José Clopatofsky
José Clopatofsky

Iacocca, un revolucionario del automóvil

“Iacocca fue uno de esos hombres que ahora tanta falta le hacen a la industria mundial de la movilidad".

10:17 a.m. 09 de julio del 2019

Lee Iacocca murió la semana pasada a los 94 años, y a pesar de su largo recorrido por los almanaques, hasta el 2010 tuvo nexos con la industria del automóvil de Estados Unidos, en la cual es considerado como el mejor CEO –jefe de la oficina ejecutiva de una empresa– de la historia.

Es muy seguro que para bastantes lectores este personaje estadounidense pero de origen italiano poco diga, pues su retiro de los grandes cargos ya data de bastante tiempo atrás, pero seguramente alegrará sus conocimientos saber que fue el creador del Ford Mustang; autor de un plan financiero que salvó a Chrysler con 1.500 millones de dólares que le prestó el gobierno (cosa que se repetiría recientemente con los préstamos a General Motors); inventor de las minivans, precursoras en alguna forma de las hoy populares SUV; diabólico vendedor y mercadotecnista; hombre mediático porque hacía personalmente los comerciales de televisión de su empresa, a tal punto de ser el segundo personaje más popular de su país, Estados Unidos, detrás del presidente Reagan (un actor de cine al fin y al cabo) y por encima del papa Juan Pablo II; tan carismático y líder que cuando escribió su primer libro autobiográfico, que fue best seller durante 88 semanas seguidas desde 1982, se vendió a una absurda rata de ¡200.000 copias mensuales!; fue calibrado como candidato presidencial, en lo cual no perseveró; ejemplar en los momentos de crisis, pues ganaba 1 dólar al mes en la Chrysler quebrada; orgulloso, conflictivo y arrollador, porque terminó su exitoso paso por Ford peleando con Henry Ford II, con quien se detestaban, y Ford lo echó de su cargo por miedo a perder el propio; luego tuvo una larga disputa judicial con Chrysler con demandas de por medio cuando se produjo su retiro 12 años después y cuando ya sumaba 68 intensos almanaques. Ganó todos esos pleitos y se hizo merecidamente rico.

Su impresionante biografía también reseña monumentales caídas que sus enemigos celebraron con intensa difusión. Desde Chrysler compró la marca Eagle de American Motos, que fue todo un fracaso y cuyo cierre costó 5.500 empleos, a pesar de lo cual Iacocca cobró 20 millones de dólares de sueldo. Firmó un pacto con Alfa Romeo (ahora son socios) para vender esos carros en la red de Chrysler, pero el tema agonizó desde el comienzo y apenas sobreaguó tres años y aún hoy en su reencarnación también anda dando tumbos. Tuvo que ofrecer disculpas públicas en 1987 porque descubrieron que sus carros nuevos en Chrysler tenían los odómetros desconectados y habían sido usados, lo cual generó una multa de 120 millones de dólares.

Mucho antes, en los 70, impulsó las ventas del Ford Pinto, cuyos tanques de gasolina explotaban en choques por atrás y tuvieron que corregir 1,5 millones de carros y pagar otros muchos en multas. Detalle este tan grave como nimia la historia de que se robaba los bombillos de la oficina para reponer los de su casa cuando apenas se iniciaba en la industria en cargos muy menores y andaba con los bolsillos limpios.

Iacocca fue uno de esos hombres que ahora tanta falta le hacen a la industria mundial de la movilidad, en la cual la creatividad en las fabricaciones masivas no es sobresaliente. Más bien, las casas hacen carros que son fotocopias de la competencia y, cuando no por debajo, muchas veces son la misma cosa gracias a las alianzas y asociaciones que van desdibujando el sabor de los vehículos.

Un pensador audaz como él haría muchos movimientos en estos tiempos a pesar de las restricciones de las emisiones y la seguridad. Fue capaz de inventar el Mustang sobre el rebelde y mediocre chasís de un Ford Falcon con un grupo de ingenieros que se reunieron clandestinamente para armar el proyecto para el cual Henry Ford finalmente apenas aprobó con desgano 45 millones de dólares, cuando el paquete costaba 75. Plata que volvió muy rápido, pues en dos años se vendieron 2 millones de estos carros, ritmo que nunca se ha vuelto a ver en la industria, e inmortalizó a su promotor y al vehículo.

En su ciclo final, Lee mostró que seguía muy adelante con su visión. Dieciséis años después de su retiro, Chrysler lo llamó para salvar otro naufragio y estuvo detrás de la toma de la compañía por parte de Fiat, que llegó de la mano de Sergio Marchionne, otro audaz y duro del negocio, también fallecido. A la par con esto, era CEO de Energy Conversion Devices (1998), que diseñaba y vendía limitadamente carros eléctricos.

“Esto está cambiando de guardia”, dijo. “En el nuevo milenio, los jóvenes van a dirigirse a un mundo eléctrico”. Palabras proféticas que ilustran su ilimitado horizonte, pronunciadas hace 21 años, cuando todo el mundo se reía de estas ideas.

FRASE
“Iacocca fue uno de esos hombres que ahora tanta falta le hacen a la industria mundial de la movilidad, en la cual la creatividad en las fabricaciones masivas no es sobresaliente. Más bien, las casas hacen carros que son fotocopias de la competencia y, cuando no por debajo, muchas veces son la misma cosa gracias a las alianzas y asociaciones que van desdibujando
el sabor de los vehículos”.

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