Columna del Director

¿Se acabará la feria de los pases?

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre el proyecto de resolución que busca controlar y hacer seria la entrega de licencias de conducción en Colombia.

Por José Clopatofsky

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Finalmente, el Ministerio del Transporte, después de anuncios y pedidos que ajustan no solo años, sino varias ministras, ministros y gobiernos, sin contar el tobogán de la Agencia de Seguridad Vial, publicó un proyecto de resolución para controlar y hacer seria la entrega de licencias de conducción de todo tipo de vehículos.

Es más que urgente frenar esa enorme fuente de trucos, de exámenes de papel, cursos ambulatorios sin mayores validaciones, entrega del pase de moto sin importar la edad, experiencia o capacidad del solicitante como parte del precio del vehículo, y podríamos llenar este espacio con todas las falencias que esos procesos tienen en el país.

La reforma a la feria de los pases ya está corriendo las etapas de “socialización” en el mural del Ministerio y debería aprobarse en poco tiempo, si no se atraviesa alguna objeción o imperfección en el proceso, que debería tener una ruta fluida hasta su sanción y puesta en marcha.

Según lo reseñamos en la sección de Vehículos hace unas semanas, textualmente el nuevo reglamento dice que “para obtener la licencia de conducción por primera vez, los aspirantes deberán pasar varios filtros, entre ellos, un examen teórico en el cual se pondrán a prueba sus conocimientos sobre normas de tránsito, señales, seguridad vial y del vehículo. Para esto se creará un banco de preguntas, el aspirante deberá responder 40 y aprobará el examen con el 80 por ciento de respuestas correctas”.

Además, “deberá someterse a dos pruebas prácticas, una en pista y otra en terreno, en las cuales se evaluará su pericia al conducir un carro o una moto y la forma como se desenvuelve en medio del tráfico. La categoría de la licencia que se les entregue a los nuevos conductores dependerá de sus calificaciones y de su idoneidad y, en todo caso, los novatos tendrán algunas restricciones”.

Todo esto suena tan bien como impensable que el asunto no tuviera un reglamento del cual se habla desde hace más de diez años, lo cual es una clara muestra de laxitud de quienes han tenido esa responsabilidad en el pasado.

 ¿No es posible que exijan el casco y una luz de posición a todos los ciclistas, con lo cual se evitarán cantidades de accidentes, atropellos y muertes? ¿será mucho pedir?

Se complica el tema con la parte final del proceso, en el cual el aspirante que haya calificado en las partes teóricas deberá, antes de 30 días después de ser notificado como idóneo –en el papel–, presentar un examen práctico de destreza individual en una pista cerrada al tránsito y luego sí en las vías. Las pruebas se harán en los Centros de Apoyo Logístico de Evaluación (Cale), que a su vez tendrán que acreditar su idoneidad y disponer de instalaciones físicas, pistas de prueba y vehículos. De esto nada existe ni el proyecto contempla cómo se van a crear, funcionar, registrar, homologar y financiar, por lo cual es altamente probable que la bandera continúe izada durante mucho tiempo antes de que el proceso funcione cabalmente.

Comienzo tienen las cosas, aunque este banderazo llegue cuando ya han muerto miles de personas en las vías, especialmente en motos, en desastres que en muchos casos podrían haberse evitado si las licencias se entregaran con algo más que el recibo de la luz de la residencia.

Visto este mecanismo de regularización y control de un elemento tan esencial en la vida de hoy como es el pase de conducción que, por ejemplo, en Estados Unidos es la misma cédula, y que a través de una simple resolución que pudo hacerse hace mucho más de una década, se pregunta uno, ¿por qué el código de tránsito sigue siendo un mamotreto obsoleto a cuya lectura y enmienda le tienen terror quienes están en el deber de actualizarlo?

Por supuesto entre nosotros siempre hay una razón legal para que esto se frene, y es que el código es una ley de la República que solo el Congreso puede modificar. Pero nunca los legisladores le han metido mano por su propia iniciativa, salvo algún retoque no siempre oportuno ni técnico o lógico. Menos mal porque ahí aparecen toda suerte de zancadillas y lobbies, ya que en el Capitolio y en las comisiones tienen asiento los actores del transporte y sus corresponsales parlamentarios. Tampoco el Gobierno, este ni los previos, ha presentado su propuesta, que urge.

Pero ya que estamos hablando de esta vía regulatoria por resolución, se pregunta uno si no es posible que se expida una norma concreta y exacta que exija el casco y una luz de posición a todos los ciclistas, con lo cual se evitarán cantidades de accidentes, atropellos y muertes. ¿Será mucho pedir? ¿Para eso necesitamos convocar una constituyente? ¿O seguir contando cínicamente desgracias evitables?

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