Columna del Director

¿Qué va primero, el carro o el enchufe?

En su columna de la más reciente Revista Motor, José Clopatofsky habla sobre cómo los carros eléctricos van sobrados mientras que la infraestructura para su carga todavía está quedada.

Por José Clopatofsky

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José Clopatofsky

José Clopatofsky

La voz del lector es una de nuestras fuentes esenciales. Por ello, desde el primer número de MOTOR –y vamos llegando a los 800, en dos entregas más–, las cartas que nos envían con consultas, quejas, críticas y también a veces reconocimientos, nunca han dejado de aparecer. Como director de la revista siempre las he contestado personalmente, desde cuando había que hacerlo por correo estampillado.

Un lector, ahora por el expedito email, nos contó las peripecias que ha tenido que afrontar –sin que sepamos si pudo superar los problemas– para que los copropietarios de su edificio permitieran la instalación de los acoples para cargar su carro eléctrico. Han llegado más cartas, no solo de Bogotá, sino también de Medellín, donde, además de estas trabas, una persona que logró que su estación registrara el consumo en el contador de su apartamento, está sorprendida por el incremento de la factura cuando lo que predican quienes venden los carros es que cuesta menos “tanquearlos” con cables que con líquido. Esto se sale del manejo de la marca porque es cosa del proveedor de la electricidad, y podría ser un caso aislado, pero con opciones de difundirse. 

Varios lectores reportan haber llevado a los técnicos de la empresa de energía para que les expliquen a los residentes que eso no afecta la seguridad ni la integridad de las redes de la unidad ni tampoco le van a clavar la cuenta de la recarga a la comunidad. Por supuesto, en muchos lugares el sentido común y las buenas prácticas del vivir comunitario de las personas se han impuesto, pero, como todos lo sabemos, no falta la balota negra en ocasiones. 

Claro que este no es un problema universal en el momento, pero sí se puede generalizar y convertirse en un obstáculo para la difusión de los autos electrificados, sobre todo en edificios donde las acometidas son complejas hasta los sótanos o cuando tienen contadores en el propio apartamento que obligan a cableados extensos en las zonas comunes.

"Estamos en el dilema eterno de la prioridad entre el huevo y la gallina, aunque en el tema de la electricidad tienen diferentes matices, ya que uno es el negocio de vender la energía y otro el de fabricar vehículos que la usen. En el segundo, la industria va sobrada"

No hay recursos legales evidentes para que una persona pueda exigir que le permitan instalar su estación. Lo único que rige, pero en vías de implementación, es que todas las nuevas construcciones deben tener las preinstalaciones en los estacionamientos para evitar este impasse que hoy existe. 

La carga doméstica es esencial para que el auto electrificado se difunda, dado el enorme atraso de la infraestructura de estaciones públicas y sus deficiencias. No hablamos de Colombia, donde este alambrado es menos que incipiente, precario, sino del resto del mundo, cuyas redes de recarga son insuficientes y poco fiables. 

Investigaciones de fondo hechas en Estados Unidos y Europa (cuyos links les adjuntamos para que no se nos tilde de propiciar cortocircuitos en este asunto) indican que la confiabilidad de los cargadores públicos deja mucho que desear. En California, mata de la cultura cero emisiones, un estudio mostró que una cuarta parte de la red pública no funciona. Conectores dañados, cables insuficientes, cobros incorrectos o métodos de pago inoperativos, poco mantenimiento o turnos de horas para obtener algo de corriente, son un problema disuasivo para quienes desean un carro eléctrico que, además, puede tomar muchos meses para la entrega. Lo mismo pasa acá en centros comerciales donde hay aparatos que no funcionan, carros que los dejan vegetando todo el día enchufados, baja entrega de la energía y, en suma, un servicio poco seguro y muy engorroso. Para no hablar de que si este fenómeno se da en carretera cuando una persona encuentra la estación dañada, el colapso de su viaje es total e imprevisible.

Si se quiere que esta nueva generación de autos prospere y se difunda, una vez sus precios sean más racionales y no se compren para escampar pico y placa, el nuevo gobierno que tanto habla de secar la producción de los combustibles que se necesitarán en mayores cantidades a las actuales hasta el año 2050 –según calculan los expertos mientras se extinguen los motores de combustión a punta de leyes, que son bienvenidas mientras las alternativas sean confiables– tiene que empezar por crear estas redes de apoyo aprovechando las experiencias de los problemas de otros países, en lo bueno y en las dificultades. 

Hoy, hasta los cargadores exclusivos de Tesla tienen problemas, aunque menos evidentes que los genéricos, por lo cual hay suficiente material probatorio de los problemas y enemil testimonios de usuarios que las empresas de energía locales deben validar para que el infantil crecimiento de las redes se acerque a una adolescencia sana y confiable y progrese con las debidas vacunas. Porque de momento, para un potencial interesado en el carro eléctrico probablemente sea más importante pensar en el enchufe que en el vehículo, si dejamos que esa epidemia nos contagie con mala infraestructura y aparatos contaminados por problemas ya conocidos por sus fabricantes. 

Estamos en el dilema eterno de la prioridad entre el huevo y la gallina, aunque en el tema de la electricidad tienen diferentes matices, ya que uno es el negocio de vender la energía y otro el de fabricar vehículos que la usen. En el segundo, la industria va sobrada. 

https://arstechnica.com/cars/2022/07/electric-cars-are-doomed-if-fast-charger-reliability-doesnt-get-better/
https://papers.ssrn.com/sol3/aperscfm?abstract_id=4077554
https://www.greenbiz.com/article/its-time-address-big-issue-ev-charging-reliability

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