Columna del Director

Estacionar es un derecho

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre una nueva norma que modificaría el obsoleto Código de Tránsito respecto a los cobros en zonas de parqueo del país.

Por José Clopatofsky

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

Era obvio que en medio de las últimas semanas de inquietudes electorales, bombardeo de noticias verdaderas y mentirosas, insultos y elogios, la atención de todos nosotros estuvo en otros sitios y mucho más dividida y desconcertada que en elecciones presidenciales previas que recuerde. Que no han sido pocas. 

Por lo tanto, una nueva ley de la República, aprobada el pasado 15 de junio, no tuvo la resonancia debida y para muchos es desconocida. Se trata de la norma –aún por numerar hasta cuando pase por la Casa de Nariño– tesoneramente empujada durante nada menos que ¡cinco años! por el representante Germán Navas Talero, quien con esta iniciativa termina sus 24 años de trabajo en el parlamento, representando con amplia mayoría y consistencia a Bogotá en la Cámara. 

La nueva ley que modifica el obsoleto Código de Tránsito que a punta de remiendos va quedando como un traje de payaso –cuya compostura el Gobierno a través del Ministerio del Transporte no ha sido capaz de organizar, ni siquiera ha presentado una línea de la reforma o actualización que ofreció y en cuyas vacilaciones ha pasado cuatro años–, parece banal, pero tiene un buen significado para los ciudadanos. En principios y en efectos. 

Desde el momento cuando el presidente la firme, todas las zonas de parqueo del país, salvo excepciones muy fundamentadas, serán libres en horarios de baja ocupación de las vías o en jornadas de baja densidad de tráfico. Como sucede en todas partes del mundo, donde cada aviso que restringe el estacionamiento contempla horas y fechas que abren su uso sin cortapisas. Si no fuera así, capitales enteras, especialmente de Europa, habrían colapsado porque las personas no podrían ir a sus casas en sus vehículos para pasar la noche o los fines de semana. 

Esta ley no solamente pone al país en un escenario cívico decente y le concede al ciudadano el uso de las calles, sino que acabará con los abusos de las autoridades y su cadena de grúas que rondan todas las zonas residenciales usualmente en horas de la noche y las madrugadas, atrapando vehículos que ningún estorbo están causando y cuyos dueños ejercen el derecho de disfrutar racionalmente del espacio público por el cual pagan impuestos al ser tenedores de un vehículo. 

"Muchos de estos estacionamientos en vías solo han afectado las facturas que generan todas esas señales que, además, pululan sin razón en cualquier cantidad de las vías de la ciudad, donde solo producen atascos y congestiones. Bogotá cambió porque es ahora la capital del bolardo plástico"

La nueva ley no es cualquier accidente parlamentario porque en estos lances del pupitre y el micrófono no siempre le ha ido bien al automovilista. Muchos de esos adefesios que han tratado de imponer por pura politiquería, desconocimiento o atrevimiento de los legisladores y hasta por el fundamentalismo ciclístico, han sido detenidos por la férrea y determinada posición de Navas Talero, quien ha sido un defensor de las causas del automóvil. No en vano Germán nos ha acompañado en las pistas como competidor y durante muchísimos años narrando las carreras, amén de ser un “tuerca” tan avezado como abogado penalista, toda vez que semanalmente lidia con los caprichos de un Mini de fibra de vidrio, cuya electricidad es endemoniada y que respira con un buen supercargador en la admisión. Nada menos a sus 81 años. 

Su Mini, como todo carro inglés de otros tiempos (ya no quedan esas marcas como Triumph, Vauxhall, Austin, Morris, Standard, Jensen, Leyland, y las sobrevivientes Jaguar y Land Rover son del grupo indio Tata; Rolls Royce y Mini de BMW; Bentley de Volkswagen, y MG de los chinos SAIC), reclama semanalmente una levantada de capó para por lo menos saber que queda aceite en el cárter dado el vitalicio carácter hemorrágico de sus empaquetaduras. O para comprobar que alguna parte eléctrica se achicharró, para hacerles honor a los fabricantes de esos componentes que labraron la lapidaria frase de que los artilugios de Lucas y Smiths son los “príncipes de la oscuridad”. O para explicar que muchos ciudadanos ingleses toman cerveza caliente porque sus neveras también son de esos orígenes industriales.  

Pero basta de esos recovecos. Navas nos deja esas últimas líneas ancladas en nuestro amplio repertorio legal, presentadas con éxito al debate final por el senador ponente Iván Darío Agudelo, antes de retirarse de la política, aunque volverá a su consultorio jurídico. Y mecánico, sin duda. 

Y ya que de estacionamientos hablamos, al menos en el sector que frecuento, donde llenaron las calles de conos, rayas y a lo largo de las cuales se pasean (o paseaban porque no tienen oficio) las personas que debían cobrar el espacio en las horas hábiles, vale la pena que se haga un balance real sobre el resultado de esa medida y revisar las zonas que supuestamente escogieron como de alto impacto y beneficio. Muchos de estos estacionamientos en vías solo han afectado las facturas que generan todas esas señales que, además, pululan sin razón en cualquier cantidad de las vías de la ciudad, donde solo producen atascos y congestiones. Bogotá cambió porque es ahora la capital del bolardo plástico.

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