José Clopatofsky
José Clopatofsky

Siete años más de tapón en el norte

José Clopatofskly trata sobre el anuncio de la Agencia Nacional de Infraestructura de ampliar la Autopista y la carrera Séptima, obras que tardarán.

03:36 p. m. 17 de noviembre del 2020

Después de años y años de quejas y reclamos, más que justificados, por fin parece que al menos la entrada por el norte a Bogotá será una vía proporcional a la densidad del tráfico que acoge hoy, entre huecos, inundaciones, bermas sin terminar, carriles sin señales y todos los obstáculos posibles propios de una carretera de quinta categoría.

Nos incumbe el anuncio que hizo la Agencia Nacional de Infraestructura, según el cual el Gobierno definió los 12 proyectos viales que hará con la modalidad de concesiones 5G, que son “iniciativas multimodales de asociaciones público-privadas, estructuradas y ejecutadas sobre bases de sostenibilidad institucional, financiera, social y ambiental”.

Suena impecable para los bogotanos porque dentro de esas 12 obras están incluidas la ampliación de la autopista del norte y de la carrera Séptima, pero ahora sí dentro del perímetro capitalino.

El tema viene en serio. Van a levantar la “autopista”, cosa que se ha propuesto hace décadas, pues estaba claro desde el principio que no iban a pavimentar el humedal de Torca –ya partido en dos– y a espantar toda la fauna, matas y aguas del lugar, además de “lagartos, culebras sabaneras y ranas verdes”, según explica la página oficial http://www.ambientebogota.gov.co. Calificativos que han hecho tránsito para describir pintorescamente el perfil de muchas personas igualmente valiosas para el ecosistema “rolo”. No podemos acabarlos.

Harán seis puentes, cada uno de 40 metros de largo –media cuadra– con cinco carriles, además de las zonas para bicicletas, hechas técnicamente y no regando conos y maletines. La obra conecta la parte ancha que ya existe desde la calle 193 hasta la 245, que suma los 5,8 kilómetros del actual tapón.

Otra dosis de felicidad: la Séptima entre las calles 200 y 245 tendrá una segunda calzada con ciclovías correctas y demás servicios de movilidad y servirá como alterna para poder entrar y salir de esta ciudad, que hoy está en condición feudal por los cuatro puntos cardinales.

Pero… esto no es algo que veremos en breve, porque todos los largos procesos administrativos, de estudios, de financiación, de prediseños, de hibernación en el Ministerio de Hacienda, del ping-pong entre los alcaldes que hay y que llegarán tomará un largo tiempo, con el riesgo de que a alguno de los futuros burgomaestres no le guste, lo prefiera subterráneo o lo eche para atrás.

La capilla es larga porque estas obras “estarían” listas apenas en el 2027, si es que por el camino no se atraviesan todos los obstáculos y vicios ya conocidos. La concepción y el desarrollo de las concesiones 5G suponen haber subsanado todas estas posibles falencias y desórdenes, pasos que seguramente son parte de estos siete años más de trancón que nos esperan, agravados por el hecho de que las obras físicas no serán propiamente rutas expeditas.

No sé si en el resto del mundo estos procesos son también casi infinitos. No parece. Basta con recordar los grandes terremotos y tsunamis que han sucedido en muchas partes y ver que en poco tiempo tienen todo nuevamente en pie, y son daños mucho más extensos y severos que el trabajo elemental que estas obras implican.

Como todo esto ya no es legalmente modificable, nos toca esperar, y nada menos que siete años, plazo en papeles aún, para ver una obra que, además, tiene por lo menos 20 años más de atraso, porque no es un capricho ni orgullo del mobiliario de la capital, sino una necesidad nacional.

En fin. Por ahora, todo el cemento que la ciudad necesita es puro papel. Veremos si a medida que vayan poniendo firmas y sellos esto sí se mueve y le aparecen constructores, si la licitación es razonable.

Punto aparte. La Calle 13 de Bogotá es una vergüenza, ahora colapsada con las ciclovías, que bien podrían haberse hecho en las bermas enormes que hay y son tierra de nadie. O más bien, de talleres, parqueaderos, negocios callejeros, basuras y desechos de todo tipo. Ni siquiera tiene andenes. Manifestaciones y protestas de los ciudadanos vecinos y de los usuarios ya han brotado con justa razón, y seguirán apareciendo.

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