José Clopatofsky
José Clopatofsky

Confinamiento electrónico

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre la escasez de microprocesadores que tiene a la industria a media marcha.

04:22 p. m. 09 de marzo del 2021

No podía ser bueno el 2020 para las ventas de los carros. En abril habían bajado más del 70 por ciento con respecto a sus comportamientos históricos mundiales. Afortunadamente, los mercados de China, Estados Unidos y Brasil, especialmente en carros de alto precio, reaccionaron en los meses finales y a la postre el bajón fue de un 14,6 por ciento.

Ante la incertidumbre de los encierros y el desarrollo de la pandemia, los pedidos y las provisiones de componentes de los fabricantes se hicieron a la baja y hoy la industria está a media marcha por falta de los chips para los cada vez más abundantes computadores de los carros, que son en realidad unos procesadores que gestionan la vida de tonelada y media de hierro y plásticos en ruedas.

Hubo, y aún está vigente, un cruce de caminos: los fabricantes de chips atendieron una creciente demanda de iPads y tabletas para los colegios virtuales, cámaras, celulares, computadores para el trabajo en casa, televisores para el entretenimiento durante el encierro y para copar el auge del ‘Internet de las Cosas’, que todo el mundo apreció o necesitó más para operar las funciones de los electrodomésticos y los accesorios de la vida diaria con un botón desde el celular. En ese cambio, para los proveedores de esos vitales microprocesadores la prioridad fueron los pedidos abultados de esas industrias que necesitaban más volúmenes y, además, pagan mejor que la automotriz.

Total, ahora por la falta de un chip se están deteniendo muchas plantas de carros en todo el mundo, han despedido a operarios y los balances se adelgazan con las líneas de producción apagadas, sin una fecha muy clara de reabastecimiento, pues dependiendo de los modelos, los volúmenes y las aplicaciones, restablecer las líneas de impresión de esas miniaturas prodigiosas tomará tiempo y espacio. A tal punto es crítica la situación que el propio presidente Biden está poniendo plata y buscando la forma de trasladar muchas de esas producciones de chips a su país, Estados Unidos, para prevenir estas crisis que les causan enormes perjuicios a su economía y empleo. Además de la posibilidad de desentendimientos con los países asiáticos, ya bien toreados por los 4 años de corridas de Donald Trump.

La falta de un chip puede detener la fabricación de millares y millares de vehículos de un día para otro, pues estos ahora son cada vez más electrónicos, al punto que un 40 por ciento de su precio se les atribuye a esos componentes para atender las funciones aceleradamente automatizadas, desde el encendido del motor hasta la calefacción de las sillas, pasando por un cada vez más complejo mundo del infoentretenimiento.

Ante esa desviación de la producción de chips, que está a cargo de pocas empresas en el mundo, la crisis de las ventas cambiará de fuentes, pero puede tener los mismos efectos que el covid para muchas marcas y toda la cadena de comercialización. Estiman que se podría normalizar el asunto en el segundo semestre, pero el mal de estos días, ya está instalado. Eso sí, hay que anotar que, tal como hay países que se prepararon mejor para la epidemia, en la industria del carro también hubo avispados que acopiaron componentes y no están en problemas: Hyundai y Toyota.

Probablemente, no haya una escasez total de vehículos, aunque algunas marcas sí la acusarán. Seguro se limitarán las posibilidades de versiones, colores o equipos, pues cada una de estas variantes necesita diferentes juegos de chips para procesar los caprichos de los clientes, y eso complica el abastecimiento.

Si a esto se le suman las demoras de los transportes represados en todos los puertos y mares y el encarecimiento de la cadena, estamos en una paradoja: sobran clientes y faltan fierros, lo cual es un escenario tan opuesto como imprevisible con respecto al que se presentó hace apenas 11 meses.

Como consecuencia, colateralmente, el carro usado va a tener una mayor demanda y eventualmente mejor valor transitorio, pues ante la carencia de productos nuevos, para muchas personas la alternativa está en los autos de segunda mano, cuya validez se ha acrecentado con la vida en estos meses infectados, durante los cuales la privacidad y el aislamiento en el auto particular son una vacuna y una manera de eludir el congestionado y riesgoso servicio público.

Otro brote: al cierre de estas líneas, reportan escasez de espumas para los asientos en las plantas de Estados Unidos debido a las tormentas de invierno que hubo en Texas.

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