José Clopatofsky
José Clopatofsky

Les madrugó el senador

En su columna de hoy, José Clopatofsky habla sobre cómo les madrugaron a MinTransporte y la ANSV en la propuesta para actualizar el Código de Tránsito

04:14 p.m. 04 de agosto del 2020

El proyecto de ley que presentó el senador Roy Barreras sobre modificaciones a muchos aspectos del actual y obsoleto Código Nacional de Tránsito ha movido reacciones de todo tipo. Primero que todo se debe decir, no con sorpresa porque los antecedentes así lo justifican, que una iniciativa de estas debería provenir de las entidades que tienen a su cargo esta actividad en el país, o sea, el propio Ministerio del Transporte y su Agencia Nacional de Seguridad Vial. De esas entidades solamente se oye cíclicamente que están estudiando, que están consultando, que están proyectando, que ya casi, que el funcionario de turno se acaba de posesionar y se está empapando de los asuntos (van, en 4 años, 6 directores en esos remojos), que hay nuevo ministro, que la puerta giratoria no para en el viceministerio que tiene estos temas a su cargo, en fin. Lo cierto es que les madrugó el senador.

Sus argumentos sobre la seguridad vial no son cuestionables, pues todo lo que se haga en ese sentido es necesario y positivo. Pero sí se debe aprovechar el debate que viene para corregirles e incorporarles mejoras a sus ideas, que las necesitan.

Ejemplos. Propone una larga serie de requisitos para expedir los pases. Mirando las normas, no hay nada esencialmente nuevo porque los reglamentos al respecto existen y son claros. Lo viejo es que no se cumplen. Sugiere colocarles un distintivo a los carros de los novicios, lo cual es bueno y existe en todo el mundo. También restringir su escenario, pero la norma debe extenderse a las motos, con una señalización aún más visible y presente en los aparatos y los cascos y el color de chalecos de los novatos. Pero ponerlos a andar en carretera a 60 kph es un peligro para los demás y para ellos mismos, porque se convierten en obstáculos móviles. Tampoco tiene sentido que solo puedan conducir automóviles cuando hay SUV pequeñas, pick-ups y camperos de trabajo. Convendría estudiar una forma para que, gradualmente, por el tiempo de uso de la licencia puedan acceder automáticamente a rutas más exigentes por fechas, así la policía los controlaría fácilmente y las aseguradoras también para respaldarlos con la póliza adicional obligatoria que sugiere el proyecto.

Falta en ese punto algo esencial y muy incidente: que los pases para moto limiten gradualmente la cilindrada de las máquinas que puede manejar un primíparo. Acá se saca el pase sin exámenes ni experiencia acreditada y se puede salir de una vez en una moto de 200 caballos y 250 kph. Eso sí es inseguridad patrocinada por el Gobierno. No quiero decir que alguien no se pueda accidentar y hasta matar en una moto de 125 cm3, pero si se controla esto, el riesgo disminuye de manera exponencial.

¿Peajes a las motos? Se le ampolla desde ya al senador su próxima votación, porque eso afecta a ¡millones! de personas en toda suerte de aspectos, desde el transporte familiar hasta el laboral, y la protesta será tan inevitable como bajar ese artículo. Proponerlos para motos de alta cilindrada es ingenuo, pues ¿cómo va a juzgarlo una funcionaria de la caseta de peaje que de eso no conoce, cuando no es fácil hacerlo para los expertos? ¿Velocidades? No se pueden poner y bloquear los cambiantes ritmos y aceleración de un país en términos de ley porque serán difícilmente modificables en el futuro. Todo lo que diga en números, 30, 50, 60, 80, 90, 100, 120 o más kph, es especulativo y subjetivo, porque las condiciones de las rutas y la densidad de uso son variables y necesitan diferentes límites dentro de una misma vía. Bloquear el país a 30, 50 y 90 no es sensato ni lógico. Debería en cambio proponer una clasificación y categorización de las vías y carreteras, que nazca desde su diseño y se aplique a lo existente. Así, una vía A, por sus condiciones técnicas, ocupación y funcionalidad, debe tener unas velocidades superiores, digamos con un techo de 120, y zonas restringidas como las que tienen los países del mundo que cuentan con entidades de inteligencia vial.

Esas limitaciones particulares no las impone la ley, sino una agencia del Gobierno con conocimiento y autoridad, que en nuestro caso deben serlo, en conjunto, el ministerio y la ANSV, por encima de las ocurrencias de los concesionarios, de los gobernadores o de los alcaldes, que son opinadores y controladores transeúntes en estos temas, en los cuales meten mano más motivados por el recaudo de infracciones que por razones técnicas. O también abstraerlas de los funcionarios fundamentalistas que pretenden que todo se mueva a la velocidad del pedal. ¿Para qué tantas carreteras de generaciones numéricamente llamativas? ¿No son, entre muchas cosas, para bajar los tiempos de transporte y así los costos?

El proyecto, que tiene muchas consideraciones concienzudas, pasa por lo infantil en este campo, pues pretende limitar la velocidad de todo el transporte pesado y de pasajeros a 60 kph. Un bus intermunicipal a esa velocidad es el regreso al viaje a lomo de animal.

Sobre esto habrá mucho por hablar y escribir, porque hay más temas, y de fondo, por lo cual es clave que se haga un debate constructivo, positivo y progresista para el funcionamiento vial del país. Sin pasiones. Sin tantas comisiones como las que se formarán al tenor de estas discusiones. Con objetividad y sensatez.

Dos últimas reflexiones. ¿Para qué sugiere el proyecto pasar la Agencia de Seguridad Vial a ser una división de la Presidencia de la República? Cambiar esa bocelería burocrática a una jurisdicción presidencial es desautorizar al ministerio y crear más anarquía. Lo probable es que haya allí un fortín de puestos y presupuestos muy jugosos manejables a otros antojos. Eso enturbia las intenciones de la propuesta, pues termina con una dosis de politiquería que no cabe en este proceso y le genera una cortina de inseguridad al documento.

La final es de alivio personal: ya tengo tema para la próxima columna y otras más, gracias a estas “barreras” que se empiezan a mover porque hay mucho más para comentar de manera constructiva: cosas de cárcel desproporcionadas por infracciones, de laboratorios, de homologaciones, de airbags para todas las motos, etc.

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