José Clopatofsky
José Clopatofsky

Cobrar por la ineficiencia

Queda apenas un mes y medio de esta administración ‘carrofóbica’ en Bogotá, cuyos estertores no van a pasar desapercibidos para el mundo del automóvil

06:08 p.m. 12 de noviembre del 2019

Nos queda apenas un mes y medio de esta administración ‘carrofóbica’ en Bogotá, cuyos estertores no van a pasar desapercibidos para el mundo del automóvil capitalino, que estrenará cámaras-policía y fue atendido debidamente con el decreto del fallido hasta ahora tema del cobro para evitar el pico y placa.

Para la Alcaldía, como siempre, el argumento de sustento para su decisión es el rendimiento que esto les producirá a las arcas bogotanas, estimado optimistamente en 177.000 millones de pesos para el 2020 y en ascenso hasta los 460.000 millones en el 2025.

Supone que entre 50.000 y 60.000 ciudadanos residentes y visitantes de la capital están con el cheque listo de 4 millones de pesos para depositarlo apenas funcionen los sistemas de pago y así tener derecho a usar su carro todo el día, derecho al cual supuestamente tiene acceso una vez cancelados sus impuestos de tenencia, semaforización, sobretasa a la gasolina cada vez que tanquea, revisiones técnico-mecánicas y demás arandelas que el automovilista debe pagar para movilizarse de manera independiente y a su manera.

El pretexto o la vaselina para que algunas personas giren esa plata es subsanar el descalabro financiero del SITP.

Cali lanzó este mismo proyecto desde el 2016, con igual filosofía e idénticos propósitos de recaudo. Ha sido un fracaso. Apenas unas 6.000 personas de las 15.000 y más que esperaban que se acogieran han cancelado el cobro, y de esas la mayoría son empresas que necesitan de todas maneras mover sus mercancías y elementos de trabajo y tienen la plata.

Tan mal les salieron las cuentas que debieron rebajar el precio del pasaporte al trancón en un 40 por ciento, y así tampoco las cuentas de reunir 38.200 millones de pesos con este peaje se lograron. Ya en Bogotá una encuesta a boca de decreto que hizo EL TIEMPO indicó que el 67 por ciento de preguntados no está dispuesto a pagar el asunto.

Por supuesto, en Bogotá sobran los ceros en el potencial recaudo para justificar el tema, y con ese cuentico de la plata la agónica administración le ha endulzado el oído a la alcaldesa López, quien dejó su veredicto en el aire, pero no se mostró contraria cuando le hablaron de las cifras hipotéticas que le entrarían a sus arcas hacia el SITP. Obvio.

El argumento de que se evita comprar el segundo carro es un distractor y no un curativo, porque la mayoría de la gente ya lo tiene y si una persona extrapola los 4 millones a 4 años habrá gastado 16, con lo cual compra un buen usado y sabe dónde está su plata y no cómo vuelan sus impuestos sin aeropuertos comprobables.

Quien tiene 4 millones en efectivo para comprar su puesto en las calles en las horas pico es el obvio candidato para comprar otro carro, porque ya tiene la cuota inicial, y eso explica lo sucedido en Cali con las empresas que lo han pagado porque manejan otra economía. También esa liberación va en contravía de las políticas ambientales porque entrarán más carros al trancón.

Hay muchas más consideraciones para sustentar que esta medida favorece a pocos y perjudica a muchos, pero bastan estas elementales.

Como si fuera poco, o más bien para soportar su pírrico efecto ambiental y presionar a la clientela eventual de la medida, sacaron de la exención del pico y placa a los vehículos blindados que no están en la órbita de protección del gobierno.

Sostienen que los usan personas de altos recursos, pero omiten pensar que quien tiene un blindado, en el cual invirtió al menos 40 millones de pesos adicionales, de una compra otro carro posiblemente también blindado con la matrícula que le conviene. Y si se trata de empresas, con mayor razón aumentará la población de esos vehículos alternos.

El párrafo final no es menos tóxico. Ingresan a la restricción todas las camionetas con platón. Hasta el momento, los pick-ups de cabina sencilla y con su platón de trabajo estaban exentos del pico y placa precisamente porque se había calibrado su importancia e incidencia como herramienta de trabajo para miles de personas y empresas. Restringirles su operación obliga igualmente a la compra de un vehículo alterno, con lo cual la congestión seguirá idéntica o en alza.

La Secretaría de Movilidad, dirigida por un funcionario destituido en primera instancia y suspendido para ejercer cargos públicos por diez años por la Procuraduría por los contratos de la semaforización, y quien ejerce gracias al colchón de las apelaciones al cual tiene pleno derecho y se le respeta, parece ignorar que la enorme mayoría de los pick-ups que hoy se venden son de cabina doble, y en ese sentido estaba bien la norma que los asimila a los automóviles para incluirlos en el pico y placa, pues tienen una función más allá de la utilitaria.

Pero los de platón para carga y asiento para dos personas son elementos de trabajo que muchísima gente necesita cotidianamente para sus tareas y en la mayoría de los casos han trazado sus rutinas y procesos precisamente basada en esa favorabilidad que desde el comienzo fue aprobada por estas mismas razones, que no han cambiado salvo para la caprichosa decisión de restringirlos sin motivos racionales.

Total, luego de darle muchas vueltas y pasar por encima de las negativas del Concejo, pero amparado en un articulito del nuevo Plan de Desarrollo que permite el cobro por congestión a criterio de los alcaldes, el de Bogotá viene con su medida que, más allá de la plata, cabe juzgarla como el cínico pago a la ineficiencia, porque durante toda su gestión no se le han conocido medidas que hayan mejorado la movilidad en la capital.

Todo lo contrario, porque ahora cobra por aumentar el trancón y le da esa opción a una enorme minoría de ciudadanos, creando más desproporción y desequilibrio ante las pocas oportunidades de tener una movilidad personal decente.

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