José Clopatofsky
José Clopatofsky

Andan los sucios y estacionan los limpios

“Posiblemente, aunque lo niegan categóricamente en el Distrito, estas medidas también han sido una base experimental para ampliar el pico y placa".

03:15 p.m. 19 de marzo del 2019

Nos han caído, en un abrir y cerrar de ojos y antes del primer estornudo, dos ampliaciones del pico y placa en Bogotá, sumadas a la novedad de que han sido decretadas para dos días de libre circulación como son los sábados y los domingos.

Por supuesto, en el planteamiento, quienes leen los sensores de contaminación de la ciudad –sobre cuya ubicación, precisión y calidad hay dudas– tienen argumentos muy contundentes para ponerles colores a las alertas, pero no necesariamente están acompañados por un peso similar de sus razones técnicas.

Partamos de un detalle: les adjudican a las motos una buena dosis de la culpa del material particulado que se mete y flota en el aire comunitario. Pues resulta que no existe ningún vehículo de estos con motor diésel, que es uno de los mayores emisores cuando están mal calibrados. Y no piensan que los gases de escape de una moto son una ínfima parte de lo que le aporta al problema cualquier exostada de un destartalado bus del SITP. Basta con comparar las cilindradas y la capacidad de escape de gases de un motor de 125 cm3 con uno de 8.000 o más. Esa es aritmética simple que los expertos ambientalistas deberían conocer antes de sacar con una firma en un papel a las motos de la circulación metiéndolas en el mismo costal de argumentos para las restricciones.

En otra proporción, pero también desproporcionada, paran a todos los carros particulares que tienen inyección del combustible calibrada por computadores, catalizadores que descomponen los gases de escape y, en un altísimo promedio, responden a las exigencias internacionales de emisiones, además de que un alto y gran porcentaje cumplen con las revisiones obligatorias, lo que no sucede con el transporte público. Bien lo han dicho bastantes expertos que surgen en estas discusiones, a quienes las cifras de las causas del mal ambiente los han llevado a enfocar sus análisis hacia una realidad evidente: los autos y las motos aportan solo el 11,8 por ciento de las emisiones contaminantes, luego no son los grandes culpables de que Bogotá haya amanecido unos días con natas en el cielo, causadas además por fenómenos más climáticos y de vientos que por las fuentes móviles de gases malos pasadas de revoluciones.

En fin, nadie se ha manifestado y más bien sumisamente y una vez más todos los ciudadanos aceptamos las órdenes que siempre pasan por castigar al usuario del automóvil y a calibrar en comparendos los resultados de esas disposiciones, en vez de medirlas en el meollo del problema. Por eso, pasan agachados y hasta con pena cuando los datos del aire en los inútiles días sin carro no muestran ninguna mejora. Al contrario, ha habido mediciones que delatan todo lo opuesto.

Posiblemente, aunque lo niegan categóricamente en el Distrito, estas medidas también han sido una base experimental para ampliar el pico y placa a sábados y domingos y extenderlo a jornada continua. Algo que en estas emergencias la gente lo ha soportado, pero no quiere decir que esté dispuesta a esa eventual ampliación de las restricciones, que en esos días causan enormes traumas en todos los órdenes de la movilidad de los ciudadanos capitalinos.

Está muy claro que las fuentes más nocivas son las grandes industrias que operan –no todas, claro está– por fuera de las normas y con otros combustibles que generan enormes dosis de malos gases. Supimos que sellaron algunas y al otro día seguían encendidas como si nada. Y también está claro que hay muchas de estas que no pueden apagar de un día para otro sus operaciones térmicas.

Y otra son los viejos buses de las rutas alimentadoras que los alcaldes no han podido sacar de circulación y, por el contrario, les autorizaron una absurda repotenciación que no pasó del plano cosmético de las cabinas, porque dejaron los mismos motores diésel de viejas generaciones, muy dignos de su conocido sobrenombre de ‘chimeneas’, a los cuales se suman bastantes ejemplares de la flota de Transmilenios, miles de camiones de todos los tonelajes en el platón y de humo por el tubo de escape y, en general, la gran mayoría de ejemplares rodantes que se mueven quemando ACPM, que es el mayor contaminante comparado con la gasolina.

A los ciudadanos les gustaría al menos oír que esa gran base de culpables del mal ambiente va a ser objeto de correctivos, que no deben ser diferentes –ahí sí– a impedir su circulación de por vida. Claro que es más que optimista pensar en que eso lo harán en un corto plazo si no ha pasado nada en el largo que ha transcurrido. Pero es que en esta ciudad no hay ningún plan concreto más allá de las conferencias de prensa al respecto. La chatarrización de esos buses es una mentira a la vista, la tecnificación de las flotas de transporte no es pagable con las tarifas actuales y sin que el gobierno de la ciudad invierta en ese asunto y trate de voltear un gran pecado que se cometió hace muchos años: entregarles a explotadores particulares un servicio público que es responsabilidad del Estado, como es el transporte.

Entretanto, seguimos en la mira de los enemigos del automóvil. Paradójicamente, en Bogotá, genéricamente se puede decir, andan los sucios y estacionan los limpios.

FRASE
“Posiblemente, aunque lo niegan categóricamente en el Distrito, estas medidas también han sido una base experimental para ampliar el pico y placa a sábados y domingos y extenderlo a jornada continua. Algo que en estas emergencias la gente lo ha soportado, pero no quiere decir que esté dispuesta a esa eventual ampliación de las restricciones, que en esos días causan enormes traumas en todos los órdenes de la movilidad de los ciudadanos capitalinos”.

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