José Clopatofsky
José Clopatofsky

Altímetros para la industria

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre cómo la industria automotriz podría, literalmente, 'tomar vuelo'.

03:49 p. m. 15 de junio del 2021

Durante la Segunda Guerra Mundial, casi toda la industria del automóvil tuvo que dedicarse a producir aviones para el conflicto en sus respectivos países. Tan solo un dato nos explica la magnitud de ese esfuerzo: Ford fabricó, además de otros aviones, 8.685 bombarderos B-24 Liberator en 1944 y entregaba un aparato cada 63 minutos. Previamente, en 1925, Ford también fabricó el 2-AT luego de adquirir la firma Stout y, entre 1926 y 1933, salieron de su planta 199 unidades del famoso Trimotor. En ese momento, el aeropuerto Ford en Dearborn era el más congestionado del mundo, el movimiento de pasajeros llegó a 450.000 en 1931 y a la par desarrolló las ayudas de navegación y comunicaciones, y hasta patrocinó un raid que despegaba y se cerraba en su campo y para el cual los pilotos seguían una ruta fija que estaba determinada en los techos de los concesionarios de Ford, que pintaron una flecha indicando el rumbo a seguir. Tal era el poder de Ford, en tierra y aire.

No quiero citar más casos del vuelo en formación que han tenido las industrias del avión y el automóvil porque es tal la convergencia que no acabaría. Solo un detalle más: el escudo de los BMW son las aspas de un motor de aviación.

Pero vengo al tema porque de nuevo la alianza renace. Ante la congestión de las ciudades, se están explorando nuevas formas de transporte utilizando el espacio aéreo, enorme, gratuito y, teóricamente, libre.

Hay una nueva categoría de aparatos voladores, eVTOL (Electric Vertical Take Off and Landing), sistema de ascenso y aterrizaje vertical, pero ahora trasladado a pequeños y silenciosos helicópteros que, gracias a los motores eléctricos y al desarrollo de las baterías, están en proceso de ser realidad.

Los promotores de los taxis voladores, más de 100 compañías formales y conocidas, han reunido ¡150.000 millones de dólares! para financiar sus productos en los próximos 15 años, reporta la firma analista PitchBook. El escenario es increíble y le dará un vuelco al uso de los aires, pues estiman que podrían hacer 50.000 unidades por año, cifra impensable en la industria aeronáutica.

En esas platas están las que vienen del automóvil. Stellantis, reciente grupo que forman Fiat, Citroën, Chrysler, Jeep, Peugeot y Opel, invirtió en Archer Aviation, no solo con cheques, sino con todo el apoyo industrial del grupo. Piensan tener sus taxis a la venta en un par de años.

General Motors expresó su deseo de poner la tecnología de sus baterías Ultium en estos aparatos, pero, de paso, está trabajando en el diseño del próximo rover lunar para la Nasa, en competencia con Toyota, que también quiere poner sus huellas en el satélite con vehículos de largo alcance tripulados por los astronautas. Volviendo a lo terrenal, Toyota puso 394 millones de dólares en Joby Aviation, y Hyundai creó su propia división para fabricar los eVTOL.

Esto define la realidad: el transporte no se puede resolver solo con automóviles. Necesita todos los medios terrestres posibles, pero el aire debe sumarse con aparatos baratos, fáciles de operar, en algún momento personales y hasta se han visto “hombres voladores” en los Alpes atornillados a un equipo fabricado por Airbus.

Estos taxis deberían arrancar en Los Ángeles, una de las ciudades más congestionadas del mundo. Proponer allí un transporte que no necesita más vías, semáforos, puentes, túneles, estacionamientos masivos y que no contamina, suena como una bendición.

La cosa va tan en serio que Archer ya recibió de United Airlines un pedido de 1.000 millones de dólares, básicamente para crear una red de eVTOL entre la ciudad y el aeropuerto.

Por supuesto, este tráfico necesita un control tan severo como el que hay en la aviación general y comercial, no solo en cuanto a pilotos, sino en materia de rutas, alturas y comunicaciones para que sea seguro y viable. También requiere aparatos que transporten bastante gente y que no sean una burbuja exclusiva para pocas personas.

Entretanto, los carros voladores también progresan, con un nuevo concepto: funcionan como el tradicional auto para ir al aeropuerto y desde allí despliegan alas. Ya hay varios certificados como el giroplano europeo de Liberty para dos personas, y la automotriz Geely de China, que es la mayor accionista de Mercedes y posee a Lotus, Lynk & Co, Proton y Volvo, también tiene a la conocida Terrafugia, cuyos carros alados ya lograron algunas certificaciones en Estados Unidos y van a la cabeza del movimiento. Por supuesto, estos juguetes individuales no despiertan el mismo interés que los taxis voladores, pero sí indican que la industria automotriz ya no solo tiene tacómetros y velocímetros, sino que juega con los altímetros para su desarrollo.

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