José Clopatofsky
José Clopatofsky

Un título merecido: Bogotá capital de la muerte para ciclistas

En esta columna, el director de revista Motor, José Clopafofsky, se refiere al artículo que se publicó en el periódico londinense The Guardian.

04:54 p. m. 03 de noviembre del 2020

Tiene toda la razón el colega Joe Parkin Daniels, quien desde Bogotá escribió un crudo, pero real artículo en el muy influyente periódico inglés The Guardian, “‘Cycling capital of death’: Bogotá bikers battle violence on city’s streets”, es decir, que la ciudad –que juzga como caótica– es “la capital de la muerte para los ciclistas”.

Se refiere esencialmente a la inseguridad campante que hay en toda la ciudad y que ha sumado nuevos indicadores con los robos de las bicicletas, muchos de estos acompañados de lesiones personales y, muy desafortunadamente, con la muerte de personas para quitarles un aparato que la mayoría de las veces no tiene un valor material importante, pero sí puede ser su sustento.

Porque quienes tienen ciclas finas no las asoman sin enemil precauciones. No por cuidar la bici, sino el pellejo. El peligro que acecha a los miles de personas que se mueven en bicicleta es latente en cualquier sitio y es peor al caer la noche, cuando regresan a su casa muchos de los indefensos ilusionados por cambiar de transporte o que han optado por la cicla para evitar el covid-19 en el mediocre transporte público.

También, muchos animados por hacer verdad el falso cuento de que Bogotá es la capital mundial de la bicicleta. No voy a plantear el tema de la vigilancia. Hay un déficit colosal de policía y un exceso creciente de delincuencia, aumentado por la migración, la falta de trabajo y la impunidad.

Eso lo calibran con una frialdad increíble, a punta de estadísticas de muertes y con cierta alegría porque no hubo 100, sino 80 asesinados por robarles la bicicleta, cuando una sola víctima ya es un indicador escandaloso.

El colega inglés navega rápidamente el escenario y se refiere a las víctimas mortales, pero también hay un entorno que propicia otros de estos insucesos. Por ejemplo: ¿Qué identificación comprobable tiene una bicicleta como para que un robo pueda ser rastreable, usada como evidencia y ser sujeto de un seguimiento por parte de la policía? Ninguna. O si existe, oriunda de negocios serios, no está validada ante las autoridades.

En el 2016, el Gobierno promulgó una elocuente ley, la 1811, “por la cual se otorgan incentivos para promover el uso de la bicicleta en el territorio nacional y se modifica el Código Nacional de Tránsito”. Dice en algunos puntos: “Cuando circulen en horas nocturnas, deben llevar dispositivos en la parte delantera que proyecten luz blanca, y en la parte trasera que reflecte luz roja”.
¿Alguna vez se cumple, vigila o sanciona por parte de la policía?

“No podrán llevar acompañante excepto mediante el uso de dispositivos diseñados especialmente para él o ni transportar objetos que disminuyan la visibilidad o que impidan un tránsito seguro”.

Vemos pasar muebles, herramientas, familias y muchas cargas inverosímiles en dos ruedas (incluyo las motos). Si el ciclista atropella a alguien, nadie responde. Si se cae y tiene un percance por esta causa con un automóvil, este conductor queda metido en la grande, eventualmente sin culpa. ¿Hay control o proporcionalidad?

Ordena “que se establezca una relación e identidad entre el conocimiento teórico sobre las normas de tránsito y el comportamiento en la vía; y que se impulsen y apoyen campañas formativas e informativas sobre el uso de la bicicleta como medio de transporte en todo el territorio nacional”. Pasan todos en blanco.

Dice que “el Gobierno nacional reglamentará la obligatoriedad, las características técnicas y los materiales de los cascos para biciusuarios antes de tres (3) meses después de promulgada esta ley”. Si así fuera, por lo menos un 80 por ciento de los ciclistas estaría multado o sancionado. No sé del primer caso.

Empecemos al menos por esta parte de la seguridad elemental de las personas que usamos las vías y los andenes. ¿Alguna vez han controlado una contravía de una cicla? ¿Pueden andar a su libre albedrío por cualquier parte? ¿No tienen responsabilidades con todo el entorno en el cual se mueven?

La ley nos exime de escribirlo cuando dice: “El Gobierno nacional incluirá dentro del Plan Nacional de Seguridad Vial las medidas necesarias que permitan incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte en el territorio nacional, de un modo responsable y de respeto a todos los usuarios de los medios de transporte”.

Pero nos obliga a preguntar ¿qué se ha hecho seriamente al respecto? No es inmerecido ni desproporcionado el título de The Guardian. Qué pesar.

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