José Clopatofsky
José Clopatofsky

Viene un semestre muy complicado

En su columna de hoy, José Clopatofsky habla sobre el sombrío panorama que le espera al sector automotor en Colombia en lo que resta del año.

10:10 a.m. 24 de junio del 2020

El ritmo del sector del automóvil comienza a recuperarse lentamente después del paro casi total de abril, cuando se matricularon apenas 217 unidades nuevas, y ahora aborda la segunda parte del año cargado de esperanzas, pero con igual dosis de incertidumbres. Que no se calibran solo mirando las ventas de carros, que son el único indicador aritmético comprobable por el número de matrículas, sino también por su impacto en el enorme universo de servicios de talleres, repuestos, insumos industriales, actividad financiera y de seguros, combustibles y lubricantes, transporte de público y de carga, ventas de usados, mecánica informal, peajes y muchos más que suman fortunas en pesos y son realidades que han aportado significativamente al creciente porcentaje del desempleo que se está viendo.

En cuanto se reabrieron algunas operaciones y el Gobierno soportó los trámites, cuyo represamiento dio lugar a unas cifras relativamente optimistas en mayo, cuando aparecieron 8.933 matrículas, de las cuales 8.600 eran papeles colgados desde abril, se notó un alivio, pero eso no quiere decir que los próximos seis meses vayan a pasar sin la ayuda de respiradores adicionales.

Los analistas, que no son quienes venden los carros y sienten en su bolsillo el peso de los egresos e ingresos, consideran que si las cosas caminan decentemente se podrían vender unas 170.000 a 180.000 unidades al cerrar este horroroso 2020. Es un descenso de cerca de 80.000 vehículos comparado con lo logrado el año pasado.

Al cierre de mayo, la “industria”, como se le llama al sector, aunque apenas un 23,5 por ciento de ese resultado es oriundo de las ensambladoras y el resto proviene del comercio de importados, llevaba 60.414 carros vendidos, que representan un retroceso del 37,5 por ciento, que es la cifra roja que se espera diluir en alguna proporción. Las motos también están pagando el pato, pues sus ventas decaen un 33 por ciento y “apenas” van en 166.362, y también se nota el represamiento en todos los usados, porque los traspasos decrecieron un 40 por ciento en carros y un 35 por ciento en las motos.

Nada de esto es sorpresa. Ahora lo intrigante está enfrente. Se habla de un probable rebrote del virus, lo cual puede llevar a nuevos confinamientos y restricciones que se sumarían al pánico colectivo que veamos en agosto o septiembre, cuando las cifras de contagios y muertes van a ser enormes.

Ese ambiente que se vive detrás de un tapabocas empaña las perspectivas. No es noticia tampoco afirmar que las economías personal y empresarial están en una grave flacura, por lo cual la masa compradora mide sus gastos, reduce sus compromisos y se concentra en necesidades más vitales que comprar un automóvil.

Los bancos también juegan un papel esencial en la aceleración y van a empezar a salir cantidades de ofertas postvirus con financiaciones para empezar a pagar el año entrante o en el 2022, cuando crean que la clientela esté respirando con su confianza normal o haya recuperado su lesionado estado pulmonar. Pero así como van a irrigar esos créditos con ventajas atractivas, también van a ser más rigurosos en mirar a quién y cómo le prestan plata sabiendo que la capacidad de pago ya no está en la misma zona de seguridad y tiende al riesgo.

Total, así como en el mundo entero las cifras han agotado la tinta roja al escribir balances, acá no estamos lejos, si bien no lindamos con la catástrofe de otros países pudientes donde las fábricas ocupan directamente a millones de personas y el desempleo es rampante. Esos gobiernos están estudiando bonos y subsidios para estimular la compra de vehículos a cambio de chatarrizar el parque obsoleto en cuantías muy importantes. Por ejemplo, subsidiarían con 8.000 dólares por unidad en Inglaterra y sumas parecidas en España y Francia, para evitar colapsos empresariales. Acá estamos a años luz de pensar en esas ayudas, porque la poca plata del Gobierno se debe ir a otras prioridades hoy, mañana y pasado y en muchos años por venir.

Pensamos de manera liviana y optimista que todo el rollo de la recesión se neutralizaría con abrir las vitrinas. Pero no es tan claro que las puertas van a girar rápidamente, porque una cosa es poner en marcha la operación, que no estuvo del todo muerta por los recursos del Internet y la virtualidad, y otra es lograr que haya la asistencia masiva o al menos racional de compradores de carros nuevos, cuya cantidad y predisposición son la gran duda en la cual nos moveremos en los próximos meses, persiguiendo resultados que ojalá sean un eficaz analgésico para estos malos momentos.

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