José Clopatofsky
José Clopatofsky

Falta la gente y sobran pantallas

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre su regreso a los eventos internacionales presenciales.

03:40 p. m. 24 de agosto del 2021

Llevaba un año y medio sin asistir a un lanzamiento en vivo e internacional.

Entretanto, y como nos pasó a todos, hubo que conectarse al nuevo mundo de los ‘zooms’, que han sido la única ancla con la civilización, los amigos y el trabajo y es visto como una nueva forma de vida digital mientras los escritorios de nuestras oficinas se convirtieron en un depósito decorado por el polvo terrenal.

La semana pasada volví a retomar el contacto físico con el mundo del automóvil, aunque estuve a punto de perder la oportunidad, pues una invitación de Nissan giraba en parte alrededor del Salón de Nueva York, que fue cancelado bruscamente pocos días antes de su apertura.

De alguna manera, los lanzamientos tuvieron sus visos de Zoom porque con la mitad de las caras tapadas, los colegas y ejecutivos separados como postes de teodolitos, los micrófonos roncos y la actividad colectiva circunscrita a lo individual, nada fue como antes cuando los periodistas formábamos una mesa ruidosa e interesante en la cual se cruzaba la información y el vivir de cada país y sus mercados de carros.

El lanzamiento de tres vehículos de Nissan, un deportivo, una SUV y una pick-up, sobre los cuales escribiremos técnicamente en la próxima revista, nos dejó varias reflexiones. Oriundos de una marca japonesa, que a su vez es aliada de Renault y fue la precursora de los carros eléctricos en serie como el Leaf, ninguno de estos tres vehículos tiene asomos de híbrido ni de motores de pilas. Queman gasolina como los de toda la vida, y de enchufarlos a otra energía no se habló. Pero sí de que la marca piensa diferente al respecto porque trabaja en el desarrollo final de un concepto llamado E Power, en el cual los carros se moverán solo con un motor eléctrico, pero habrá uno térmico que carga las baterías. La diferencia radica en que ese motor de combustión trabaja únicamente en una gama específica de revoluciones y mezclas.

Un motor suele dar apenas un 35 por ciento de rendimiento aprovechable para mover un vehículo, pero las recientes presiones ambientales y políticas contra su supervivencia han puesto a los ingenieros a repensarlo y esta solución —ya vista en los Nissan Note desde el 2016 en Japón— es su respuesta a las exigencias presentes. Para llegar a ese 50 por ciento, el motor funciona como estacionario en un punto óptimo de rendimiento, que no se logra si se quiere que mueva el vehículo por las necesidades de cambio de régimen de revoluciones y entrega del torque y los caballos. Quietico, como una planta, el ICE (Internal Combustión Engine), como se llama técnicamente, se encarga de que el carro siempre sea eléctrico y nunca se necesite enchufarlo, pero no interviene para nada en la impulsión del mismo. Son cosas que en los ‘zooms’ pasan a veces por alto, pero significan mucho y están sucediendo en todos los frentes de la tecnología acuñada en el nuevo mundo covid.

Otro punto sorprendente, además del silencio sobre lo eléctrico, es la nueva composición de la compañía, emblema de Japón, de cuya presidencia se escapó en el cajón de un instrumento musical —que pudo ser un ataúd— el ahora célebre fugitivo Carlos Ghosn, acusado por malos manejos de platas de Nissan.

Hoy, el presidente es Ashwani Gupta, brillantísimo ingeniero de India, cuyo nombramiento pasó por encima de toda la rígida línea de sucesión tradicional de los japoneses. El director mundial de diseño es Alfonso Albaisa, un cubano-norteamericano quien, como su jefe, lleva muchos años en la compañía y está a cargo de renovarla.

Nissan México, que es la tercera planta de la marca a nivel mundial, ya cumple 60 años y acumula 14 millones de unidades fabricadas y 15 millones de motores —cifra de la cual nos surte con abundancia proporcional gracias al TLC con ese país, que fue el primero que se suscribió desde 1995, 26 años atrás—, la dirige un ecuatoriano, José Román, quien inició su carrera internacional en la industria en el 2003, justamente en Colombia dirigiendo el mercadeo de Colmotores y llegó a la dirección mundial de Datsun antes de echar raíces en el pupitre más alto de México.

Como se ve, hay cosas y sensibilidades que los ‘zooms’ no comunican, y a nivel de dirección de las marcas sucede lo mismo que en las vitrinas: la gente quiere carros, los busca y mira en Internet, pero necesita tocarlos y verlos en físico antes de pagarlos.

Igual nos sucedió al reencontrarnos con la gente que los piensa, diseña y produce. Ese es el sabor de cada compañía de este mundo que no se aprecia en la virtualidad y que hay que catar antes de ponerlo en el plato de los análisis.

Ojalá podamos pronto dejar de pasar la vida frente a una pantalla, tema que hoy en los carros se volvió más importante que la cilindrada o la calidad.

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