Columna del Director

Temas livianos

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre lo que habría detrás de la idea de traer a la Fórmula 1 a Colombia.

Por El Tiempo

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No siempre cuando hay que acometer la tarea quincenal de hacer esta columna hay temas efervescentes que obliguen al recorrido crítico de situaciones o decisiones que afectan a quien tiene un vehículo acá.

El hecho de que esta vez camine por temas banales no implica que todo cuanto hemos denunciado, comentado o criticado se haya arreglado o corregido. Pero como el Estado y todo su andamiaje, desde el Palacio de Nariño hasta las modestas sedes municipales del poder, pasando por ese infinito enjambre de entidades y asesores, agencias, institutos, ministerios, convenios, consejeros, expertos y contratistas, van en una enorme contravía de las necesidades, las tecnologías y las soluciones de sentido común que la movilidad requiere, pues cada vez podríamos repetir el texto anterior porque acá poco se arregla o mejora.

Decía banalidades porque luego de dos pasadas por el famoso túnel que conecta a Medellín con Rionegro (son dos) encontré por primera vez una señalización lógica y técnica. Primero, la velocidad mínima es 70 por hora, muy decente y lógica, y eso que son de doble vía. Además, en repetidos avisos originados en radares conminan a quien va despacio a ¡acelerar! En las vías de acceso, en montaña, la velocidad mínima es de 80.

En contraste, el túnel del Sumapaz que hay en la autopista entre Girardot y Bogotá solo autoriza pasarlo a 40 kph, y eso que es de doble carril, y la carretera de los alrededores tiene límites de velocidad municipales.

¿Quién establece esas condiciones para situaciones similares? ¿Hay una norma técnica? Por supuesto se ve que no existen criterio ni conocimientos, salvo para poner comparendos. ¿El Ministerio deja que cada concesión haga lo que le parece cuando las reglas de funcionalidad de las vías son nacionales y deben ser simétricas y consistentes y no un reguero de señales, estúpidas muchas? Ni idea cómo funciona eso, claro, porque no funciona.

Otra cosa, no tan banal, es el desarrollo de la posibilidad de hacer una carrera de la Fórmula 1 en las calles de Barranquilla, en el 2024. Al principio se tomó como ‘una arenosa idea’ del alcalde (fue mi título inicial en EL TIEMPO), ratificada por el propio presidente Duque, pero luego el Automóvil Club de Colombia –que representa a la FIA y por ende a la parte deportiva de la F1–, en un comunicado afirmó que apoya cualquier iniciativa de este género, es su obligación, con lo cual tácitamente reconoce estar al tanto de que hay un movimiento formal alrededor del tema. Este proviene del trabajo de un grupo empresarial extranjero, con apoyo colombiano, que sustentaría el colosal proyecto que, en solo derechos anuales, implica pagar 40 millones de dólares, sin hablar de armar el circuito y la infraestructura, con lo cual el evento anual asciende fácilmente a 100 millones de verdes que, a los 4.000 pesos de hoy, son una cifra insostenible localmente e impensable con fondos públicos.

La realidad, consultada con periodistas ingleses amigos que están en los ‘pits’ de estos movimientos, es que Liberty Media, dueña de la parte comercial de la F1, anda buscando con afán otras sedes para tener la posibilidad de vender más orígenes de televisión, pues su recaudo hasta la fecha no ha sido positivo y está perdiendo plata. O no está ganando. Liberty es una corporación de Estados Unidos, con grandes intereses en medios, propiedad del magnate John C. Malone, que en el 2016 le pagó al anterior dueño comercial de la F1, CVC Capital Partners, 4.400 millones de dólares por la parte comercial del campeonato para revender los derechos de TV y publicidad de las pistas, sacar su utilidad y repartirles a los equipos. Malone es el número 98 en la lista de megarricos de Forbes en su país con una fortuna calculada en 98.000 millones de dólares, de los cuales el valor de 8.500 kilómetros cuadrados de tierras es una parte importante del capital. Las haciendas suman más área que todo el departamento de Caldas y es el terrateniente más grande de los Estados Unidos.

Para ganar, Liberty necesita que la F1 sea un espectáculo más cosmopolita que crezca la sintonía mundial de TV y así poder cobrar en sedes capaces de sostener una operación de F1. Suena lógico, al menos geográficamente, proponer una escala cuando el circo sobrevuela Barranquilla viniendo de México rumbo a Brasil.

En ese proceso, Argentina fue considerada como otra eventual alternativa, pero al parecer declinó la oferta, y Panamá tiene una candidatura débil, pero aún al aire.

Tema en construcción.

 

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