José Clopatofsky
José Clopatofsky

¡23.900.000.000.000!

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre por qué el avance de Bogotá es tan pobre a pesar de un presupuesto "rico"

03:45 p. m. 27 de julio del 2021

Bogotá es la ciudad más rica del país, pero, a la vez, la más pobre. O visto de otra manera, proporcionalmente, una de las que muestran las más pobres ejecuciones y avances en soluciones que mejoren la vida de sus habitantes.

El Concejo de la ciudad aprobó un presupuesto de 23,9 billones de pesos para el año que transcurre. De esa plata, 20,1 billones de pesos son para inversión, 3,2 para el funcionamiento administrativo, y 587.400 millones —con m— para pagar intereses de los préstamos en curso.

Es fácil citar 23,9 billones, pero en la realidad, pocos sabemos exactamente la cantidad de pesos que representan. Escrito en solo números son 23.900.000.000.000 de pesos, cifra que tampoco nos aclara nada porque se sale de todas las cuentas de los mortales que apenas manejamos los seis ceros a la derecha y con gran trabajo y poca frecuencia. De todas maneras, como dice el lenguaje de la ciudad, es “un tarrado de plata”.

Diría uno que hay pesos suficientes para todo, pero la realidad es otra cuando eso se reparte entre las innumerables necesidades de todos los niveles que los bogotanos pretenden que se atiendan ordeñando ese caudal de billetes. Nos ocupa, por supuesto, desde este medio, el tema de la infraestructura y la movilidad, que es uno de tantos problemas y falencias.

La semana pasada, con presidente a bordo, gobernador y la fogosa alcaldesa en plena demostración, se presentó uno de “los planes de movilidad más ambiciosos que se hayan proyectado para Bogotá y Cundinamarca (a nivel sabana somos ya una misma metrópoli) en la última década. Después de la contratación de la primera línea del Metro, este promete más líneas férreas (no hay ninguna útil), más troncales, ciclorrutas y avenidas a fin de desembotellar los accesos y salidas de la capital, particularmente en el corredor norte”. Esto está textual en EL TIEMPO del pasado 18 de julio, cuando reseña que esto quedó consignado en un documento Conpes.

Mejor dicho, salvada la ciudad y ahora vamos a poder tener lo que Medellín ha logrado gracias a la diligencia y visión de sus administradores y al civismo de sus gentes desde hace mucho tiempo, y sigue avanzando. Diría uno que con todo ese flujo de caja anual creciente que ronda las arcas del Distrito, seguramente muchas de esas ofertas serán realidad.

Pero resulta que eso está más cerca de ser un saludo a la bandera distrital, así el Conpes (Consejo Nacional de Política Económica y Social) le haya dado el visto bueno, lo cual no es un cheque, sino una letra de cambio para cobrar en fecha incierta y que puede ser chimba, sin mayor pudor porque a nadie obliga. La cifra propuesta es otra vez una cadena interminable de ceros y ceros, simplificada así: 35 billones. ¡Pero en “15 años” y de ahí en adelante!

Dice el mismo artículo que una parte de las obras estaría en preconstrucción dentro de seis años. En el 2035, dentro de 14 años, 168 meses, se empezarán las que estén en etapas de factibilidad y diseño. En el año 2050, dentro de ¡29 años!, habrá un sistema multimodal de trenes, buses y posiblemente otros medios que no se conocen hoy y que pueden replantear y revolcar todo esto.

El plan tiene a su favor los anuncios y propuestas que nadie puede decir que sean malas o puras fantasías, pues algún día en este siglo es probable que se logren y se descuente el retraso que vivimos por cuenta de muchísimas administraciones politiqueras, negligentes, ineptas, miopes y corruptas, no todas, pero sí muchas, fenómeno que no data de algunos de estos tiempos digitales, sino que viene desde la edad del adobe y el adoquín.

Pero en ese mismo texto, expertos dicen: “No hay estudios de tráfico ni de densidad poblacional”: urbanista Mario Noriega. “No se sabe cómo se va a salvar el transporte masivo”: Felipe Bogotá, de Bogotá Cómo Vamos. “No hay plan financiero que garantice la sostenibilidad”: Ómar Oróstegui, director de Futuros Urbanos. “No definen cómo será la integración institucional”. “No se ha decidido una gerencia única para la movilidad”, estas dos últimas consideraciones sin doliente ni firmante.

Termina EL TIEMPO: “Es uno de los planes de movilidad que podrían ponerle fin al caos que se vive hoy o, como dicen algunos, es otro proyecto visionario, pero irrealizable, pues un Conpes no se le niega a nadie”.

Y esa es la cruda realidad. No hace mucho, noviembre del 2020, escribimos sobre el proyecto —otra vez esa palabra— de mejorar la salida del norte con puentes, vías elevadas y otros boceles divinos, como la recolocación de las aves y los sapos —únicos en el mundo— de los humedales, pero que estarían para el 2027, fecha que reside más en el escepticismo que en la credibilidad.

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