Columna del Director

Gobernar en contraflujo

En su columna de la más reciente revista MOTOR, José Clopatofsky habla sobre las decisiones de la Alcaldía de Bogotá sobre los temas de movilidad.

Por Sebastian Zambrano

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

No por capricho, ni por ser un laborioso reincidente en los comentarios sobre muchas de las decisiones de la Alcaldía de Bogotá y su brazo dedicado a la movilidad, o del Ministerio del Transporte, su Agencia de Seguridad Vial (?) o de otras entidades cuyas decisiones nos afectan —menos veces para bien que para mal— a los usuarios del automóvil particular, regreso sobre un tema.

Escribí en este espacio el pasado 18 de noviembre: “La calle 13 de Bogotá es una vergüenza, ahora colapsada con las ciclorrutas que bien podrían haberse hecho en las bermas enormes que hay y son tierra de nadie. O, más bien, de talleres, parqueaderos, negocios callejeros, basuras y desechos de todo tipo. Ni siquiera tiene andenes. Manifestaciones y protestas de los ciudadanos y vecinos y de los usuarios ya han brotado con justa razón y seguirán apareciendo”.

Al tiempo con esas líneas, el secretario de Movilidad de la ciudad y la alcaldesa sostuvieron que esa medida era inamovible, que por encima de lo que fuera sostendrían el “bicicarril” —como ahora llaman el espacio que les quitan a las avenidas principales sin hacer nada diferente a atornillar conos—, aunque su invento tenía colapsada la entrada occidental de Bogotá, a pesar de que lo habían impuesto luego de serios estudios que los llevaron a desembolsar mil millones de pesos, ya perdidos. Ante el caos y la ola de protestas con manifestaciones serias y justas empezaron a buscarle sondas de escape al asunto con agentes de tráfico auxiliares e impotentes, y luego proponiendo rutas alternas y contravías en las calles de Fontibón y las paralelas al aeropuerto, con lo cual no solo colapsaron la 13, sino todo el vecindario. Se ve que fueron concienzudos estudios los que adelantaron.

Con todo disimulo y en plenas “fiestas”, a la Alcaldía le tocó desmontar su bicicarril luego de la presión justa del gobernador de Cundinamarca, Nicolás García, cuyos municipios eran los más afectados. Él, muy cortésmente, dijo que había logrado una solución concertada, que expresó así en los textos oficiales: “Se construirá la ciclorruta en el sector de ‘la playa’, donde están ubicados los talleres y donde hay escombros. Se ha limpiado el lugar y se ha utilizado de una manera adecuada para que sea nuestro bicicarril”. Las obras empezaron el 4 de enero y las entregan el 7 de mayo. Parte de eso es verdad porque desmontaron el esperpento. Lo otro está por verse, pero ojalá se cumpla.

Queda sí otra gran duda, que es la de fondo. Dijo: “Es una solución temporal. Trabajamos para que la obra a mediano y largo plazo sea volver a construir esta importante vía (¡) que beneficia a la ciudad y al departamento”. Ahí quedamos con el freno de mano templado porque si el proyecto de la autopista del norte se demorará siete años, desde cuando arranquen, cosa que no ha sucedido, en este, que está en meras palabras, el plazo puede ser infinito teniendo en cuenta cómo hasta ahora se ha medido el tiempo entre los anuncios y las realidades, y más con esta alcaldesa que cada media hora gobierna en contraflujo y avanza como los cangrejos. Por lo menos, en esta ocasión quien se comprometió con las obras fue el gobernador del departamento obrando en territorio ajeno, funcionario que ha mostrado ser dinámico y lógico.

Quedaron muchos males innecesaria e irresponsablemente causados. ¿Cuántos millones de toneladas de gases tóxicos se emitieron en esa vía con miles de camiones avanzando a un kilómetro por hora, con los motores encendidos, hacia una de las zonas ambientales más críticas de la ciudad? ¿Cuánto costó ese combustible? ¿Cuánto tiempo productivo perdieron las personas sentadas en los buses y automóviles? ¿Cuánto daño les hicieron a los residentes de los barrios que se quedaron entubados en sus casas por los trancones? ¿La plata perdida? ¿Deberán responder de alguna manera?

Que esta lección y agachada de cabeza les sirva para revisar la funcionalidad de todas las otras ciclovías que hicieron aprovechando que la gente estaba encerrada en sus casas, que el tráfico estaba disminuido, y que serán también muy traumáticas cuando la ciudad camine en su vieja normalidad.

 

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