José Clopatofsky
José Clopatofsky

¿Le patinará el clutch?

En su columna de hoy, José Clopatofsky se pregunta si la nueva alcadía meterá bien el cambio o si 'le patinará el clutch'.

11:20 a.m. 04 de febrero del 2020

Comenzaron a verse los primeros kilómetros de la nueva Secretaría de Movilidad de Bogotá y el perfil de sus decisiones indica que tiene ya indicios de patinado de clutch. Claro, hay que decir que la entidad y sus responsables de hoy están sentados sobre unas funestas herencias que dejó la administración pasada, cuya terquedad y empecinamiento en hacerle más imposible la vida al automovilista fueron su estatuto de funcionamiento.

Empecemos por cosas sencillas que están surgiendo, como bloquear carriles de muchas angostas vías arterias que precisamente funcionan en sectores de alta densidad peatonal para estacionar patinetas, a cambio de cobrarles a esos negocios una plata para que trabajen en las zonas que corresponden –o correspondían, mejor– al uso prioritario de vehículos que también pagan por utilizarlas. Como despedida de esos funcionarios, empezaron a aparecer esos mordiscos en las calles para esos estacionamientos que han tenido un rechazo unánime y, a veces, han provocado reacciones que merecen una total condena, pero que dramatizan el inútil malestar que esto causa. Por ejemplo, hay videos de taxis que aprovechan esas concentraciones de aparatos y les pasan por encima con sus carros para inutilizarlos.

No hay derecho a que con esa medida armen más trancón y les destinen a vehículos que son de andén y para vías especiales, cómodos sitios pero muy peligrosos, porque ahora sus usuarios deben actuar en plena calle rozando con los carros, separados del tráfico por unos bolardos plásticos y taches, cuando hay muchísimos lugares estúpidamente cerrados por la alcaldía anterior, como los centenares de bahías que se hicieron con plata de los ciudadanos para su servicio y ahora son zonas muertas y prohibidas para cualquier fin diferente a ser un triste monumento al capricho persecutor y ‘carrofóbico’ que nos agobió durante los últimos cuatro años desde el Palacio Liévano.

Además, de paso sería bueno conocer la extensión y las condiciones de los negocios para el suministro de esos elementos de señalización y bloqueo, que ahora pululan también en muchas vías para bajar velocidades, no siempre con la correcta ubicación, muchos hechos con materiales de poca duración y baja calidad y que también generan grandes afectaciones en el flujo de vehículos, pues por sus características físicas no son reductores de velocidad sino bloqueadores de las calles.

Al respecto, la nueva Secretaría todavía está en neutro.

Sí engranó un primer cambio al meterse con el decreto del discutible cobro por congestión que se encontró escrito pero sin ninguna implementación, lanzado a la brava, sin plataformas y sin ningún esquema operacional, solo por dejar otra página del testamento firmada y con un albacea en camisa de once varas. Ante este desorden y la posibilidad de cobrar más plata, le están modificando la vigencia, le subirán ligeramente el precio al privilegio y, ante la evidencia del desbalance social que eso genera, están disimulando con contraprestaciones de trabajos en ciclovías o siembra de árboles la compra de trancón y la contaminación que se va a generar por parte de quienes tienen la plata para evitarse la restricción. Las cuentas de la Secretaría es que habrá ¡50.000! carros pagando por no tener pico y placa. ¿Dónde los va a meter?

En ese batido caemos víctimas de la misma improvisación, pues implementar y controlar esos “servicios sociales” será un galimatías. Pensemos solamente en los carros que están a nombre de compañías. ¿Cómo y quién debe cumplir con los requisitos? ¿Habrá que andar con el certificado de constitución y gerencia en la guantera? ¿Cuánto vale implementar el ‘software’ para que las cámaras sepan quién rueda libre de pico y placa y que este funcione de manera inmediata contra el pago? ¿Cómo es el cuento de la restricción para los pick-ups de cuyo servicio dependen cantidades de trabajos y funciones de la ciudad?

¿Será que no cabe pensar que esa caja de velocidades también tiene reverso?

Hay otra perla colateral no menos neurálgica en ciernes. El concejal Emel Rojas sugirió ponerles pico y placa a las motos para incrementar la ocupación del saturado Transmilenio. Ese sería un peligroso detonante adicional para las crecientes protestas, porque el sistema está colapsado, los costos de usarlo para quien vive en la moto son un descuadre y hay muchos millares de personas que trabajan en ese vehículo y cuyas tareas no pueden hacerlas entre un bus. Si meten ese cambio, seguro le hará traquear en forma la caja al nuevo secretario de movilidad.

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