José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Cámaras francotiradoras?

En su columna de hoy, José Clopatofsky habla sobre los vacíos en la apliación de cámaras "salvavidas" de Bogotá que arrancan operación en diciembre.

03:46 p.m. 26 de noviembre del 2019

Diciembre nos recibirá en las principales calles de Bogotá con las luces de Navidad. También habrá otro racimo de cámaras instaladas en sitios neurálgicos de la ciudad para controlar la accidentalidad, esencialmente limitando la velocidad de los vehículos de cualquier cantidad de llantas. Por fin las motos entrarían en cintura.

Preciso un punto: los controles de velocidad son necesarios y evidentes sus resultados positivos, aunque esta no sea la única causa del problema de accidentalidad sí es la más elemental y fácil de atender. Pero estos deben ser racionales y consecuentes con el ritmo de la ciudad y no convertirse en un elemento adicional al trancón, que es el balance visible de la pobre e injusta gestión de esta alcaldía en la movilidad de los rodantes diferentes a sus protegidos buses rojos y los desamparados azules, que viven varados de plata y de fierros.

Ya hay grupos de ciudadanos que espontáneamente han decidido unirse y se colocan en línea por delante de los baches del tráfico que arranca de los semáforos y los someten a seguirlos estrictamente al límite de los 30, los 40 y hasta los 50 por hora. La desesperación de quienes encuentran este tapón “legal” cuando esperaban tener la ruta algo más expedita deja una lección: la cota de velocidad en muchas zonas es insostenible, pero por baja.

Como está mal calculada, la realidad les dará dos cosas a las autoridades: felicidad por recaudar –el bolsillo del ciudadano es su melancólico indicador de gestión– y que la ciudad marche al ritmo de la desesperación.

Estos límites merecen un análisis sin fundamentalismos, ni caprichos, ni orgullos. Hay que calibrarlos bien para que sean positivos para todos los actores de las vías, aunque es muy improbable que esta administración que agoniza tenga la suficiente flexibilidad y la sensatez para ver los efectos de sus medidas y haga los ajustes que sean racionales, pero es una tarea que, a quien le corresponda, se debe realizar.

Hay otras inconsistencias en las funciones de esas cámaras inteligentes. Por ejemplo, sancionar el paso de un semáforo en amarillo cuando precisamente esa luz es una advertencia sobre la llegada del rojo y a cualquiera lo puede sorprender en ese trance de buena fe. Es una situación de apreciación que obviamente los ojos electrónicos no pueden juzgar. Como tampoco si un vehículo queda bloqueado en una intersección porque el trancón de adelante no le dio espacio o el bus paró a recoger pasajeros al vuelo. Eso es diferente a la intención de hacerlo adrede.

Otra funcionalidad va en perfecta contravía de su nombre de “cámaras salvavidas”: las cámaras leen las placas y el sistema de manera automática confronta la validez del SOAT y de la revisión mecánica y dispara la multa, sin la debida notificación monetaria al ciudadano que figura en el RUNT como dueño, aunque no esté manejando. En el caso del estado mecánico, la norma dicta que el vehículo debe dejar de circular hasta certificar su idoneidad, como debe ser. Ahora, la cámara cobra, pero no corrige y el automóvil sigue transitando en condición peligrosa y atentando contra muchas vidas, lo cual es absurdo. Ni hablar del SOAT vencido, que desprotege completamente a un eventual lesionado en un accidente, cosa que no se subsana con una multa.

En estos dos casos es frecuente, aunque no deseable, por supuesto, que sea por olvido y no por evasión que la persona y su vehículo no estén al día con los documentos, y podrá pasar mucho tiempo andando así mientras no es notificado sin que sea intencionalmente un consuetudinario infractor, aunque los hay. Pero a estos no les importa seguir coleccionando multas, con o sin cámaras. Caso contrario de cuando el policía lo detiene y de inmediato sanea su situación para bien de la comunidad.

Muy bueno que haya esta red de controles automáticos, pero que opere con lógica y ajustada a las realidades y que las cámaras no sean otros francotiradores sin criterio contra el indefenso usuario de su vehículo que está dispuesto a cumplir. Pero lo cumplible.

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