Columna del Director

Otro salón que se fue

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla de las causas que llevaron a que se cancelera el Salón del Automóvil de este año.

Por José Clopatofsky

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

Había ilusiones entre los miles de asistentes usuales al Salón del Automóvil de que este año la feria volvería en el tradicional mes de noviembre. Sin duda, ha sido en el pasado un gran certamen con positivos resultados para el mercado y un gran momento de contacto para el público con las últimas novedades y ofertas del sector. Así no fueran a comprar, las “familias Miranda” son parte de la vida del automóvil, pues muchas poseen carros usados, quieren uno nuevo, hacen ilusiones y cuentas, y para esa multitud el Salón es una posibilidad de ir con los hijos y parientes, de comparar, de criticar, de destacar, de aprender y, al fin de cuentas, como mínimo, de pasar un día diferente, ilustrativo e interesante. 

Pero todo cambió. Las pandemias de la salud y la de los chips, los contendores escasos, los transportes y las monedas cambiando de valor al alza y el encierro cambiaron muchas cosas, entre ellas una que le pega directamente al salón: la gente aprendió y busca más en línea los carros, investiga y averigua más de cada modelo en la pantalla que en un hall atorado de gente, compara con más rapidez y desde su casa. Hasta consulta y se entera de la vitalidad y salud de los carros en los foros de los usuarios. A la vez, los concesionarios y las marcas lubricaron rápidamente esos canales de contacto y cuando las personas llegan a las vitrinas, que siguen siendo indispensables, van con más de la mitad de la decisión tomada. Es decir, el computador es un salón privado, permanente, ágil y útil a la hora de explorar las ofertas de vehículos. Se pueden ahorrar la “patoneada” bienal, y eso lo saben los expositores. 

Ahora vienen las consideraciones del sector. Los carros nuevos están demorados meses y los que hay pasan del barco a la matrícula en pocos días porque están vendidos. Muy pocas marcas tienen entregas inmediatas, pero en general no hay inventarios costosos de financiar, los concesionarios trabajan al contado, cero descuentos y las finanzas han fluido muy positivamente, sumando las utilidades que han podido sacar en el desorden de los precios de los usados. 

No se puede leer la cancelación del Salón como una crisis del sector. Aunque no está en grandes cifras, este año se podrían vender unos 265.000 vehículos, que serían 15.000 más que en el 2021, que fue un periodo regular por los efectos de los paros y de los suministros. En estas épocas es mejor la consistencia de la demanda que los picos ocasionales y trabajar eficientemente en el nuevo tamaño de las operaciones, lo cual ha sucedido. Si miramos el mundo de la movilidad, las motos, que hacen parte de todo este rodaje, pueden superar las 800.000 ventas, muchas de las cuales podrían haber sido de autos, mediando mejores condiciones viales y por lo menos una persecución estatal menos descarada.

"La industria tiene que cobrar más por sus productos para poder financiar el costoso paso hacia la electrificación" 

Hay que citar también como un freno externo la mirada más escrupulosa de las financieras para prestar plata, al calibrar las consecuencias de la pandemia, el desempleo, el cierre de negocios, la inflación y la desaceleración de muchos sectores, cruzadas con el aumento de los precios de los carros nuevos y usados y los insumos como los combustibles y los inclementes impuestos que taladran los presupuestos familiares. De hecho, la publicidad financiera que hace unos años estaba por encima de las cilindradas, las potencias y las especificaciones de los carros está, por ahora, casi desaparecida. 

Bogotá se suma a una lista de salones muy encopetados que están en pausa, cancelados o en proceso de lenta resurrección: Ginebra, París, Fráncfort, Detroit, Bruselas, Tokio son algunas ciudades mayores cuyas muestras están en ese inventario, para no citar numerosos pequeños eventos de otras capitales del mundo, que engrosan esta nueva fase del mercadeo del motor. 

Nuestro salón, que era sostenible por ser feria, lo cual no sucede en todas las pasarelas donde la exhibición es institucional, sin comercio, pasa por ahora al mundo de la expectativa y la futurología, mientras todo este reajuste mundial se da y se estabiliza. Muchos hablan de un bache de al menos tres años, que ahora es más agudo por el impacto económico de la guerra en Ucrania, y probablemente cuando el escenario se despeje y estabilice será muy diferente, con autos mucho más caros al estar colgados de las monedas internacionales, enfocados en la hibridación para gozar del alivio tributario, combustibles a precios muy elevados y la movilidad más colapsada.  

Hoy, todo cabe en los pronósticos, pero esa es la tendencia porque la industria tiene que cobrar más por sus productos para poder financiar el costoso paso hacia la electrificación.

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