José Clopatofsky
José Clopatofsky

Turbos contra la pandemia

En su columna de hoy, José Clopatofsky habla sobre cómo marcas rivales en la F1 unieron sus equipos de trabajo para ayudar a salvar vidas.

03:38 p.m. 07 de julio del 2020

Una cosa tienen en común los motores de los automóviles y las personas: ninguno de los dos funciona sin aire, que es la materia prima para su supervivencia. Los motores son máquinas para quemar aire, y los humanos lo necesitamos para oxigenar la sangre en los pulmones, que se encargan de toda la tarea. En las máquinas debemos agregar combustible para que el aire se inflame y se genere una energía. Al final de las cuentas, sin respirar, no funcionamos ni encienden las máquinas de combustión interna, que en cierta forma replican el funcionamiento de los seres.

La historia va a que en los últimos 100 días, el mundo cambió y posiblemente para siempre. La necesidad de igualdad para todas las razas, religiones y orientaciones saltó como un elemento que requiere inmediata atención. Y se agregó la pandemia que mutó todas las prioridades y los sistemas de vida y trabajo.

La industria del automóvil paró y en muchas factorías se dedicaron a diseñar y hacer los respiradores artificiales, que son la herramienta final para salvar las vidas de los infectados con el covid-19. La urgencia y la solidaridad se conjugaron para que marcas rivales y altamente competitivas en el mundo de las carreras, y concretamente en la Fórmula 1, unieran sus saberes, recursos, procesos de fabricación acelerados y perfectos, coordinados por ingenieros del más alto nivel para diseñar y fabricar los esenciales ventiladores de la más alta calidad y precisión para aportarlos a la inmensa cantidad de centros médicos que los requieren en el mundo entero.

Rivales encarnados entre viernes y domingos de los fines de semana de carreras, en el resto de estos tiempos se integraron abiertamente para hacer estos aparatos. Renault y Red Bull se aplicaron al diseño, manufactura e implementación de la electrónica y los sistemas de control. Los equipos de Mercedes y Haas se hicieron cargo de la mecatrónica y de hacer los equipos de prueba. McLaren, con la división de tecnologías aplicadas, fabricó los prototipos y la impresión de los circuitos de los sistemas. Para todo, cada grupo usó intensamente sus impresoras de tres dimensiones que entregaron en tiempo récord todas las piezas de los prototipos.

El código proyecto se llama MAKAIR y ya está en las pruebas clínicas para que lo validen. Una vez pase los protocolos viene una producción industrial, y cuando salga al público el respirador tendrá el nombre de RE20, que es el mismo del motor de los últimos F1 de Renault. Generosamente, todos los diseños se liberarán para que otras firmas los utilicen para fabricar más ventiladores, y tienen la libertad de utilizar gratuitamente los 11 diseños que fueron patentados en el proceso.

El asunto no paró ahí. Los poderosos computadores de esos equipos de la F1 permitieron adelantar esta tarea en un par de meses en lugar de dos años, que suele ser el tiempo necesario para pensar y hacer estas máquinas. Pusieron a pensar sus sistemas CFD (Computational Fluid Dynamics), con los cuales estudian la aerodinámica de los carros y optimizan la llegada del aire a los pulmones del motor impulsado por el turbocargador, que es lo mismo –guardadas proporciones– que el respirador hará en las personas.

Gracias también a estas simulaciones desarrollaron un aerosol que se dispersa de manera controlada, como el aire en los motores de competencia, entre los pacientes y los médicos para evitar los contagios cuando hacen intubaciones y están en contacto con el virus. Es como una pared nebulosa que les permite a los médicos intervenir sin peligro de contagios.

Finalmente, el equipo, llamado oficialmente Renault DP World F1 Team, que puso a 70 de sus funcionarios como probadores de estos nuevos aparatos, y conocedor de la necesidad de hablar entre sí en el entorno de alto ruido de las carreras, desarrolló los Covicoms, que son unos amplificadores de voz para los médicos, que detrás de sus vestidos, tapabocas y caretas quedan prácticamente aislados de sus colegas en las intervenciones.

Ya en un campo más práctico, esta colmena de ingenieros también diseñó los carros o trolleys para mover los respiradores en las clínicas con facilidad, rapidez y sin daños a los aparatos.

Como se ve, en estos trabajos, que son solo algunos de los muchos que se han adelantado en el mundo, la pandemia ha generado un entorno diferente de colaboración abierta entre personas, empresas, gobiernos y naciones de todos los géneros en una tarea común de salvar vidas sin distingos.

Para agregar un mensaje a estos procesos de igualdad, los carros de competencia Mercedes no serán las flechas de plata, porque ahora corren pintados en negro en solidaridad con los movimientos que combaten las diferencias raciales, que han sido el otro brote de estos tiempos.

Ojalá todos estos esfuerzos le dejen lecciones –así sean dolorosas– y mejores aires a la humanidad para sus tiempos venideros.

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