José Clopatofsky
José Clopatofsky

Pagando, no es pecado

En su columna de la más reciente revista Motor, José Clopatofsky habla sobre cómo el recaudo parece el eje de la política de movilidad de Bogotá.

04:31 p. m. 02 de noviembre del 2021

El asunto del parqueo en las vías parece salir del estacionamiento administrativo en el cual llevaba mucho tiempo, carburado a punta de anuncios y plazos incumplidos. Es una buena medida, siempre y cuando se aplique en adecuados sitios, usando calles anchas y funcionales antes que hacerlo convirtiendo en embudos de una vía las rutas de alto tráfico, que es precisamente lo que se trata de evitar con los carros abusivamente estacionados de hoy. Aunque ahora serán muy bien vistos porque están pagando por lo que antes era prohibido y de un día para otro el pecado se convirtió en virtud, pues producen plata. Así es el eje de la política de movilidad de Bogotá.

Es el mismo cuento del pico y placa comprable, con lo cual se pasan por la faja las críticas de ocupación de espacio, velocidad del tránsito, contaminación y tantos vicios que las autoridades ‘anticarro’ condenan, pero bendicen al mismo tiempo porque el concepto alcabalero prima sobre cualquier otro.

En fin, veremos cómo se desenvuelve y organizan el parqueo consentido que, como alguna vez lo escribimos, no responde a ningún criterio de servicio a la comunidad, como debía ser su premisa y por lo cual se ha debido permitir hace mucho tiempo por las necesidades evidentes de que exista, y no supeditarlo a que solamente funcionara cuando haya pago de por medio.

Y ya que están sembrando a Bogotá de conos, rayas y taches disparados como perdigones que caen en muchos sitios innecesarios e inexplicables, pienso que es el momento obligado para que se rehabiliten todas las bahías que fueron “bolardizadas” desde una famosa administración que la emprendió contra los carros. Si las aprobaron muchos años atrás en los diseños viales porque se consideraban útiles y funcionales, es más que necesario restituirlas ahora cuando estacionar es bien visto y facturable.

De paso, se ahorraría mucha plata en todos esos elementos de señalización, que deben surtir millonarios contratos de los cuales sería bueno conocer los detalles y garantías, porque no todos son de buena calidad, generan accidentes y bastantes se encuentran en sitios inexplicables. También cabe preguntar nuevamente sobre quién va a responder por el detrimento patrimonial que debieron generar los corrales que se hicieron para las patinetas en vías principales y que hoy son otro estorbo adicional para la movilidad. Por lo menos, debían quitar esos escombros, testimonios de una decisión tomada sin planeación ni responsabilidad.

Ahora, una noticia hipotética. Podríamos estar cerca a tener noches sin motos en Bogotá si se sigue el ejemplo de Medellín, donde un club de esos usuarios está haciendo brigadas voluntarias nocturnas para tapar huecos por su cuenta y evitar las trampas mortales que encuentran. Si eso es en Medellín, la ciudad cuyas calles parecen alfombradas, imagínense la tarea que les espera a estos voluntarios si acometen la tarea en Bogotá. Hace poco la Alcaldía dijo que han tapado más de 170.000 huecos en este año. ¡Cómo estarán de desbaratadas y abandonadas las vías que esta labor no se nota!

Por lo tanto, no es extraño que la idea inicial la tuviera un club bogotano, aunque -como siempre sucede en temas cívicos- los paisas sí la pusieron en marcha y al poco tiempo todas las autoridades de Medellín se unieron para colaborarles en la extinción de las trampas mortales y descargar de alguna forma la conciencia.

Para cerrar, las lecturas iniciales del proyecto del POT, tan confuso como técnico, son más que desalentadoras para la movilidad de los automóviles. Pero será tema de otra columna mientras dejamos flotando la pregunta sobre en qué andará el proyecto de la autopista del Norte elevada con el cual nos endulzaron el oído hace unos meses, como si con eso justificaran el caos de esa vía, cuyos tamaño, estado y desamparo son una vergüenza para cualquier alcalde y sus agencias. Y ni hablar de la propuesta de tumbar los puentes peatonales que mucha plata han costado y muertes evitado. Puede ser que necesiten ascensores o rampas mejores o cualquier actualización, pero botarlos a la caneca es un despropósito en todos los aspectos, porque se pondría de nuevo en riesgo a los peatones en medio de los carros.

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