José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Y el aeropuerto de Villavicencio?

“Y pensar que hace unos años, la gran propuesta fue hacer el aeropuerto alterno al de Bogotá en Villavicencio".

10:16 a.m. 25 de junio del 2019

¿Qué no se ha dicho, escrito, visto, criticado, comentado, lamentado, especulado, pontificado, sufrido, mal explicado, injustificado y tantos adjetivos y verbos que aplican a esta penosa situación de la carretera llamada “del llano”, que comunica a dos Colombias, cuyas principales ciudades distan apenas 117 kilómetros que podrían cubrirse en dos horas y media?

De todo, y lo que falta por oír, ver y leer, porque finalmente un cerro herido por encima y cortado en su parte visceral se desplomó sobre la vía que hoy es un enterrado cordón umbilical con pocas perspectivas de resurrección.

No hay que ser geólogo, ni ingeniero, ni experto en el manejo de estos temas para juzgar que esa cantidad de tierra difícilmente se podrá domesticar, porque a medida que le saquen las bases que ahora se apoyan en lo que era la carretera, pues más material seguirá bajando, porque lo cierto es que la montaña es tan frágil como un castillo de naipes. Eso se ve y se deduce de las tomas de la televisión, cuyos drones son los únicos vehículos que operan sin riesgo en la zona.

Hablan de tres meses de cierre para destaparla, lo cual es un tiempo muy incierto, porque una vez que logren abrir un camino, será realmente escalofriante pasar por el lado de esa montaña que está pegada con babas que se adelgazan con cualquier aguacero como los que se pronostican para ese mismo periodo, y por siempre, porque nunca hemos oído de verano en esa cordillera. También es una tarea heroica para quienes tomen el riesgo de remover esa mole con máquinas que parecen cucharitas de tinto escarbando un bulto de arena.

Dejemos ese derrumbe como monumento a los múltiples errores y falencias que están detrás de esta catástrofe que se puede fotocopiar en muchos otros puntos de la carretera más intervenida, costosa y publicitada –para bien y para mal– del país, que está montada sobre un terreno imprevisible que se ha comido puentes, pueblos, túneles y caminos, y los seguirá atacando mientras no se hagan unas obras que estén por encima de estas contingencias y lejos de esos cerros inestables.

Hay que agradecerle a esa carretera, la de antes y la modernizada de ayer, todos los servicios prestados, pues ha funcionado fielmente dentro de sus limitaciones para el transporte vital del llano y hasta de ‘petrovía’, pues cuando estaba la exploración de Pacific en auge, los enormes camiones tanqueros la convirtieron en un oleoducto en ruedas que ayudó a minar su temblorosa estructura.

Esta catástrofe destapa otra: la de las vías alternas, de nivel secundario o terciario, que existen y a las cuales hay que agregarles la calificación de trochas por las imágenes que hemos visto de los vehículos haciendo físico ‘cross’ en los lodazales. Es una negligencia, falta de planeación y de consideración dejar toda esa llanura –que es una fuente de víveres, de carne, de turismo y, paradójicamente, la mayor productora de petróleo, de cuyos recursos vive el resto del país– colgada de una crítica carretera y sin alternativas reales y competitivas de movilidad.

La ‘vuelta’ que hay que dar para venir desde Villavicencio y sus afluentes hasta Bogotá es inverosímil. Las soluciones son infantiles: reducir el precio de los peajes cuando no los debían cobrar. Rebajar el precio de los combustibles en la ruta, para no recargar los fletes, con unas tiqueteras especiales. Hacer consejo de ministros en el Meta (si logran llegar) para tomar medidas que deberían haberse contemplado hace marras. Destinar plata para mover tierra indefinidamente. Tratar de proteger a un pueblo que está en riesgo de ser arrasado por el barro, el agua y las piedras, cuando lo único que cabe es evacuarlo en esta situación de cielos abiertos, porque una avalancha viene súbitamente y en cualquier momento.

Este gobierno hereda –y muchos otros precedentes lo hicieron en sus turnos respectivos– un problema latente y que no se ha atendido como debe ser, mientras paralelamente a la región se le han inyectado muchos aceleradores económicos que necesariamente fluyen por esa carretera. Es el momento de tomar medidas profundas y reales, como grandes viaductos, puentes o túneles que solucionen esto de verdad y para siempre, como sucedió con el venerable puente de Cajamarca en la carretera de La Línea, que se hizo en dos años, entre 1957 y 1959, sin los computadores, drones, ingenieros, ciencia ni la experiencia que existen 60 años más adelante, y sigue prestando un servicio fantástico. Es impensable que los diseños y las tecnologías de hoy sean tan débiles y cuestionables, al menos en las obras colombianas, que deberían renunciar a su ostentoso calificativo de 4G.

Y pensar que hace unos años, la gran propuesta fue hacer el aeropuerto alterno al de Bogotá en Villavicencio y nos comimos durante mucho tiempo ese cuento de que el llano estaba a la vuelta de la esquina y se llegaba en taxi con las maletas para salir hacia Europa o Estados Unidos. Hoy, la pista del aeropuerto Vanguardia solo funciona en el día para aviones pequeños y están autorizando vuelos con mayor capacidad en la base militar de Apiay. Es otra muestra de la falta de visión y compromiso de los gobiernos con esta región, que deben inventar un precario puente aéreo que desnuda toda la cadena de errores que hay detrás de esta catástrofe humanitaria, económica, técnica y vial. Agreguen adjetivos y abonemos nustra ingenuidad a este desastre.

FRASE
“Y pensar que hace unos años, la gran propuesta fue hacer el aeropuerto alterno al de Bogotá en Villavicencio y nos comimos durante mucho tiempo ese cuento de que el llano estaba a la vuelta de la esquina y se llegaba en taxi con las maletas para salir hacia Europa o Estados Unidos. Hoy, la pista del aeropuerto Vanguardia solo funciona en el día para aviones pequeños y están autorizando vuelos con mayor capacidad en la base militar de Apiay. Es otra muestra de la falta de visión y compromiso de los gobiernos con esta región, que deben inventar un precario puente aéreo que desnuda toda la cadena de errores que hay detrás de esta catástrofe humanitaria, económica, técnica y vial”.

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