José Clopatofsky
José Clopatofsky

Buena mano para la segunda mano

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre el comportamiento que ha tenido el mercado de los vehículos usados.

03:33 p. m. 10 de agosto del 2021

Las estadísticas nacionales siempre han mostrado que por cada vehículo nuevo que entra a las calles, suelen comercializarse tres usados, y esta tendencia es la normal en la dinámica de este sector.

Sin embargo, suceden cosas que cambian de pronto las curvas de las cifras como es el auge del mercado de los usados, no solo en Colombia, sino en el resto del mundo.

En el primer semestre de este año, se vendieron 111.169 vehículos, una cifra positiva contra el inevitable mal año 2020, pero que dista mucho de las expectativas del sector, que podría llegar a unas 265.000 piezas nuevas si se mantiene la recuperación que se vio en julio.

Según esa cantidad de matrículas, lo estimado en traspasos serían unas 330.000 unidades, pero las cifras del RUNT nos indican que hubo 482.448 cambios de propiedad de usados, lo cual es un aumento del 104,9 por ciento. Una barbaridad.

Igual sucedió con las motos, con 233.627 traspasos contra 323.865 estrenos. Un crecimiento del 104 por ciento.

¿Qué está sucediendo? Ya lo hemos explicado, pero vale la pena volver sobre la situación. Todas las marcas importadoras y las ensambladoras han tenido enormes retrasos en la cadena de suministros. No es solamente que los asiáticos hayan congelado durante mucho tiempo la producción de chips para todos los computadores del sector automotor para darles prioridad a los fabricantes de televisores, tabletas, teléfonos y computadores, que se volvieron herramientas de primera necesidad para el trabajo en casa.

Porque los chips no son solo para carros, sino para todas las herramientas de las fábricas que producen los insumos, y a eso se suma el bloqueo mundial del transporte que puso en lista de espera elementos tan vitales como el acero, para citar un caso.

Total, las vitrinas están colgadas y ahora con la parálisis de los cupos para híbridos y eléctricos —que al escribir esto no se había resuelto—, hay más listas de espera y clientes insatisfechos que se van a otras alternativas, entre las cuales el carro usado ha hecho fiesta, a tal punto que también escasean y lo que está ofrecido al público ha tenido una crecida enorme de precios por efectos de esta burbuja. Para rematar, el dólar no para de subir y la factura de los importados irremediablemente aumenta por más esfuerzos que hagan los vendedores para sostener precios, afectados además por enormes alzas en los transportes.

Esto hace que por cada carro nuevo se están moviendo cuatro usados, lo cual es algo que se debe leer con positivismo, pues indica que hay demanda de parte de muchas personas, casi medio millón, que quieren mejorar, variar o acceder a su primer vehículo a pesar de que el entorno sea hostil por los tapones de inmovilidad, las malas vías, los impuestos altos, la persecución de las autoridades, la falta de políticas de seguridad vial o la total ausencia de programas para nuevas vías, especialmente en la abandonada Bogotá. Y etcéteras.

La gente quiere carros y los busca donde estén. Esa población compradora es un síntoma ineludible de que el mercado y la necesidad de escampar la epidemia en el transporte público y sus incomodidades existe y que todos ellos en un momento dado van a buscar el ascenso hacia el estreno, aunque este se aplace un poco ante las bondades que ofrece el mercado del usado.

Obviamente este bache ha generado un alza de precios en los carros de segunda mano, que también es prudente cruzarla con la devaluación dolorosa de nuestra moneda, que ha perdido un 14 por ciento de su valor frente al dólar, lo cual significa que aunque esté recibiendo más pesos por su carro, esa plata es menos valiosa.

O sea, lo clave ahora que están de moda los carros de segunda, hay que tener buena mano para poner los pesos donde de verdad estén representados, comprando vehículos bien referenciados, sanos y que den un buen servicio.

NOTA: Cerrado por diversas causas el negocio del alquiler de las patinetas para las cuales la Secretaría de Movilidad de Bogotá regó bolardos por todas partes para hacerles parqueaderos en sitios absolutamente absurdos sobre las vías principales, cuando ha podido ponerlos en las calles secundarias sin molestar el tráfico, cabe preguntar cuándo va a retirarlos con la misma acuciosidad con la cual los sembró y ahora bloquean muchos espacios que generan más trancones. Al menos para disimular esa platica perdida y el trauma causado. Tienen que saber devolverse como les pasó con la famosa ciclorruta de la Calle 13.

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