Columna del Director

La guerra es de doble vía

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania, y las consecuencias que esto supone en el resto del mundo y, por supuesto, en la industria automotriz.

Por José Clopatofsky

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Como todos, vemos aterrados la barbarie desatada por Rusia en Ucrania. No tiene explicación ni justificación que no haya forma de arreglar esos desacuerdos con herramientas diferentes a las bombas, bellos edificios rotos, aeropuertos anulados, residencias de miles de personas en llamas, gente huyendo con sus pertenencias en un talego y los hijos al hombro. Y miles de muertos que se quedan acumulados en el camino de este oscuro capítulo de la historia. 

“Occidente” ha respondido con medidas de bloqueo en vías aéreas, transacciones financieras y compras, rechazo a las empresas rusas y sus inversiones en todo el mundo y hasta inmovilizando los yates de sus magnates que están fondeados en los muelles del jet set, expulsando a sus equipos deportivos, cancelando la F1 y muchas otras medidas de escritorio que si bien inciden directamente en el funcionamiento económico y social de Rusia, también rebotan negativamente en el resto del mundo. 

En materia de carros, Ucrania tiene un papel proveedor esencial en Europa. Por ejemplo, suple los arneses eléctricos de todo el grupo Volkswagen, léase además Skoda, Audi, Seat y Porsche, cuyas plantas están paradas a la hora y día de este escrito. Colapso que se suma a los 4.000 carros que se fueron al fondo del Atlántico con todo y el barco que se incendió. En ese mismo problema están BMW, Ford, Bosch y más empresas ligadas al automóvil. 

Pero esos son apenas detalles del nuevo mapa económico que se está delineando para el sector. Ucrania produce el 40 por ciento del paladio del mundo, elemento esencial para los catalizadores de los vehículos. Un 11 por ciento del níquel global sale de allá para hacer el acero inoxidable de las baterías de los carros eléctricos. Rusia aporta el 4 por ciento del cobalto de esas mismas pilas y también es proveedor importante del vanadio y el cobre que son esenciales para construirlas. Sus precios ya están disparados, como los del petróleo, y ese sobrecosto irá al cliente en las vitrinas, por lo cual los carros nuevos van a subir indefectiblemente. O sea, las consecuencias de la guerra verdadera también afectan al mundo del escritorio. 

“La escasez de los microchips se puede recrudecer porque Rusia y Ucrania son los mayores exportadores de neón, paladio y platino, elementos críticos para hacerlos. El 90 por ciento del neón que se usa para la litografía de esos microprodigios del mundo digital es ruso y el 60 por ciento se purifica en una planta en Odesa, Ucrania”

Muchos países de Europa y sus industrias dependen de la energía de Rusia y hay oleoductos bloqueados, lo cual incide en el funcionamiento de las plantas de Rusia misma, donde Renault tiene grandes instalaciones y es dueña de Lada, el producto emblema de esas regiones.  

Hoy todavía están vigentes los efectos de la escasez de microchips para las muy diversas operaciones sistematizadas de los automóviles cuando la pandemia cerró muchos centros de producción y esto se refleja en la carencia actual de vehículos nuevos. Pues el asunto se puede recrudecer porque Rusia y Ucrania son los mayores exportadores de neón, paladio y platino, elementos críticos para hacer los microchips. El 90 por ciento del neón que se usa para la litografía de esos microprodigios del mundo digital es ruso y el 60 por ciento se purifica en una planta en Odesa, Ucrania. Suplirlo de un día para otro es imposible y los inventarios conocidos de esos proveedores no dan para más de dos semanas. 

Hay paradojas. Ucrania es la nación más pobre de Europa, a pesar de su riqueza. Datos que circulan ahora en abundancia sobre su economía dicen que es el primer país de Europa en cantidad de uranio por explotar y décimo del mundo en reservas de titanio. Es el segundo depósito más grande de hierro del globo y séptimo en posibilidades de carbón. Es el primer país de Europa en tierra cultivable de donde sale la cebada, que lo clasifica como el cuarto exportador mundial de este cereal; es el quinto en las tablas de centeno, octavo en producción de abejas y noveno en cantidad de huevos de gallina y tiene unas jugosas posiciones comerciales que marcan en las estadísticas internacionales. Es el primer productor europeo de amoníaco, tiene el cuarto sistema de gasoductos y figura como el octavo en instalaciones nucleares. Después de Estados Unidos y Francia, es el mayor fabricante de equipos de localización, el tercer exportador del mundo de hierro, cuarto proveedor de turbinas para centrales nucleares y el mismo puesto en lanzacohetes. 

Y ni hablar de alimentos básicos: entre Rusia y Ucrania exportan el 40 por ciento del trigo del cual se surten muchas naciones, y este último país aporta la mitad del aceite de girasol que se consume en el mundo. Además, de allá proviene una enorme dosis de los fertilizantes agrícolas. 

Por algo los rusos lo quieren a sangre y fuego, por eso hay que defenderlo junto con sus ciudadanos, que son su mayor patrimonio.

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