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El otro país
José Clopatofsky
José Clopatofsky

Bogotá, medalla de bronce mundial en congestión

"Seguramente para los resultados de 2019 tendremos una enorme probabilidad de seguir subiendo en esta clasificación, ante ninguna solución"

05:21 p.m. 18 de febrero del 2019

Esta noticia no es sorpresa: Bogotá subió tres puestos en una clasificación mundial en la cual es ahora la tercera ciudad más congestionada del mundo. Pero no por la densidad poblacional humana y vehicular, sino por el embudo y desastrosa planeación de sus calles. Les va peor a los de Moscú y Estambul, pero los habitantes del resto de urbes del mundo nos deben ver con compasión, y peor cuando nos proponen salvarnos de este nudo a punta de pedal.

Anualmente, la consultora internacional Inrix publica sus estudios sobre el comportamiento del tráfico mundial y se detiene prolijamente en el análisis del rodaje en las grandes ciudades. Reunieron 500 terabytes de datos (eso es una cantidad enorme que necesitaría por lo menos 500 laptops de alta capacidad solo almacenarlos) que provienen de 300 millones de diferentes fuentes que cubren el funcionamiento de 8 millones de kilómetros de vías. Proporcionalmente, para el resultado del trancón bogotano la cifra es mucho más calamitosa porque nuestro aporte de kilómetros de calles decentes y puentes es mínimo. Este estudio llega a la minucia de saber el comportamiento por minuto de cada vía. Con razón nos va tan mal, porque hasta en el ‘día sin carro’ hay trancones.

Un bogotano que usa su automóvil porque no hay alternativas de transporte masivo eficientes y no puede pedalear 30 kilómetros diarios ni someterse a la inseguridad ni al clima, cuando no a la contaminación que significa respirar el aire tan perverso que hay en ciertas zonas donde se amontonan los buses, pierde 272 horas productivas al año sentado en su carro, la mayor cantidad de tiempo pérdido en trancones del mundo, armado de paciencia para mitigar el desespero. Es una docena de días menos durante los cuales podría estar en tareas diferentes a jugar con el embrague y atisbar el constante roce de las motos contra sus espejos. O los empujones de las ambulancias que ahora abundan, muchas de ellas sin enfermo a bordo y que andan a la caza de incidentes para cobrar los peajes que les dan en las clínicas que viven del cobro del SOAT, así el lesionado se haya caído de una escalera en su casa y se haga pasar por atropellado en la calle. Para no hablar de tener que sortear a la tropa de vendedores de refrescos, chocolates, manís o frutas de la cosecha de la semana. La razón es que la fila de carros es muchas veces más lenta que la de la caja del supermercado y que el desespero requiere paradas de hidratación como las hacen ahora en los juegos de fútbol cuando la canícula seca a la gente. La economía informal de los vendedores ambulantes que viven del trancón debe mover cifras importantes y, también, penosas.

En el 2017, Bogotá estaba en el sexto puesto, pero el estudio del año pasado, cuya metodología fue afinada y es más precisa, nos subió al podio y ahora somos portadores de esa medalla de bronce, que es la más pesada y densa de las guirnaldas y, por lo tanto, poco honrosa.

En esa lista de tapones figuran Ciudad de México y Sao Paulo detrás de Bogotá, colocando a América Latina como uno de los grandes protagonistas de esta calamidad. Inrix dice que eso se debe a la rápida urbanización, los altos niveles de asentamientos informales, las topografías muy agrestes y a una alta volatilidad financiera, que son denominadores muy comunes en nuestros hábitats.

Inrix espera que estos estudios con tan copiosa información les sirvan a las autoridades y a los ingenieros del tema para crear (no anunciar y especular) soluciones de movilidad, estacionamientos y movimientos de las poblaciones para reducir estos impactos tan negativos en el futuro. Por si acaso, para el secretario de Movilidad de Bogotá y los de ciudades afines al problema, como lo son muchas de las nuestras, el link es http://inrix.com/press-releases/scorecard-2018-us/ para los datos de Estados Unidos, o http://inrix.com/press-releases/scorecard-2018-uk/ si se quieren medir con Europa.

Lo penoso de todo esto es que no se oyen al menos ideas –tema que políticamente es productivo para quienes tienen responsabilidades públicas, pues hablar no cuesta y puede ilusionar y dar imagen– de obras que destraben los nudos, de proyectos en los cuales los vehículos con más de dos ruedas se puedan mover y merezcan por lo menos la misma atención y dedicación que tienen los gusanos rojos o la población ciclística, que es diferente a la que necesita el auto particular para moverse y trabajar.

Seguramente para los resultados del 2019 tendremos una enorme probabilidad de seguir subiendo en esta clasificación, pues no estamos ante ninguna solución ni en manos de dirigentes a quienes el automóvil les importe o al menos no lo vean y sientan como un tejo en el bolsillo.

FRASE
“Seguramente para los resultados de 2019 tendremos una enorme probabilidad de seguir subiendo en esta clasificación, pues no estamos ante ninguna solución ni en manos de dirigentes a quienes el automóvil les importe o al menos no lo vean y sientan como un tejo en el bolsillo”.

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