José Clopatofsky
José Clopatofsky

Un nuevo idioma

En su columna de la más reciente Revista Motor, José Clopatofsky habla sobre el "nuevo idioma" de los carros que imponen los híbridos y eléctricos.

04:24 p. m. 18 de mayo del 2021

Es propio y necesario en las tecnologías conseguirle nombre a cada uno de sus sistemas y avances en los cuales se mezclan muchas veces las palabras técnicas exactas con las siglas del mercadeo de los productos, luego de lo cual resulta un alfabeto que la gente usuaria del automóvil no capta a primera vista ni lectura.

A raíz de todo esto, el diccionario del automóvil está migrando hacia el mundo de las abreviaturas y los códigos. Ya hay varios puntos confusos como los nombres y las referencias de los aceites, la larga enumeración que clasifica las llantas o los enigmáticos nombres de las plataformas sobre las cuales arman decenas de modelos.

Ahora nos llega otra ola de códigos con la aparición de los carros electrificados, cuyas especialidades y aplicaciones son muy distintas, pero para entender de qué nos hablan hay que recurrir al inglés y a las traducciones.

Existen los carros puros eléctricos, que andan solo con baterías y se deben recargar periódicamente. Su tipología no debería necesitar más definiciones, pero si entra a un catálogo debe saber que le aparecerán como BEV (Battery Electric Vehicle), algo redundante, porque sería más fácil clasificarlos como EV, y al inverso en castellano.

Luego viene el mundo de los híbridos, donde cohabitan varios primos hermanos. Esos vehículos mezclan el tradicional motor de combustión con motores o ayudas eléctricas en diversas maneras y proporciones. La razón de ser de estos sistemas duales intermedios es generar menos emisiones y aligerar la cuota de carbono que va a la atmósfera. En el tráfico suave y lento, siempre andan con la electricidad y luego, cuando hay mayor exigencia, se mezclan las dos maquinarias para dar un gran caballaje sin necesidad de recurrir a cilindradas importantes en el motor tradicional.

Existen los PHEV (?), Plug In Hybrid Vehicles, que tienen dos motores, uno de pila y otro térmico. Como en todos estos carros electroasistidos, en los PHEV la batería se recarga recuperando energía de los frenos, pero cuando esto no es suficiente se deben enchufar a una red eléctrica doméstica o a cargadores especiales públicos. Un buen híbrido “purasangre” debe ser capaz de caminar más de cincuenta kilómetros con solo baterías. Y a buena velocidad; a 80, por ejemplo. Si se les acaba la batería siguen funcionando en gasolina, lo cual descarta el tema de la autonomía y el pavor de la varada.

Enseguida están los HEV (?, otra vez). Son Hybrid Electric Vehicles, menos eficientes. Tienen también dos motores, pero sus baterías se recargan solo por el aporte del frenado y no se pueden completar enchufándolos. Ayudan al motor básico en las arrancadas y tienen muy poco rango y velocidad con solo electricidad. Existen los “Mild”, que son apenas para cumplir con la clasificación porque no tienen motor eléctrico, sino una batería que mejora la aceleración, acerca de los cuales hay muchas reservas en los organismos de homologación, pues es incierto el tiempo durante el cual andan sin emitir sus malos gases y las proporciones de estos.

En Colombia, todos entran en la misma canasta de exenciones tributarias establecidas en dos leyes, mientras no se le ocurra otra cosa al Congreso, tal como lo pretendía la reforma Carrasquilla. No pagan aranceles de importación, por lo cual, dependiendo del origen, tienen un descuento importante con respecto a los que provienen de países sin TLC. En la realidad, la mayoría de las marcas no se beneficia de esto porque hoy solo pocos países, entre ellos Japón, no están en el rubro de los subsidiados y el asunto es más papel que estímulo real en el precio al público.

El IVA es del 19 por ciento para los carros, pero los “verdes” solo pagan el 5 por ciento, lo cual sí genera una deducción importante, sobre todo para los eléctricos puros, cuyo precio final es muy elevado por el costo de sus baterías, que ya no son pilas transitorias.

Hay otras arandelas como que no tienen pico y placa, para lo cual deberíamos generar otra sigla, NPP, que es de momento uno de los ganchos de venta por encima del beneficio ecológico, y están exentos de quedarse estacionados en el inútil día sin carro. También los impuestos de tenencia anuales —que llaman de rodamiento— son ligeramente más bajos.

Entendido este idioma, hay que analizar bien la oferta y la aplicación que se quiere del vehículo, pero siempre debería predominar en el comprador su compromiso con el medio ambiente, porque si su filosofía es manejar con zapatos verdes, mientras más puro sea su vehículo, más se lo agradecerá la colombianidad, tan maltratada por estos días. El orden de los beneficios queda explicado.

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