José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Hacia el cateterismo vial?

En su columna de la última edición de Motor, José Clopatofsky habla sobre cómo redujeron las vías de Bogotá en un trato poco equitativo entre usuarios

03:53 p. m. 22 de septiembre del 2020

Paulatinamente, la vida va regresando a la normalidad y, por ende, a la inmovilidad vial, a juzgar por los reportes gráficos y escritos de muchas personas que han encontrado algunas cruciales vías de Bogotá reducidas dramáticamente. Se explicó durante las restricciones, porque todo el mundo se iba a mover en bicicleta por el pánico de contagios en los servicios públicos de transporte.

Quiero aclarar, para anticipar los comentarios y las críticas que lloverán de parte de los usuarios de la bicicleta, que en ningún momento se trata de atacar la implementación de vías para esos vehículos ni de molestar a sus usuarios. Pero caben algunas palabras, porque en una ciudad enana en calles y huérfana de soluciones hay que repartir el poco pavimento entre todos sus usuarios de manera racional y, sobre todo, técnica. No con la política ‘autofóbica’ que nos está rigiendo desde hace tiempos, bajo la cual los funcionarios actuales aprovecharon la reclusión de los usuarios para hacer silenciosamente el reguero de conos y taches.

El gobierno de Bogotá se ufana de construir ciclorrutas, pero en realidad lo que hace es pegar señales plásticas por miles en las calles existentes, y esas no son obras ni soluciones. Por ejemplo, a la carrera Séptima, precisamente en uno de sus embudos entre la calle 100 y la 92, 800 metros cuyo recorrido suele consumir más de un cuarto de hora en horas pico, le quitaron un carril cuando hay un andén que nadie camina, perfectamente habilitable con todas las seguridades para las bicicletas, y a cuatro cuadras rueda paralela otra ciclorruta por la carrera 11.

Así las cosas, con pretexto de darles prioridad a las ciclas por su cantidad de “viajes” personales sobre la individualidad del carro particular perjudican y demoran el transporte, ese sí evidente, de miles de ciudadanos en los buses, de los taxis, de los camiones repartidores de todos los tamaños, de la mensajería y hasta de las motos que quedaron en esos sitios como en tripas de una boa.

Los ciclistas necesitan y deben tener un espacio para circular con plena seguridad, pero para ello la alcaldía debe hacer obras con cemento, asfalto y señales divisorias en cuanto andén se pueda usar como alternativa, tal como existen en muchísimas partes del mundo, antes de atrofiar las pocas arterias que tenemos. Todos los medios de transporte deben tener sus espacios no solo en número de vehículos, sino también considerando que quien va en un carro está aportando platas que suman cantidades enormes para las arcas de la ciudad en impuestos y sobretasas a la gasolina. Los motorizados no usan gratuitamente las calles y por esto deben tener un trato proporcional y respetuoso, sin necesidad de hacer todos los días un cateterismo vial para poder ir a sus destinos.

Otro tema es la responsabilidad de los ciclistas con respecto a eventuales accidentes que puedan generar directamente cuando comparten andenes o las mismas calles, en las cuales se les ve en contravía, cruzando por sitios indebidos, sin luces en la noche, sin protecciones personales y burlando sin recato todas las normas elementales de tránsito, que para miles de ellos no existen. No es un comportamiento general, pero después de esos meses de calles desocupadas que usaron a su arbitrio sin reglas de ninguna especie y con la proliferación de la mensajería y los domicilios para los “reclusos” en sus casas, ese libertinaje se volvió costumbre.

Si una bicicleta atropella a una persona, nadie responde más allá de la buena voluntad del causante. Pero si un auto cae en un incidente con un ciclista, tiene de inmediato asegurada la culpa, así no sea su falta. Por ello, alguna vez propuse un SOAT a la cédula de quienes usen la bicicleta, de bajo costo, para que los proteja de posibles demandas en accidentes y, a su vez, ampare a las personas que puedan salir lesionadas. Así como nos obligan a repartirnos las calles, que también se haga con las responsabilidades y comportamientos de todos los actores.

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