Columna del Director

La tribuna está caliente y toreada

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre los eternos problemas de la capital y sus siempre lejanas soluciones.

Por El Tiempo

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

Tema inevitable. No tanto por la ampliación de los horarios del pico y placa en Bogotá, que ha recibido toda suerte de reproches, sino por el trasfondo que destaparon las destempladas y arrogantes declaraciones de la alcaldesa López, conminándonos a vender los carros y amenazando a los motociclistas. Fueron más que algo anecdótico y no se pueden borrar con un trino burlesco.

Su inoportuno lenguaje desató una pintoresca cadena de memes –que dicen más que estas líneas– azuzada por su estilo y el “tonito” que refleja su efervescente personalidad. Agregarles lija fue bastante más que desafortunado, como se autocalificó.

La gente de los carros, buses, busetas, camionetas y camiones está hasta la coronilla con los trancones, y ofendida por la falta de soluciones. No las hay a primera vista ni a largo plazo, porque la planeación de la ciudad es obtusa o se reduce a anuncios de estudios que, con cada alcalde, cambiaron de sentido o urgencia, mientras corrieron los años y crecieron los problemas. Pero quien tiene el turno de la camiseta debe aguantar los chiflidos de la tribuna, que está caliente y toreada.

Las alternativas no son conciliatorias ni contemplan un desarrollo armónico de las necesidades de movilidad. Culpar del problema a 500 frentes de obras, si estuvieran activos simultáneamente, no es un argumento esencial para desarticular toda la ciudad que, si va a progresar, tendrá que estar en obra durante otros 50 años para descontar su atraso. Si alguien debe ir a alguna parte y cruza por esos sitios sabe a lo que se atiene, y reducir los carros no aliviará el trancón puntual. Solo cambiarán el tamaño de la fila y la espera.

La administración debe solucionar problemas peores como el trancón peatonal, que es el más grande e injusto, en los puentes de TransMilenio. Allí, como en las ciclorrutas, el covid y los bandidos acechan impunemente, mientras la alcaldía muy “amablemente” nos invita a usarlos como gran solución. Tampoco los arregla amenazando a los motociclistas con peajes y pico y placa. Ellos, menos mansos que los pacientes automovilistas, ya le advirtieron a la alcaldesa que no se meta con sus sistemas de movilidad y trabajo, con media hora de bloqueo. Ya quedó advertida, y un día de estos el automóvil también se va a manifestar porque ahora nadie tiene un carro por gusto o placer, sino por absoluta necesidad.

El Gobierno se escuda conminando a la gente a moverse en medios públicos malos e insuficientes, que solo cubren algunos destinos, o en alternativas de dos ruedas impracticables para muchas personas por condición física, edad, distancias, clima, malas rutas y la rampante inseguridad.

El nuevo horario, inútil e innecesario hasta las 9 de la noche y traumático al cortar el tiempo libre del mediodía, motivó que más de 13.000 personas hayan tenido que comprar la exención. No madrugaron felices a pagar varios millones para circular cuando está prohibido. Son parte de una cantidad de ciudadanos y empresas perjudicadas que tuvieron que recomprar el espacio que les quitaron para sus rutinas de negocios, trabajo, transporte y necesidades personales. Otros optaron por “reciclar a las tías de la familia” para justificar el carro compartido que, abonemos eso, es una buena medida, esta sí gratuita.

El impacto negativo del horario en la economía y el funcionamiento de los hogares es enorme por el transporte escolar o la invisibilidad de los papás que estarán saliendo a las cinco de la mañana y regresando a las 10 de la noche. En nuestra área, los talleres están supeditados a trabajar menos de la mitad del tiempo porque ahora los autos se quedan tres días ocupando el espacio productivo, como parte de la afectación al comercio general y los servicios.

Otro debate es sobre el cierre de carriles en algunas de las pocas calles anchas que hay para darles espacio a las bicicletas, donde hay alternativas paralelas viables, seguras y funcionales. Está muy bien y es necesario que haya vías para todos, pero que se repartan de manera proporcional y estudiada. No es regando maletines anaranjados y bolardos, que a los pocos días ya no están en sus sitios porque no obedecen a un esquema trazado con las seguridades debidas para autos, ciclistas y peatones. Ni hablar de los abandonados y fracasados parqueaderos para patinetas o de los bloqueos por los estacionamientos pagados que han tenido mínima ocupación, la cual indica su incorrecta planificación, en lugar de hacerlos en calles secundarias vecinas, que prestan el mismo servicio.

Hay nuevo secretario de Movilidad. Dijo: “Si no escuchamos y entendemos las necesidades de quienes están todos los días saliendo a la ciudad, no podremos mejorar”. Un lenguaje mejor maquillado.

La primera enterada debe ser la alcaldesa. Ojalá esté de acuerdo.

 

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