijos: X Æ A-12 y Exa Dark Sideræl. Dice Wikipedia que ‘Æ’ es una variación “élfica” de las iniciales “AI”, que significa “amor y/o inteligencia artificial”. 

¿Para dónde va Elon Musk, cuando la mayoría de nosotros apenas tratamos de leer y entender la cifra de 175.582.000.000.000, que es, en pesos colombianos, lo que pagó por Twitter?

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