José Clopatofsky
José Clopatofsky

Licitaciones inviables y penosas

En su columna de hoy, José Clopatofsky habla sobre las fallidas licitaciones de la actual alcaldía de Bogotá.

11:21 a.m. 15 de octubre del 2019

En menos de dos meses, a la Administración de Bogotá se le han caído licitaciones cuyos resultados deberían generar un positivo impacto para los conocidos problemas de la contaminación ambiental que producen los ancianos buses del SITP, que han sido reciclados a punta de decretos y no de tecnología. También murió, al menos en el trámite original, el proyecto del cobro de supuestos 13.501 (curiosa cifra exacta) lugares para estacionar en algunas calles capitalinas.

En el tema de los buses, la licitación perseguía encontrar proponentes para la compra y operación de 594 buses eléctricos y de 2.471 buses con estándar de emisión Euro VI. Solo una empresa retiró pliegos, pero a la hora de la oferta desapareció.

La razón esencial es que ninguna de esas dos licitaciones era viable económicamente y pretendían que alguna empresa se metiera en un negocio cuyos números no dan. En el tema de buses, los antecedentes financieros de esas operaciones son fatales –hay dos concesionarios del SITP quebrados–, a tal punto que estos proyectos están ‘a priori’ con muy mala calificación en el sector bancario, que debería financiarlos. Igual sucedió en Cali, donde la licitación para que operaran 100 buses eléctricos fracasó por parecidas razones.

Tampoco diseñaron un modelo razonable ni rentable para montar el sistema de estacionamiento pagado en las calles de Bogotá, por lo cual la licitación se hundió. La inversión que debía hacer el oferente está estimada en más de 100.000 millones de pesos, que deben estar disponibles desde el arranque del proceso, y las tarifas no daban para pagarla.

Esta licitación ya venía saltando vallas, pues la secretaría pertinente del Distrito previamente respondió más de 363 observaciones hechas por posibles oferentes entre el 2 de septiembre y el 4 de octubre pasados, cuando se publicaron los pliegos definitivos enmendados. Pero la pared final no se movió porque el proyecto es inviable como lo plantearon, y nadie quiere, ni puede, meter ese platal en ese escabroso escenario económico.

Ahora están tratando de montar licitaciones abreviadas para conseguir algún interesado en estos negocios, porque no son otra cosa, pero si el esquema no da para pagarse y generar una utilidad razonable y acorde con la inversión y el riesgo, sería muy difícil que alguien se apuntara a un proyecto que nace quebrado en el papel, según las cuentas que les hicieron los interesados y conocedores. Baste con recordar cómo el alcalde Petro, de un día para otro, bajó por decreto las tarifas de los buses y precipitó la quiebra, riesgo al cual nadie se quiere exponer en próximos mandatos.

Otro lado de la moneda lo definió la concejal Fernanda Rojas, de la Alianza Verde, quien dijo que estas licitaciones “se están haciendo a las carreras, Peñalosa quiere adjudicar en tres meses lo que no hizo en cuatro años”.

Cuando hay estos fracasos tan evidentes en las condiciones que el Distrito formula a través de sus filiales de TransMilenio y Movilidad, no se puede concluir nada diferente a que los pliegos están mal hechos, van muy lejos de la realidad y que todas esas fantasías de “tener la flota de buses eléctricos más grande de América Latina” se quedan en el papel porque pretenden realizarlas sobre bases inciertas, sobre políticas futuras, con condiciones técnicas que desembocan en una sola marca y sobre un esquema tarifario insuficiente. Como en muchas partes del mundo, al transporte público hay que meterle plata del Gobierno y subsidiarlo porque se trata de un servicio antes que de un negocio.

En este espacio, hace meses –desde cuando andaban en el debate de los nuevos buses articulados de TransMilenio, para los cuales consiguieron una buena parte de la flota con bajas emisiones, con motores dedicados a gas, pero gracias a que el proveedor de este combustible puso las estaciones por su cuenta–, hemos comentado sobre la evidente gran dificultad que se le atraviesa a la ambición explicable y obligatoria de los gobernantes de turno para conseguir quien se monte en esos proyectos multimillonarios sin arriesgar nada de su parte.

También, sobre el asunto de estacionar en las calles, dijimos que si estaban identificados esos 13.000 y pico de lugares viables, es por dos razones: porque existen sin afectar la movilidad y porque habría usuarios inmediatos para ocuparlos. Pero como lo esencial para esta alcaldía es la plata y el ordeño al automovilista, no los autorizan si no pueden cobrarlos, confundiendo la esencia de una política positiva que consiste en priorizar el servicio sobre la alcabala que para esta administración carrofóbica es la esencia de sus proyectos: que quien se mueve en más de cuatro ruedas pague por todo y poco o nada reciba.

Otros daticos: también fracasó la licitación para la construcción y operación del Bronx Distrito Creativo por falta de proponentes. Y la de semaforización la metieron a la brava, a pesar de que la Contraloría suspendió al secretario de Movilidad de la ciudad por su proceder y ahora opera bajo el amparo de las apelaciones a las cuales tiene derecho.

Pero no hay derecho para que esas licitaciones las diseñen tan mal y se pierdan años para introducir cambios que la ciudad necesita. Es penoso que todas esas entidades de Bogotá lancen proyectos de estos calibres, necesidad e impacto que están mal planeados, y peor calculados.

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