José Clopatofsky
José Clopatofsky

Un año de once meses

En su columna de la más reciente revista MOTOR, José Clopatofsky hace un balance de lo que fue este atípico año lleno de incertidumbre.

04:04 p. m. 15 de diciembre del 2020

Está por finalizar este terrible 2020, durante el cual una epidemia puso al mundo en unas condiciones de dolor, incertidumbre, improvisación más que explicable, causando una recesión económica en todos los frentes de la vida.

Para el sector del automóvil –como lo dijimos cuando el país estaba parado y los agentes de contagio eran muy pocos y estaban identificados y localizados–, abril no existe en las ventas. Por fortuna, en estos últimos meses, cuando el país abrió la economía –en el momento cuando hay más casos y posibilidades de contagio rondando–, las ventas han reaccionado. No sin acusar los traumas de una recesión que empieza por los bolsillos de cada ciudadano.

Se venderán al final del año más unidades de lo calculado en los meses de ayuno, pero siempre con un retraso de unas setenta mil u ochenta mil contra lo esperado, lo cual es un descuadre inocultable. Unas marcas la han pasado peor que otras, pero a ninguna le ha ido bien y a todo el sector le tomará bastante tiempo volver a la normalidad, tanto como un par de años, mediando vacunas y protecciones efectivas.

Hagamos cuentas: un mes bueno, en esta época, sería de 23.000 carros vendidos, es decir, unos 766 diarios, contando con vitrinas abiertas los 30 días. Esto quiere decir que se negocian cerca de 95 vehículos por hora, y en todo abril apenas facturaron 217, es decir, lo que suman solo tres horas en el movimiento normal. Mejor (o peor) radiografía, imposible. Pero bueno, esto es llover sobre este invierno que nos remató y hay otras cosas por recordar de estos meses infectados.

Una esencial fue la caída final y estrepitosa de los fotocomparendos por velocidad que Bogotá quiso imponer saltando por encima de los conceptos finales e inapelables nada menos que de la Corte Constitucional y luego de que pasaran los meses durante los cuales el Congreso tenía la obligación de legislar al respecto, cosa que obviamente no sucedió. Más bien, en esos escaños se hundió otro proyecto tan ingenuo y oportunista como mal soportado del senador Barreras, que navegaba sobre esos mismos asuntos y que pretendía congelar toda la movilidad de las ciudades del país a 50 kilómetros por hora y poner airbags en las motos, que en el mundo no existen.

De ese cuento de las cámaras, que ahora solo pueden poner multas por Soat y revisión mecánica vencidos –porque estas responsabilidades sí son imputables a quien figure en la tarjeta de matrícula–, además de registrar en imágenes el comportamiento de los conductores y en estadísticas los movimientos del tránsito para poder “organizarlo”, queda una preocupación. ¿Hay un detrimento patrimonial al haber pagado 42.000 millones de pesos, nada menos, para comprar esas cámaras sin saber que sus funciones esenciales, como multar por velocidad, no eran legales? ¿No suena lógico que antes de armar todo ese andamiaje y rotularlas como las “salvavidas” –que lo son, nadie discute eso– hubieran consultado toda la viabilidad de esas acciones, encaminadas a imponer las multas cuyo recaudo fue una de sus justificaciones colaterales, pero igualmente importante para la implementación de esa operación? Hay entidades que deberían estar mirando esto como la Procuraduría, que en su momento también descalificó el proceso, y en la escala local los entes de control de la ciudad a los cuales les compete por oficio investigar el tema. Para esto, los meses de letargo y reflexión han debido serles útiles.

Por supuesto, ese fallo les cortó las garras a todos los sistemas de fotodetección que estaban instalados en el país disparando multas por velocidad a diestra y siniestra, con un jugoso y absurdo producido para los dueños de los aparatos y poco rédito para las ciudades. Gran logro.

Estas líneas son apenas unos trazos que nos dejan poner el retrovisor sobre este 2020, cuya pobreza servirá para que los próximos indicadores den en positivo. Pero, en cualquier caso, fue como perder el año en el colegio, la universidad o tiempo en una pista de carreras. Segundo perdido en una vuelta o semestre abortado en la vida, no vuelven.

Entre tantos balances y reflexiones, nosotros tomamos un respiro como siempre en estos fines de año, pues la revista solo reaparecerá el próximo 26 de enero. No cerramos sin desearles que todo lo que venga sea mejor y que lo sucedido no haya sido lo peor. Y si lo fue, mucho ánimo. ¡Codazo a todos y gracias por su compañía y fidelidad que nos han permitido seguir al aire!

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