José Clopatofsky
José Clopatofsky

Patinetas entre los carros

“Si el proyecto se firma, las estaciones para prestar estos servicios de transporte se ubicarían sobre las calzadas vehiculares”

01:37 p.m. 30 de abril del 2019

“Si el proyecto de resolución que prepara la Secretaría de Movilidad, sobre aprovechamiento del espacio público para alquiler de bicicletas y patinetas eléctricas, se firma tal como está planteado hoy, las estaciones para prestar estos servicios de transporte se ubicarían sobre las calzadas vehiculares”: Esto lo leí en EL TIEMPO en una reciente edición de su sección dedicada a la capital. Probablemente, los colosales aguaceros de Semana Santa y los días feriados que hubo que pasar bajo techo en muchas partes de la ciudad y el país mimetizaron el alcance de esta propuesta que nace de la poco apreciada Secretaría de Movilidad de la administración bogotana.

El asunto de las patinetas eléctricas se ha convertido en un problema mayor en grandes ciudades, especialmente europeas, porque no hay legislaciones al respecto, ya que el aparatico cambió súbitamente del estatus de juguete al de actor en las vías. En España, el tema pasó a mayores porque desbordó el aspecto lúdico y también el de ser solución de movilidad puntual en algunas zonas, porque las patinetas han aparecido en grandes avenidas metidas entre el tráfico, muchas veces en manos de niños y jovencitos impetuosos y hasta en las autopistas de alta velocidad. Ya hay muertos. Menos mal, acá este último escenario no existe porque nuestra atribulada Bogotá es un embudo automotor, al cual la autoridad de la supuesta movilidad colabora diariamente tapando carriles con bolardos plásticos o cerrándolos sin razones técnicas, salvo si su ‘autofobia’ se clasifica en ese nivel.

Es claro que las patinetas eléctricas son una gran solución puntual para el peatón que requiere un vehículo ocasional pero no accede al automóvil y lo espanta la mala calidad del servicio público de Bogotá. Las ingeniosas aplicaciones que permiten alquilarlas por teléfono, recogerlas o botarlas donde se le ocurra al usuario o donde se le acabe la batería y moverse así sin limitaciones de estacionamientos y a un precio muy bajo, son una novedad y solución ingeniosa cuyas bondades se traducen en su auge.

Pero organicemos el asunto y de una manera lógica. Primero, como no existen normas de ningún tipo al respecto, hay que crearlas con condiciones de edad, idoneidad, habilidad física y conocimiento de las reglas del tránsito si pisan la calle y –lo esencial– su convivencia con las rutas peatonales, en las cuales alternan con niños, ancianos y hasta mascotas que no tienen las necesarias reacciones acrobáticas para que no los atropellen. Asimismo, es clave que haya un seguro de responsabilidad civil para cubrir posibles daños a terceros, ya que la víctima queda indefensa en un andén, y también quien tenga la mala suerte de causar un accidente, con o sin culpa, debe tener un amparo real y eficaz y no una póliza genérica de la compañía alquiladora, que seguramente cubre a la empresa de probables demandas, pero no a los conductores de sus aparatos en la misma proporción.

Un SOAT a la cédula se impone cada vez con más urgencia para todo tipo de personas que conduzcan cualquier vehículo, escalonado en precios en los niveles de las licencias de conducción es lo que debe existir, y no lo que tenemos aplicado a los vehículos a unos precios irracionales y sin lógica cuando los fierros no tienen ninguna responsabilidad por el uso que les den. Claro, con esta propuesta las aseguradoras saldrán como perros galgos a cazar la liebre de sus ingresos, pero si eso se hace bien, resulta que hay más cédulas que carros si se analiza la cantidad potencial de seguros, y así se les da a TODOS los ciudadanos, de a pie o en ruedas, un amparo correcto en estas malas circunstancias.

Ahora bien, retomando el comienzo de este tema, nada más absurdo –aunque a esas medidas y salidas ya estamos acostumbrados en la actual gestión de la ciudad– que sugerir que las estaciones de alquiler y estacionamiento de patinetas y bicicletas estén sobre las calles. Es decir, poner a todos los transeúntes que llegan a pie a solicitar el servicio a hacer las gestiones de papeles y pagos en el carril de los buses, en la ruta del atropello y en el corazón de un nuevo agente de trancones.

Dice el proyecto de esa resolución –que menos mal está en estado embrionario, pero desnuda toda la intención de seguirle haciendo estorbo al ciudadano automovilista– que “andenes, plazoletas, parques, puentes peatonales y todo espacio público para los peatones quedaría prohibido para parquear los mencionados vehículos”. O sea, ¿los andenes son espacio público pero las calles no porque son para los carros?

Claro, viene el peaje adjunto: proponen licitar el uso y el precio de esas bahías en las calles, con lo cual hay un ingreso para la ciudad y le exige al negociante de las patinetas o ciclas pagar por la ocupación del espacio público. Eso es correcto, pero ¿por qué no se hace en estacionamientos públicos, en sitios propios del Distrito, en las bahías que absurdamente clausuraron en muchas partes sin necesidad, en espacios donde esta actividad comercial funcione armónicamente con la pobre infraestructura peatonal?

“Las patinetas son para viajes cortos de hasta tres kilómetros y ponen al usuario a caminar 200 o 300 metros para encontrar una, y luego 300 metros para que la lleve a un cajón de entregas, la gente no va a utilizar el servicio, prefiere tomar otro medio de transporte (motorizado)”, comentaron en Muvo, la empresa que opera en Bogotá el “primer Sistema de Patinetas y Bicicletas Eléctricas Compartidas de Latinoamérica”, según reza su página web.

El debate está abierto.

FRASE
"Si el proyecto de resolución que prepara la Secretaría de Movilidad, sobre aprovechamiento del espacio público para alquiler de bicicletas y patinetas eléctricas, se firma tal como está planteado hoy, las estaciones para prestar estos servicios de transporte se ubicarían sobre las calzadas vehiculares”.

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