José Clopatofsky
José Clopatofsky

UNA COSA ES VOLAR SOBRE LA SELVA Y OTRA CAMINARLA

En su columna, José Clopatofsky expone los puntos que le quedaron pendientes en el foro ‘Seguridad vial en Colombia, una tarea pendiente’.

01:08 p.m. 21 de agosto del 2019

Hace un par de semanas se realizó un foro atinadamente llamado ‘Seguridad vial en Colombia, una tarea pendiente’, organizado por Portafolio y EL TIEMPO, en el cual tuve la oportunidad de participar, aunque muy fugazmente dados los cortos espacios que había en una larga lista de expositores y tertulios en los paneles.

Abrió la ministra del Transporte, con su ya conocida dinámica e impetuoso y bienvenido ritmo, y nos reportó a los casi 200 asistentes un largo resumen de convenios de diversos géneros y niveles con diversas entidades territoriales, hasta con la ONU, para programas de protección infantil en las vías, normas para subir el nivel de seguridad en los vehículos nuevos, fortalecimiento de la Superintendencia de Transporte y, obviamente, un cúmulo de tareas de todos los órdenes y gamas para la Agencia de Seguridad Vial, que estrenaba públicamente a su director en esas plazas.

Todo lo hablado es una excelente hoja de ruta y transfiere una sensación muy positiva en el sentido de que el Gobierno le está metiendo muelas al asunto de la seguridad vial, girando sobre las estadísticas de fatalidades que están más que masticadas, las frases de cajón que ponen en el dramático lugar esas desgracias y la obligatoria tarea de mejorar esos negros indicadores.

Sin embargo, una cosa es volar sobre la selva y otra caminar por ella. Toda esa parte institucional es esencial y fundamental, claro está, pero no se puede pensar en mejorar la seguridad si las bases de la movilidad de los ciudadanos en las vías son muy malas y los 8 o más millones de vehículos que las usan básicamente solo son sujetos de políticas de los límites de velocidad, que son el sofá de esta problemática y no la esencia de las fatalidades.

A sabiendas de lo que ese discurso oficial iba a contener y de que estaba enfocado esencialmente a nuevas normas para los autos venideros, que seguramente las tienen ya incorporadas, llevé para mi charla algunos puntos que no alcancé a exponer, pero que quiero dejarlos acá en cortas líneas como un agregado externo al acta de esa jornada.

- Código de Tránsito: Rige un documento obsoleto cuya reforma debe ir al Congreso –es ley de la República, nada menos–, pero ni en este ni en anteriores gobiernos ha pasado siquiera un debate por una razón elemental: nunca han presentado la nueva propuesta. Sin estatuto normativo que dé a la vez las bases sancionatorias, poco de lo que quieren hacer es viable al tenor de la ley o será comida demandable para nuestra jungla de abogados. Basta con copiar muchas normas de otros países, que hasta ya están en castellano, pero acá al parecer queremos reescribirlas, por el tiempo que ha tomado el asunto.

- Vías y estados mecánicos: Un elemento generador de inseguridad y accidentes es el estado de las vías, que lleva al consecuente deterioro de los órganos de conducción de los vehículos, que se propaga por la debilidad de las revisiones obligatorias para vehículos de transporte público y motos, etc. Los alcaldes arman las vías como les parece, las señales de muchas carreteras nuevas y viejas parecen puestas con dardos, así como los reductores de velocidad en plena curva, etc. Sobre esto, todos sabemos cómo está la cosa.

- Investigaciones: Un elemento básico para trazar políticas de prevención en todos los órdenes es la investigación de las causas de accidentes. No conozco el primer resultado oficial al respecto sobre tantas tragedias viales, y es la primera acción de las autoridades decir: “Vamos a investigar a fondo y a tomar medidas”. Eso siempre queda en pura prensa, que es la que algunas veces sí averigua. Debe existir un comité nacional oficial –con poder– que esté tras la verdad de todos estos incidentes y les haga seguimiento a las famosas fallas mecánicas, a los componentes que pudieron incidir, a los talleres que intervinieron, a los repuestos que usaron, a la capacidad de los conductores, etc. Por ejemplo, el arreglo de los frenos de buses donde va medio centenar de personas debe ser en talleres y con piezas certificadas, y se debe generar una cadena de responsabilidades civiles y penales para estos actores, como sucede en aviación.

- Homologación real y técnica de los repuestos. Por ejemplo, cuando venden pastillas de frenos por 30.000 o 40.000 pesos hay ineludibles preguntas sobre su calidad, pruebas y homologaciones.

- Director civil: Sobre esta idea me van a caer sables encima, pero la suelto. Si hay un ministro de la Defensa Nacional civil, ¿por qué la Policía de Tránsito y Carreteras no tiene un director de esta condición, técnico, ilustrado, consecuente y que pueda trazar todas las acciones que lleven a la fluidez del tráfico y su seguridad, y no a balances de comparendos y controles que se le dejarían a un comandante operativo, ese sí militar? No puede estar este órgano sujeto a cambios cada tres meses al vaivén de las cúpulas y no de las necesidades de continuidad e integridad de la acción del Gobierno. Apenas el general de turno está aprendiendo y cogiendo el ritmo, lo cambian…

- Licencias de conducción: Son la base más cuestionada de la problemática. Pero siguen entregándolas con el recibo de la luz para manejar motos, sin importar su cilindrada. Lo del pase con puntos sancionables sigue en puras ruedas de prensa y palabrería estéril del funcionario retratable de turno.

- Reformar la Agencia de Seguridad y pasarla de órgano consultor sin poder de resolver y menos de ejecutar, a una entidad con garras y rapidez para intervenir directamente. Ante esa condición de la Agencia, es fundamental que el Ministerio tenga de verdad una rama dedicada a este tema específico del movimiento de los ciudadanos sobre ruedas de todos los anchos y cantidad, y no una cabeza genérica que aunque tenga la mejor voluntad, conocimiento y empeño no es capaz de atender al tiempo los derrumbes, las políticas, las presiones de los transportadores, las huelgas conocidas cada doce meses, etc. Y, de paso, leer esta columna, cuya sintonía agradezco, pero que todos los colombianos quisiéramos verla traspasar las fronteras de la tinta hacia una política integral, útil, coherente, técnica y pertinente.

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