José Clopatofsky
José Clopatofsky

LOS JUECES AHORA DISEÑAN LAS CIUDADES

"¿Será que estamos tan avanzados que pensamos que, como en una remota hipótesis, las autopistas y las soluciones urbanas serán innecesarias?"

02:32 p.m. 16 de mayo del 2019

En un congreso sobre el nuevo urbanismo celebrado en Washington, hubo una ponencia muy interesante por su oposición a la vida de hoy, pues expresa las soluciones en contravía de cuanto estamos pidiendo. Dijeron que mientras en el siglo XX toda la planeación y la financiación se dedicaron a nuevas vías para darle paso a la explosión del automóvil, en especial en Estados Unidos, no solo como medio de transporte sino como expresión de libertad al tomar amplias avenidas y carreteras, es posible que en el actual siglo XXI que empezamos a transitar, las cosas vayan al revés.

Es decir, que la gente quiera liberarse de las carreteras y las calles atascadas buscando precisamente lo perdido en los trancones: libertad, además del tiempo. Eso está consignado en la ponencia ‘Freeways Without Futures’ (‘Autopistas sin futuro’). Otra de sus tesis es que las comunidades están buscando recuperar los terrenos que les quitaron frenéticamente los buldóceres, y en ese sentido ya algunas rutas de los Estados Unidos han sido removidas.

Este es un punto de vista extremo y no aplican las condiciones de Estados Unidos, donde la red vial tiene muchísimas alternativas, ante un país como el nuestro, que está en el total subdesarrollo de pavimentos, en cantidad y también en calidad, otro de sus grandes pecados. Vale la pena decir que tener carreteras con doble carril lo consideramos como un gran avance cuando deberían ser de tres o cuatro, y que en un lance de ingenuidad nuestro anterior presidente calificó que con las 4G estábamos a la par de los países avanzados y ricos.

La movilidad sobre ruedas nunca va a dejar de existir, al menos en las generaciones que esto leemos. Habrá obligatorias alternativas de energías y el eventual uso del espacio aéreo, aunque imaginen cómo sería el control de los accidentes con los cinturones voladores si con las motos que van por sitios más o menos fijos nos matamos a diario. Pero el transporte en vehículos personales y colectivos sobre tierra no es hoy un capricho, sino una necesidad ineludible, y nosotros estamos aún en el sitio citado: un siglo atrás.

Dejo eso como reflexión, como bien vale la pena también pensar un poco en lo que está sucediendo en el país con la futura infraestructura, cuyo arranque o avance está en manos de los jueces –no todos del nivel necesario para estas ponderaciones–, quienes a su vez atienden los reclamos de fracciones de la ciudadanía cuando alguna obra los puede molestar o estiman que es perjudicial para el futuro de su entorno. Claro, el juez ante la queja, está en un 90 por ciento con el bando de admitirla y darles la razón a los querellantes, pero por la simple condición de que el otro porcentaje de los ciudadanos, ese sí millonario, no reclama ni hace contraparte.

Al alcalde de Bogotá le han parado proyectos esenciales en su criterio, con los cuales uno puede estar o no de acuerdo, todo a través de zancadillas judiciales y, detrás de eso, por las presiones políticas que también se alojan en los expedientes y de sesgos potenciales de los administradores de la justicia, quienes están en todo su derecho de tener cierta afinidad con una u otra línea del fallo, aunque no son litigios personales, sino que afectan a toda la comunidad nacional, no solo la local.

Así pasa en todas las otras ciudades y en municipios con los desarrollos mineros y hasta con el ‘fracking’, que puede ser la próxima columna vertebral de nuestra economía –que es de todos–, así una buena parte vaya a los bolsillos inescrupulosos.

Están estudiando en el Congreso una reforma a la justicia que no se puede decir que es nueva porque nunca ha salido aprobada. Sería interesante que para este tipo de fallos haya una ruta de reclamación y decisión más acorde con las necesidades y la realidad que requieren los avances. Por supuesto que esto necesita también una contraparte positiva de las autoridades como las de la capital que, por ejemplo, le roban carriles a la autopista del Norte y no son capaces de devolverlos para el uso y el bien común. O no amplían las vías de acceso a la ciudad, cuando las obras de otro frente fuera de sus fronteras sí se pueden hacer y apenas pisan terrenos del alcalde y del IDU se bloquean.

¿Será que estamos tan avanzados que pensamos que, como en una remota hipótesis, las autopistas y las soluciones urbanas serán innecesarias, de una dejamos así y listo, nos adelantamos al final del siglo y somos desde ahora el país más moderno y avanzado del mundo?

La administración de Bogotá funge de visionaria, pero ojalá no haga de estas ideas de los congresos norteamericanos su plan de desarrollo.

FRASE

“¿Será que estamos tan avanzados que pensamos que, como en una remota hipótesis, las autopistas y las soluciones urbanas serán innecesarias, de una dejamos así y listo, nos adelantamos al final del siglo y somos desde ahora el país más moderno y avanzado del mundo?”

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